En el libro La tercera muerte de Dios, el filósofo y ensayista francés André Glucksmann describe las tres veces en que este icónico personaje ha muerto. La primera fue en la cruz, la segunda gracias a filósofos como Marx o Nietzsche, y la tercera ha sido una muerte lenta dentro de la cultura en una sociedad que ya no necesita deidades para valerse a sí misma.

Si bien en muchos países del llamado Primer Mundo la figura de Dios como centro de creencias y valores sí está siendo suplantada por la ciencia, la razón y la educación —como en Holanda, por ejemplo, donde las iglesias gradualmente se han convertido en casas de cultura, bibliotecas o lugares de recreación por la falta de adeptos—, en países como México, la religión, sobre todo la católica, sigue permeando el pensamiento y la vida diaria de millones de ciudadanos que no se identifican con este dogma, y que, sin embargo, continúan siendo parte de las estadísticas que dicha iglesia presume alrededor del mundo, situación acrecentada por el bautismo, acto por el cual te unen desde temprana edad y sin tu consentimiento, a la Iglesia católica.

De acuerdo al portal Vatican.ve, en su apartado dedicado al catecismo “Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión”, no obstante, el bautismo es una forma de imposición, pues al infante jamás se le da la oportunidad de decidir si desea pertenecer o no a dicha iglesia.

Félix Hompanera Velázquez, de 41 años, es uno de los millones de casos que suceden a diario en nuestro país. “Mi familia materna, ultra conservadora y católica de sepa, y mi familia paterna, comunista. Me obligaron a ir a una escuela católica 11 años y a cumplir con sus tradiciones y dogmas sin que yo estuviera de acuerdo. Crecí rodeado de incongruencia al ver que se practica lo contrario a lo que se predica”, relata. Él es uno de los pocos mexicanos que ha realizado el trámite de apostasía, validado por el Tribunal Eclesiástico, dentro de la Arquidiócesis Primada de México, ubicada en la colonia Roma de la capital del país.

La apostasía —contraria a la excomunión, en la que la misma iglesia te da de baja de sus filas por haber cometido algún acto reprobable y totalmente en contra de sus principios—, consiste en renunciar a la fe católica de manera voluntaria y consciente por medio de un escrito donde se expresan las razones y motivos por las cuales uno desea dejar de formar parte de este dogma.

“La apostasía tiene muy poca difusión en México, pero hay algunos casos (además del de Félix) en los que se ha llevado a cabo. En Guadalajara, Jalisco, el 18 de diciembre de 2016, y otra en Irapuato, Guanajuato, el 4 de febrero de 2017. Ambos en estados súper católicos de México”, cuenta Julia Mercedes Klug, guatemalteca residente en México, activista desde 2004 en contra de la religión católica y a favor de los derechos y la justicia para las personas abusadas sexualmente por curas, principalmente niños.

“A la edad de 7 años fui abusada por un cura católico, y mi abuela era quien me llevaba con él. Cuando el cura comenzó a tocarme de forma diferente a lo que se cree normal, yo le decía a mi abuela, y su respuesta era: ‘Del padrecito no puedes hablar mal’. Y así fueron las cosas a más y más, hasta que me abusó. Cuando yo salí con mis manitas llenas de sangre, llorando me abracé de mi abuela y, como no sabía lo que me habia hecho, sólo le dije: ‘Abuelita, el padre se me montó y me duele mucho’. Ella me golpeó y me dijo una vez más: ‘Del padrecito no puedes hablar, porque nos van a matar’. Esa fue su respuesta. Y me siguió llevando”, platica Julia.

“Ese infeliz me violó tres veces más, hasta que yo no quise regresar a la iglesia. Me casé a los 14 años y para mi desgracia, mi madre adoptiva fue quien tramitó todo lo referente a la boda, y cuando entré a la iglesia para casarme, me llevé la peor de las sorpresas, ¡el cura que me violó de niña era quien me uniría en matrimonio! Fue una tortura tenerlo de frente”, finaliza Klug, quien se manifiesta casi todos los días vestida de cardenal a las afueras de la Catedral Metropolitana, en el Zócalo capitalino, denunciando las atrocidades del clero.

A pesar de que hay millones de historias similares a la de Julia y de que el número de ciudadanos mexicanos que se identifican como católicos descendió de un 92 a un 89.3 por ciento de 2000 a 2010, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), México sigue siendo territorio creyente.

Félix Hompanera comenta que “la religión es uno de los paradigmas que más daño hace a la humanidad. Fue creada como un mecanismo de control que condiciona la conducta humana. La impusieron por medio del terror y su éxito está en alejar a la humanidad de su espíritu para depositar su poder en entidades de dudosa procedencia. Las peores atrocidades en los últimos cinco mil años han sido producto de figuras religiosas. A la fecha siguen cometiéndose actos barbáricos en nombre de dios y de una institución podrida que ha asesinado, saqueado, abusado, manipulado y pervertido todo lo que encuentra a su paso”.

En este sentido, México se jacta de ser un Estado laico, cuando la realidad es que la iglesia y sus jerarcas han manipulado a la población en decisiones políticas e implantado sentimientos negativos en sus adeptos hacia sectores de creencias y visiones distintas. Un ejemplo claro es su satanización hacia la comunidad de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgéneros, Travestis, Transexuales e Intersexuales (LGBTTTI).

En México, la apostasía tiene muy poca difusión y, según cuenta Hompanera, su experiencia no fue muy grata una vez realizado el proceso. “Ser ateo en México significa ir en contra de lo establecido, ser rechazado y objeto de agresiones. En mi experiencia las agresiones se incrementan si además eres apóstata, ya que te atacan tanto del lado de las personas religiosas como de los ateos, más por parte de estos últimos”, afirma. “Su argumento es que al realizar el trámite estoy reconociendo a la iglesia como una institución, y que lo que debería hacer es ignorarla. Puedo decir que recibí ataques más fuertes de ellos que de los religiosos más conservadores”.

Homparena, luego de su experiencia, decidió publicar los pasos a seguir para la apostasía en su blog Renuncia a la iglesia en México, y así orientar a otras personas en el tema.

A continuación, se describen los pasos que hay que realizar para llevar a cabo la apostasía. En primer lugar, se debe llamar a la Arquidiócesis Primada de México y solicitar una cita en el Tribunal Eclesiástico para realizar el trámite de Apostasía. El número es el 5208-3200, extensión 1605 o 1607. La dirección es Durango 90, 6to piso, colonia Roma Norte, en la CDMX. Una vez programada la cita, piden llevar los siguientes documentos: Un escrito con nombre completo y los motivos y razones por las cuales se quiere renunciar a la fe católica, con firma al calce; copia de Fe de bautismo. Si la persona no la tiene, puede investigar dónde la bautizaron y la fecha exacta, llamar al lugar y preguntar por ella dando nombre y fecha del evento. La copia vale 50 pesos; finalmente, agregar copia de Identificación oficial, de preferencia INE.

El autor de este reportaje entregó ante el Tribunal Eclesiástico el escrito** que se anexa al final del texto. En este caso, las atenciones recibidas por parte del personal del tribunal fueron respetuosas en su totalidad. Desde la llamada para agendar cita, hasta el momento en que salió del recinto, ya con su documento de apostasía firmado y sellado.

—¿Viene mucha gente a realizar este trámite?

—Sí, es recurrente. Alrededor de 10 personas al año. En un mes pueden venir dos, por tres meses no venir nadie. Ha aumentado, eso sí —comenta María Inés Ortega, encargada de trámites en el Tribunal Eclesiástico.

—Y una vez firmada y aprobada la apostasía, ¿cómo se le notifica a la iglesia que ya ni se forma parte de ella?

—Se manda una carta por correo electrónico a la parroquia o iglesia donde te bautizaron para que ellos hagan la cancelación de tu Fe de bautismo. Así, y con el documento que se te entrega, puedes estar seguro de que el trámite fue realizado con éxito—, concluye Inés Ortega.

“Hay miles de personas bautizadas que no comulgan con la religión y no la profesan para nada, pero un registro real no existe, porque hasta el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (IFAI) manipula la verdad. Y respecto a las religiones pa mí, todas son el arte de vernos la cara. ¿Por qué? Porque sus dirigentes viven como reyes a costa de la ignorancia. Abusan de la necesidad espiritual de los feligreses y dios no es religión ni vino a construir templos de cuatro paredes. Ese es el mayor negocio del planeta, nada espiritual, todo es material, es sólo una manera de manipular masas”, declara Julia Klug al finalizar la entrevista.

Al día de hoy, la iglesia se ha negado a revelar datos oficiales sobre cuántas personas han realizado este trámite, sin embargo, en palabras de María Inés Ortega, cada vez es más recurrente la solicitud para apostatar en este país, tan permeado por los preceptos de la Iglesia católica.

México, Ciudad de México, a 26 de mayo de 2017

A quien corresponda:

Por medio de la presente, yo, Fernando Lucio XX, nacido el 7 de marzo de 1989 y bautizado bajo los preceptos de la Iglesia Católica el 10 de marzo de 1990 sin mi consentimiento, hago constar que deseo dejar de formar parte de esta institución de manera inmediata por los motivos que a continuación redacto:

  • No comparto ni comulgo con las interpretaciones que tienen en su iglesia al respecto de la moral, la virtud, la divinidad, la culpa y la sumisión como reglas de vida basadas en la Biblia.

  • No creo en el arrepentimiento que salva a alguien después de haber cometido los peores actos contra algún ser vivo ni en el juicio divino mientras en esta vida queda impune su delito.

  • No estoy de acuerdo en que el simple hecho de orar tenga repercusiones positivas ante las injusticias de gobiernos e instituciones manipuladoras.

  • Repudio totalmente los casos de pederastia y encubrimiento de los mismos por parte de altos jerarcas católicos.

  • No comulgo con la difusión de prejuicios que generan odio y violencia hacia las personas homosexuales ni hacia las mujeres que deciden abortar.

El hecho de renunciar a la fe católica no significa que renuncie a la fe en el hombre. Y citando a Rubén Islas, académico mexicano en derecho, “creo firmemente en la libertad de pensamiento y credo, creo en los seres humanos, en la naturaleza, en mis convicciones, en la vida social y en que mi vida se construye por medio de mi experiencia cotidiana y del aprendizaje diario derivado de mi convivencia con los demás. Creo en la razón humana; en la que construye cultura, creo en el ser y creo en el caos.”

Espero se respete mi decisión y que hayan quedado claros mis motivos.

Muchas gracias por su atención.

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Fernando Lucio XX

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