El periodo de transición en México

Por Max González Reyes

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El periodo de transición en México ha comenzado, toda vez de que el pasado 15 de agosto el candidato de la alianza Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, recibió por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) la constancia que lo acredita como ganador de la elección del pasado 1 de julio. Con ello, su estatus jurídico pasó de ser candidato ganador a Presidente electo. Sólo falta que llegue la fecha establecida para ser Presidente constitucional, la cual se dará el próximo primero de diciembre.

En este lapso de tiempo, entre la entrega de la constancia y la toma de protesta, que se ha denominado interregno, vivimos una especie de hibrido: pues sigue en funciones el Presidente Enrique Peña Nieto pero todos los reflectores se han girado al Presidente electo. Sin embargo, hoy asistimos a una nueva forma de hacer política en este periodo. Como se recordará durante la era del PRI, el cambio de gobierno era básicamente para reacomodar a la clase política y, si era necesario, era el tiempo propicio para hacer un relevo generacional.

Es de llamar la atención que mientras en otros países con instituciones políticas más endebles que las mexicanas, como algunas de Latinoamérica, el proceso de sucesión es más corto que en nuestro país. Sin embargo, la explicación radica en que en el interregno, el próximo Presidente escogía de entre sus allegados a los que conformarían a su nuevo gabinete. Era el momento de pagar las lealtades, de pactar con los que conformaron la campaña las cuotas y privilegios que se mantendrían los siguientes seis años; era el periodo en el que iba surgiendo el nuevo rey sexenal, y se iba apagando el Presidente saliente. Este proceso no representaba una ruptura pues al ser del mismo partido, en muchas ocasiones el nuevo Presidente se rodeaba de integrantes del gabinete que iba de salida.

En ese sentido, la novedad del día de la toma de protesta era el acto en sí mismo, es decir, la  ceremonia de transmisión de poderes, la entrega de la banda presidencial y con ello la envestidura del nuevo Presidente; pero también era la expectativa que generaba el anuncio del nuevo gabinete. Quiénes eran los nuevos elegidos por el poder presidencial para la nueva administración, pues pese a que se especulaba quiénes eran los elegidos, la realidad es que no se sabía hasta el primero de diciembre.

Contrario a ello, asistimos a una nueva forma de anunciar el gabinete. El presidente electo ha venido presentándolo poco a poco. Prácticamente el equipo legal está conformado: Olga Sánchez Cordero irá a Gobernación, Carlos Urzúa Macías en la Secretaría de Hacienda, Marcelo Ebrard a la Secretaría de Relaciones Exteriores, Esteban Moctezuma en la Secretaría de Educación Pública, Rocío Nahle, en Energía, Luisa María Alcalde en Trabajo y Previsión Social, Javier Jiménez Espriú en Comunicaciones y Transportes, Alfonso Durazo en la Secretaría de Seguridad Pública, instancia que volverá a crearse puesto que en el actual sexenio desapareció.

Incluso el próximo Mandatario ya ha anunciado su equipo más cercano: Alfonso Romo será el Coordinador de la Oficina de la Presidencia; César Yáñez, encargado de medios de comunicación; Jesús Ramírez Cuevas, será designado vocero de la Presidencia, así como Lázaro Cárdenas Batel, será el nuevo coordinador de asesores. Así pues, el gabinete prácticamente está completo.

Pero no solo ello, el nuevo Presidente ha anunciado algunos cargos secundarios como lo son algunas Subsecretarías: Zoé Robledo despachará en la Subsecretaría de Gobernación; Arturo Herrera será el Subsecretario de Hacienda; Gerardo Esquivel fungirá como Subsecretario de Egresos de la misma dependencia; Tatiana Clouthier, fue propuesta como Subsecretaria de Participación Ciudadana, Democracia Participativa y Organizaciones Civiles de la Segob, pero en días recientes declinó al cargo y en su lugar entrará Diana Álvarez Maury. Es decir, los nombres ya están dados.

Otro acontecimiento inédito en nuestra historia fue la conferencia conjunta que ambos presidentes (el constitucional y el electo) dieron el pasado 20 de agosto en Palacio Nacional. Ese acto contrastó las dos visiones que tienen del país el Presidente que se va con el que llega. Mientras el actual señalaba los alcances de las reformas aprobadas durante su administración, el electo señaló que mandará iniciativas para derogar las reformas del actual gobierno. Ambos mandatarios estuvieron acompañados de sus respectivos gabinetes. La imagen era notable e inédita.

Paralelo a ello, el proceso de entrega-recepción de las dependencias se está dando con los que serán sus próximos titulares, con lo que prácticamente el próximo gobierno está asumiendo sus funciones antes de tomar posesión. Incluso el propio Presidente Enrique Peña Nieto ha bajado mucho sus actividades públicas y con ello ha dado pie a que el nuevo gobierno tenga mayor difusión en los medios.

Así pues, asistimos a las nuevas formas de hacer política para un tiempo inédito en el México de hoy.

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