“Los damnificados seguimos muriendo por la incertidumbre de no saber en dónde vamos a vivir y de no saber hacia dónde vamos. Por favor, tengan compasión y cada que uno de ustedes, ciudadanos, pase por algún campamento: ¡abrácenos! Necesitamos ese bálsamo para poder resistir…” (18 de febrero de 2018), Teresa Verdejo Pacheco, damnificada de Zapata 252. Delegación Benito Juárez.

Las zonas de desastre

El sismo ocurrido el 19 de septiembre de 2017 (19S) ha dejado una huella imborrable para la sociedad y la historia de México debido a que un número significativo de la población sobre todo en el centro y sur del país, incluyendo la Ciudad de México, se vio afectada tras experimentar, por una parte la pérdida de sus seres queridos y por la otra del daño total o parcial de sus hogares. El temblor dejó zonas muy devastadas y temporalmente incomunicadas por la caída de la red de telecomunicaciones. “Pude hacer una llamada como dos horas después del temblor…” recuerda la paramédica Ameli Aquino. La señal telefónica y de internet era errática y fue en ese primer momento, cuando la radio jugó un papel crucial para informar sobre la catástrofe, seguida por las redes sociales.

Enseguida se contó con la participación de la sociedad civil mediante grupos de brigadistas que se organizaron para sacar gente de los escombros, repartir víveres, dar asistencia médica y ayudar a animales extraviados o que se quedaron sin dueño. La situación de emergencia que imperaba en varias localidades se dio a conocer de manera casi inmediata gracias a las redes sociales y se logró que el apoyo resultara eficaz. No fue así con las autoridades ni con las dependencias gubernamentales.

Ese fatídico martes, la parte centro y sur de la capital de México había sufrido un daño que no se había visto desde el sismo del 85, muchos lugares tuvieron severos daños y a la fecha siguen sin recuperarse. Autoridades y medios de comunicación decidieron priorizar la información y recursos, económicos y humanos, en zonas como Coyoacán, Benito Juárez y Tlalpan relegando la situación de Iztapalapa, Tláhuac y algunos pueblos de la delegación Xochimilco como fue el caso de San Gregorio Atlapulco.

A partir de ese momento toda la gente que quedó afectada, cuyos inmuebles se colapsaron pasarían a ser damnificados de la Ciudad de México, los cuales al principio de la catástrofe fueron atendidos por la sociedad civil organizada; para ésta la experiencia del 85 devino en un aprendizaje colectivo, lo cual se notó 32 años después, al hacer frente a la emergencia.

Pues como asegura la binomio canino Jan Ficachi, que atendió junto con su perra Nala, el derrumbe del edificio de Bolívar y Chimalpopoca de la colonia Obrera, este apoyo, devorado por la sociedad, también afectó las labores especializadas de los cuerpos de rescate.

[…] fue muy triste porque de nada nos servían estos protocolos que salvan vidas contra la ignorancia de la gente que tenía mucho corazón […] no nos escuchaban cuando les decíamos ‘¡necesitamos que te retires!’, nos decían ‘¡no es que el gobierno quiere ocultar a las victimas!’, ¡no, nadie quiere ocultar nada!. La gente tenía mucho ese estigma del 85, de mitos, rumores y a lo mejor de cosas que si fueron ciertas […] pero no nos dejaban trabajar […] encontramos muchas personas vivas y conforme fue avanzando todo, pues íbamos perdiendo las confirmaciones y el resultado fueron 21 personas rescatadas y sólo dos sobrevivientes”, recordó.

Además del entorpecimiento de las labores de rescate que la propia sociedad civil, sin querer causaba en algunos puntos colapsados del centro de la ciudad, a ello abonó la falta de orden y organización se dio por parte de algunas instituciones como: la Secretaría de Marina, Protección Civil y la propia Cruz Roja Mexicana.

“…Yo realmente comencé la atención médica hasta el día 20 de septiembre [2017] por la tarde, porque me desesperé mucho, ya que mi institución [Cruz Roja Mexicana] no respondía a la altura de lo que estaba pasando […] y las instituciones médicas que llegaron a cubrir [zonas de derrumbes] como la Marina y demás, empezaron a exigir pacientes para sus ambulancias, comenzaron a pelear por quién iba a hacer las cosas primero y había discusiones entre ellos, se dificultaba aún más que se mantuviera el orden. Aparte, comenzaron a dar entrevistas y a hacer fama de la situación, para decir que estaban ahí ayudando y cuidando a los pacientes…” comentó la paramédica Ameli Aquino, a quién se le permitió la entrada al derrumbe del edificio 1C del Multifamiliar Tlalpan tres horas después de su llegada. Así como ella, muchas otras mujeres capacitadas en atención de desastres fueron retiradas de los lugares en los que debían apoyar, denostando sus habilidades y conocimientos. Fue el caso Nebaí Acosta, integrante de la agrupación Topos Azteca Birta, quién también recuerda cómo se le dificultó realizar la recuperación de una víctima en la delegación Benito Juárez, pues se le dio acceso a medios de comunicación, antes que a ella: “Fue como si nos dijeran: ustedes rescatistas, no son nada y nosotros vamos a salir en las noticias y nosotros vamos a protagonizar…”

Era evidente que buscaban imágenes impactantes y morbosas a la vez, con la finalidad de generar notas sensacionalistas. El caso del Colegio Rébsamen, una escuela privada ubicada en Coapa que impartía el nivel básico en la delegación Tlalpan, y en donde perdieron la vida 37 personas, entre docentes y estudiantes, fue convertido en el rescate emblemático por medios y gobierno. Un montaje de historia de éxito para enaltecer al gobierno en turno lleno de fallos y vacíos.

Activista muestra labor voluntaria durante el 19S. Foto. Carolina Huerta

El gobierno de la CDMX: olvido y desconfianza

Las semanas posteriores al sismo terminaron por separar a la ciudadanía de las instituciones gubernamentales. Esa grieta, marcada por la tardía e ineficiente resolución ante la emergencia que continuaba, también se convirtió en abismo.

El Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, visitó el derrumbe ocurrido en la calle de Bolívar y Chimalpopoca en la colonia Obrera, hasta el día siguiente de la emergencia, por lo que no fue bien recibido por la ciudadanía debido a los rumores sobre las supuestas costureras indocumentadas dentro del edificio colapsado, la gente estaba indignada, y así sucedió con varios mandatarios del gobierno de los diferentes niveles, que al llegar tarde provocaron el rechazo colectivo.

“No vi si llegó el secretario de gobierno, yo cuando llegué […] había como treinta federales, algunos elementos de la secretaría y elementos de Seguridad Pública y eso era todo; todo el colapso estaba tomado literal por los voluntarios de la zona […] las autoridades no permitían el acceso, el ejército llego el 20 [de septiembre] en la noche […] lo que más tratábamos de hacer era lidiar con la gente para que no fuera a haber un enfrentamiento entre voluntarios contra funcionarios o servidores públicos, porque la gente si estaba muy agresiva”, comentó Jan Ficachi, la binomio canino que estuvo en dicho derrumbe.

El caso de San Gregorio Atlapulco no fue la excepción y aunque en la localidad existe un avance considerable en pro de la reconstrucción de las viviendas afectadas, el gobierno local encabezado por Avelino Méndez, del partido político Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), no supo llevar a flote la situación de emergencia que la demarcación y sus habitantes requerían después de lo ocurrido el 19S. Justamente horas después del movimiento telúrico, el delegado se atrevió a decir a los medios de comunicación que Xochimilco no necesitaba ayuda, ya que se encontraba en saldo blanco.

Con eso lo único que hizo fue entorpecer la ayuda y la recuperación de personas en dicho poblado, siendo éste el más afectado de toda la delegación. Al respecto, habitantes de comunidades vecinas y del propio San Gregorio, empezaron con las labores de rescate y ayuda para todos aquellos que lo necesitaban.

Al día siguiente de la emergencia a ello se fue sumando más gente procedente de distintas partes de la ciudad e incluso personas que llegaban de otros estados, según cuenta Ernestina Fuenleal, habitante del pueblo: “[…] sí tuvimos mucha ayuda de distintas partes, despensas, nos traían que cobijas, que colchonetas, porque no teníamos donde dormir”, aseguró la damnificada y habitante de San Gregorio. Cabe señalar que este apoyo no hubiera sido posible sin la solidaridad que surgió en redes sociales y el impacto que tuvo la visita del delegado, donde la gente mostró su descontento. Dos días después de la tragedia Avelino Méndez se apareció en el pueblo, la gente indignada le manifestó su rechazo mediante insultos y golpes por lo que tuvo que salir huyendo de la localidad.

Esas manifestaciones de molestia tienen su origen en el conflicto de la inspección que Avelino ordenó meses atrás, en los mototaxis que operan en el pueblo relacionándolos con el cartel de Tláhuac. Esto complicó que el gobierno local no pudiera emprender acciones semanas después del 19S, siendo el gobierno de la Ciudad de México el único apoyo que entró durante ese tiempo al poblado.

Los apoyos brindados por el gobierno evidenciaron la desigualdad que hasta la fecha ha marcado la emergencia en el poblado. Los programas sociales y de rehabilitación para los damnificados han sido gratuitos para algunos en las semanas posteriores al sismo. Sin embargo, para otros ser donatario no ha resultado tan sencillo, aun teniendo la evidente necesidad.

Lo más feo es que no hay nadie que resguarde, vigile o revise qué se lleva a cabo […] no hay transparencia, de las casas [construidas por grupo Carso y CDMX] no sabemos por qué las autorizaron, cual sí, cual no, de todo eso el beneficio de unos perjudica a otros, han dañado inmuebles, casas, han rayado autos y no hay nadie al que le interese nuestro bienestar” comentó Vasty, vecina de San Gregorio.

También la falta e inoperancia de servicios básicos, como el agua, es un problema que enfrenta la delegación a raíz del sismo: […] a nivel organismo público no hay alguien que nos diga, ‘¡así están las cosas, a ustedes les corresponde esto y a nosotros esto!’ […] es inhumano cuánto tiempo nos tuvieron sin agua y sin pipas […] hasta el día del hoy el agua no se restablece por completo, hay fugas por donde quiera, hay casas que tienen y hay casas que no tienen, mencionó Vasty para Movilizacion por 19S.

Avenida Insurgentes en san Gregorio Atlapulco, días después el 19S. Foto. Fernando Galicia

Las autoridades del gobierno de la ciudad todo el tiempo le han dado largas a la gente respecto a los recursos para la reconstrucción. Ha sido gracias a la organización del grupo Damnificados Unidos de la CDMX que las negociaciones con la autoridad se han sobre la mesa. Pareciera que la presión que han hecho los afectados ha conseguido que el gobierno “ceda” ante sus demandas que normalmente no tendrían por qué poner en duda, ni mucho menos atrasar en caso de una emergencia como la del 19S, pues no van más allá de pedir lo que les corresponde: la reconstrucción de sus patrimonios de manera justa.

La falta de eficacia de las autoridades e incluso la desigualdad que se ha generado – de manera involuntaria- entre las mismas personas afectadas ha sido la marca con la cual se ha desenvuelto el gobierno de la ciudad antes los daños que aún se perciben.

Publicado en: Movilización por 19S

2 Comentarios

  1. Gracias por este reportaje, es bueno y ayuda a comprender la complejidad de lo que implica el movimiento social de las personas damnificadas así como el lento y dilatado proceso de la reconstrucción y sus vericuetos institucionales. Vale la pena especificar que este texto es una parte de un texto más extenso. Felicidades al equipo de autores.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here