Diana Velázquez, feminicidio marcado por #NegligenciaCriminal en Chimalhuacán, Edomex

Por Paco Dorado

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Diana tenía 24 años y le gustaba leer, era muy inteligente, asegura su mamá, la señora Lidia Florencio; se la pasaba leyendo y yendo a museos. No le gustaba tomarse fotografías y le encantaba escuchar música a alto volumen, a veces tenían problemas. Disfrutaba mucho de recorrer la Marcha del Orgullo LGBTTTI, en la última terminó empapada, porque ese día siempre llueve, y llegó a su casa terriblemente cansada. Amaba a su mamá, le gustaba acompañarla para que no estuviera sola en su casa. La pasada madrugada del 2 de julio, después de una discusión con ella, se salió de su casa con rumbo desconocido en el municipio de Chimalhuacán, Estado de México, y ya nunca volvió.

Eran las dos de la mañana cuando Diana se fue; su mamá comenzó a llamarle a su teléfono en repetidas ocasiones, pero no le contestó; sonó varias veces hasta que después de una hora Diana respondió y le dijo que ya iba de regreso a casa. Al inicio y con esa llamada, la señora Lidia se quedó tranquila esperando a que su hija regresara, pero pasaron los minutos y las horas sin verla llegar.

En la espera se dieron las ocho o las nueve de la mañana. En medio de la desesperación, la señora Lidia acudió con Laura, su hija mayor, a la Procuraduría de Chimalhuacán para levantar el acta de desaparición de Diana, pero el personal del lugar se negó a realizar el trámite, pues le dijeron que todavía no pasaba el tiempo necesario para reportar la desaparición de una persona, que debían esperar al menos 72 horas para levantar el acta.

Se regresaron a su casa, y junto con su familia continuaron la búsqueda de la joven por sus propios medios. Fueron a hospitales y a la comandancia; anduvieron por las calles que pensaban que Diana había recorrido en su camino, incluso preguntaron en hoteles de la zona y llamaron a Locatel, todo esto sin una noticia de su paradero.

No perdieron la esperanza y continuaron llamando al celular de Diana sin que la llamada pudiera entrar, el teléfono estaba apagado. Fue alrededor de las cinco de la tarde cuando recibieron respuesta a una de todas esas llamadas que por fin entraba al teléfono; contestó la voz de una señora desconocida y al cuestionarle sobre Diana, la señora de la voz les dijo que ella no sabía nada, pues había comprado el celular esa misma tarde en un tianguis del municipio vecino, San Vicente, Chicoloapan, también del Estado de México.

Con esa información volvieron a la Procuraduría y solamente así fue como los funcionarios públicos les quisieron levan el acta. La persona que le estaba tomando los datos a la señora Lidia le pidió que saliera de la oficina para quedarse a solas con su hija Laura, a ella le tomaría la declaración y cuando terminara le llamaría para que solamente firmara. La señora se salió, y al finalizar, siguieron con la búsqueda de Diana.

Así pasaron cinco días, desde el domingo, lunes, martes, miércoles y hasta el jueves por la tarde, mientras el papá de Diana y Laura, su hermana, seguían buscando información sobre su paradero en la Fiscalía de Nezahualcóyotl, a Laura se le ocurrió preguntar en el Servicio Médico Forense (SEMEFO) de ese municipio; le dijeron que tenían a una mujer joven. Le mostraron las fotografías en la computadora, pero debido al estado de descomposición en que se encontraba el cuerpo, no le fue posible identificarla, Así que la pasaron al área para que pudiera ver el cuerpo personalmente.

La tenían en el piso, completamente desnuda y en tal estado de descomposición, que no fue capaz de reconocerla a simple vista, tuvo que fijarse en las “trencitas” con las a su hermana le gustaba peinarse regularmente, para entender que sí, se trataba de Diana. En ese momento a Laura se le vinieron muchas preguntas a la cabeza, ¿por qué no les habían avisado antes?

Al indagar en los reportes policiales del hallazgo del cuerpo se enteraron que Diana fue localizada por unos policías de seguridad pública el mismo domingo que desapareció, tan solo cuatro horas después de haber salido de su casa. La encontraron asesinada por estrangulamiento, también la habían violado y abandonado en la calle Francisco I. Madero, de la colonia Guadalupe, cerca de su casa.

En los reportes del hallazgo se hace mención de que el cuerpo localizado se trataba de un varón. Los oficiales solicitaron el apoyo de una ambulancia para corroborar que ya no se encontraba con vida. Tiempo después acudió la Policía de Investigación junto con un perito en criminología; ellos también reportaron que se trataba del cuerpo de un hombre, tomaron dos placas fotográficas y solicitaron el apoyo para su traslado al anfiteatro de Nezahualcóyotl Palacio para realizarle la necropsia, esto alrededor de las ocho de la mañana del mismo domingo.

En el cuerpo de Diana localizaron semen al realizarle el examen pericial de Fosfata Ácida, pero de acuerdo a sus familiares, no le realizaron un ADN a dicho semen para su identificación y comparación con el de los presuntos responsables que la investigación arrojara. Tampoco le realizaron las pruebas toxicológicas, el estudio histopatológico, ni el raspado de uñas; para fines de diagnostico e investigación. Ni le realizaron un estudio a la ropa que traía, ni de las células epiteliales en su cuello, a fin de identificar las huellas de la mano del agresor.

De las cámaras de seguridad a las que han tenido acceso, no han podido sacar ningún tipo de información porque o no están dirigidas correctamente o se les va la señal, además que no han podido revisarlas pues no han tenido el acceso en su totalidad.

“¡Nada!, ¡Nadie ha hecho nada!”, menciona la señora Lidia, “A nosotros nunca nos llamaron a declarar, nunca nos llamaron para decir qué es lo que sabíamos”. Además también comentó a este medio que un día le preguntó a la Agente Liliana del Ministerio Público, quien que se encargaba del caso en el Centro de Atención Ciudadana de Chimalhuacán, si no iba a comparecer la familia, y por qué no se han realizado todas las pruebas pertinentes para esclarecer la investigación, la licenciada le contestó que han trabajado desde el momento en que asesinaron a Diana, y que además esas pruebas periciales que se deben hacer ya no le correspondía realizarlas a ella, porque se iba a enviar la carpeta de investigación a la Fiscalía de Feminicidios, “y ahí fue cuando me dijo que afortunadamente se iba a deshacer de ese caso”, asegura la señora Diana.

En efecto, la investigación se envió a la Fiscalía Especial de Feminicidios del Estado de México con residencia en el municipio de Tlalnepantla, el 14 de agosto pasado, pero aún no han contactado de esa dependencia a la familia de Diana para informarles los avances en la investigación, incluso ella asegura que no sabe en donde se encuentra la carpeta.

Antes de que esto ocurriera y mientras se encontraba esperando respuesta de las autoridades en la Procuraduría sobre su caso, se le acercó un comandante y comenzaron a platicar, el oficial le aseguró que “por mi hija nadie iba a hacer nada, porque no la encontraron desnuda ni violada”, comenta la señora Lidia, “es un ser malvado, porque no se dio cuenta si a mi hija me la violaron y me la mataron”.

A la fecha, Diana Vélazquez es una de las más de 183 mujeres que han sido asesinadas violentamente en el Estado de México durante el 2017, más de 183 feminicidios documentados por el periódico A Fondo Estado de México, en una entidad que cuenta con Alerta de Violencia de Género en once de los 125 municipios que lo conforman; Chimalhuacán y Nezahualcóyotl son parte de esos once municipios que ya deberían estar aplicando políticas públicas para acabar con esta violencia feminicida.

Hace casi un año y medio que las autoridades del estado presentaron un plan de acción mediante un decálogo para hacer frente a la violencia de género y los feminicidios, entre las que se contemplaban la sensibilización de los servidores públicos y la acción inmediata para la búsqueda en el caso de la desaparición de alguna mujer o niña, así como la creación de un Grupo Especializado para la Atención e Investigación de Asuntos de Alto Impacto, Relacionados con Muertes Violentas de Mujeres y Niñas; en el caso de Diana, ninguna de esas acciones se llevaron a cabo.

“Eso a mi se me un acto de irresponsabilidad, de negligencia; a mi se me hace que fueron unas personas muy irresponsables”, comenta la señora Lidia, “a parte del dolor de haber perdido a mi hija, ¡ni siquiera muerta la pude volver a ver!. A mi eso se me hace muy injusto, ¡es muy cruel para una madre!”

“Hay muchas irregularidades, mucha negligencia no quieren hacer nada; exactamente así como nos dijeron, no quieren hacer nada por mi hija, porque yo no he visto que hagan nada, simplemente se quieren deshacer de la carpeta, y yo ahorita no sé ni donde está, ya han pasado más de dos meses y no sabemos nada”, asegura, “Tal vez nosotros digamos, es que yo sospecho de tal o cual persona, ¿a quién se lo vamos a decir, si nunca nos llamaron a comparecer?, ¿hacia quién se van a dirigir ellos?, no se van a dirigir a nadie porque no quieren hacer nada por Diana y a mi no se me hace justo, porque mi hija tenía toda una vida por delante y nada más por un ser maldito que me la mató, ya no tiene nada, y yo tampoco ya no tengo hija”.

“Todo lo que le pasó a mi hija, ya no quisiera volver a revivirlo porque lo he leído y ha sido tan doloroso para mi. Solo pido una cosa, que se haga justicia; que busquen, que trabajen, que hagan su trabajo, no les estoy pidiendo otra cosa más que hagan su trabajo, y que encuentren al responsable que le hizo eso a mi hija y que (sea) castigado como tiene que ser castigado. Ya Diana no puede recibir otra cosa más que justicia, y si los que tienen los medios para hacerlo no lo hacen, ¿quién lo va a hacer?”, concluye.

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