Al bien hacer jamás le falta premio

Miguel de Cervantes

El pasado 28 de agosto se llevó a cabo la primera edición de los Premios Metropolitanos de Teatro en el Teatro Esperanza Iris de la Ciudad de México. Las premiaciones, desde el Óscar hasta el Nobel, así como los concursos y las becas estatales, siempre se verán envueltas en la polémica, tanto por la realización como por los resultados: los ganadores y perdedores creerán merecerlos, y los marginados sentirán la exclusión.

Este certamen fue organizado por una asociación civil sin fines de lucro, la Academia Metropolitana de Teatro, cuyo presidente es el escenógrafo Sergio Villegas, con el apoyo de la actriz Mariana Garza quien se sumó al evento luego de que el Fondo Mixto de  Promoción Turística se retirara arguyendo falta de fondos. En la ceremonia hubo 27 quinielas elaboradas por un jurado de 25 integrantes  del medio teatral.

El formato de la ceremonia es prácticamente idéntico al de otros premios como los Tony o los TV y Novelas… Alfombra roja para lucir las mejores galas a los medios de la prensa, un conductor ligero que aprovecha momentos para hacer comentarios graciosos, números musicales, el momento nostálgico de las personalidades que han fallecido, y evidentemente la mención de los nominados para luego informar quién es el ganador o la ganadora. En resumen, nada novedoso al respecto.

Los números musicales fueron, en su mayoría, canciones de Broadway ya que –en este mundo avasallado por la cultura hegemónica- la tendencia es parecernos cada vez más a la Meca del teatro musical anglosajón… pero en castellano. Así, los medios destacaron que lo más brillante de la noche fue a Billy Elliot, aunque las obras ganadoras fueron “El hombre de La Mancha” y “Wenses y Lala”.

Un acierto fue que los organizadores dieron cabida al llamado teatro comercial (el que producen los monopolios del entretenimiento), al de las instituciones oficiales y al independiente. Nunca se podrá quedar bien con todos y debe ser imposible asistir a la enorme cantidad de obras que se presentan en esta metrópoli, pero al menos intentaron abarcar un espectro más amplio y menos sectario.

Por tal razón vemos entre los nominados y ganadores, integrantes del teatro oficialista, del independiente y del “comercial”. Sin embargo, lo más sorprendente es que los organizadores crean que solo hay dos formas de hacer teatro, como ellos mismos lo catalogan: el musical y el no musical. Y dentro del que no es musical, no distinguen entre los diversos géneros teatrales como la tragedia, comedia, pieza o farsa. Así que en las quinielas de obras no musicales podrán nominar por igual una tragedia de Shakespeare, una pieza de Chéjov, o una comedia de Darío Fo o una de Emilio Carballido, por citar a algunas.

Los premios no incluyeron al cabaret, vertiente teatral tan en boga y donde hay grandes representantes del género quienes bien podrían participar con números musicales en lugar de las tonadillas de Broadway. En mi opinión, sería más original y le daría mayor identidad al evento si escucháramos a Astrid Hadad, Pedro Kóminik o a Regina Orozco, que una canción de “Vaselina” o de “El hombre de La Mancha”, aunque claro, el propio formato obliga a que aparezcan los musicales de las obras en concurso.

De igual forma habría sido más interesante y transgresor que la conducción recayera en gente de teatro como Las Reinas Chulas (o alguna de sus integrantes), La Pretty Woman (personaje de César Enríquez-Cabaret), el standupero Manu Nna, o el gran cabaretero Tito Vasconcelos, por mencionar a algunos, que en un comentador y youtuber como Chumel Torres que –como él mismo dijo y justificó su presencia al iniciar la ceremonia- nada tiene que ver con el medio teatral.

Cabe destacar que hay una quiniela para mejor dramaturgia mexicana y también hay premios especiales para compañías o foros independientes que hayan hecho alguna “contribución artística” (sic) o tengan algún enfoque social, el cual consiste en un estímulo económico; asimismo existe el premio a Trayectoria Artística y el premio del Público a la experiencia teatral del Año, cuyo voto se emite por medio de una aplicación electrónica.

Por último, no hubo pronunciamientos o reclamos de la comunidad teatral como la necesidad de seguridad social para los artistas, la situación precaria en la que viven cientos de creadores, la falta de apoyos a grupos independientes por parte de las instituciones oficiales, ni exigencias por democratizar la Secretaría de Cultura federal y sus dependencias, ni el pedido de que los monopolios teatrales produzcan más obras de la dramaturgia nacional en lugar de adquirir –como franquicias- obras de Nueva York, Londres, Madrid o Buenos Aires contribuyendo a la macdonalización de la escena. Con la visión centralista que ha caracterizado a los capitalinos, tampoco hubo ninguna mención o reconocimiento a grupos o compañías teatrales de provincia. Tal parece que aún se cree, como dijera la Güera Rodríguez, que “Fuera de México… todo es Cuautitlán”.

A pesar de sus fallos, sin duda siempre será mejor que exista algo que promueva la cultura teatral a que no lo haya, sobre todo considerando que el 67% de los mexicanos nunca ha asistido a una sala de teatro y, el que lo ha hecho, prefiere los musicales. Ojalá, para futuras ediciones, los premios tomen en cuenta otras teatralidades, encuentren un formato con una identidad más autóctona y haya un espacio para el debate y la crítica hacia las políticas culturales vigentes y a los monopolios del entretenimiento.

1 Comentario

  1. Hola Humberto!
    Te dejo un comentario a la nota sobre los diferentes tipos de teatro que estaban premiando, sus organizadores especificaron que era la primera entrega, por lo cual es una “prueba” a como funcionaban los premio y que en algún momento incluirían mas categorías para el cabaret, etc.

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