AMLO y su casa de transición

Por Max González Reyes

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El periodo de transición en México es lento y muy largo, pues abarca casi medio año entre el día de la elección y la toma de protesta del nuevo Presidente. Cinco meses entre julio y diciembre. Durante este periodo los alrededores de la casa de transición están viviendo una circunstancia anormal y complicada. Todos los días hay medios de comunicación, manifestaciones, visitantes y muestras de apoyo al candidato triunfante en la elección y sobre todo muchas peticiones al ya Presidente electo.

En México la idea de solicitar ayuda es muy vieja. Ello se debe en buena medida a la deficiente calidad de nuestras instituciones. El mexicano tiene tan arraigada la imagen de que solicitando ayuda se podrá cumplir sus peticiones, más allá de acudir por los cauces legales o institucionales para cubrir sus demandas. En un país donde la desigualdad y la falta de oportunidades es la que nos define, ir en busca de la ayuda del funcionario o quien tenga la capacidad para hacerlo es más eficiente porque con su ayuda o su firma se puede obtener lo que se demanda.

Durante el régimen del partido hegemónico los caminos legales no permitían el acceso a la justicia ni a las oportunidades, si no se tenía un padrino, una palanca o alguien que ayudara a conseguir algún bien, sea empleo, acceso a la justicia, a recursos económicos. Sólo con recursos para comprar a la autoridad se permitía que la demanda llegara a las instancias correspondientes. Así pues, el régimen de la pos Revolución se sustentó básicamente en el clientelismo, la negociación de la ley y la corrupción institucionalizada. Era secreto a voces que sólo formando parte del partido oficial, sus organizaciones o de la burocracia se podían obtener beneficios; que la aplicación de la ley era para unos cuántos, y que se vendían plazas y empleos particularmente en el sector público.

El clientelismo político permitió una larga cadena de complicidades verticales y control social. A su vez, ese clientelismo provocó la formación de intermediarios y líderes corporativos quienes se encargaban de negociar directamente con las autoridades el acceso a determinados servicios públicos o demandas sociales. A cambio de ello, a los inconformes se les tuvo bajo control para evitar brotes violentos que alteraran el orden social y con ello dar una imagen de un Estado pacífico y de una administración eficiente.

A la par de ello la negociación de la ley fue la característica del régimen, pues sólo con una recomendación se podía acceder a la justicia. La ley nunca fue pareja para todos sino más bien selectiva, lo cual provocó que se conformara una amplia brecha de desigualdades entre quienes tenían la capacidad de comprar jueces y quiénes no. Asimismo, a los intermediarios se les concedió la meabilidad de la ley para así mantener su lealtad; no obstante cuando se salían de sus límites, se procedía a cortar el cordón que los mantenía unidos al poder y, entonces sí, aplicarles todo el rigor de la ley.

Esta relación de complicidad no cambió en absoluto con los dos gobiernos emanados del PAN, pues tanto Vicente Fox como Felipe Calderón pactaron con los intermediarios del viejo régimen de tal manera que la relación con los transmisores de la cadena de lealtades continuó igual. La flexibilidad de la ley y la compra de plazas y empleos, continuaron siendo las características de un nuevo régimen que se parecía en mucho a las viejas prácticas priistas. Cambiar para que todo siga igual. Ya en la administración que está por concluir el sistema de lealtades continuó sin cambios, pues las características del viejo PRI se reprodujeron en el nuevo PRI.

Todo esto explica porqué todos los días en la casa de transición se presenten personas con la finalidad de que el Presidente electo les dé soluciones a sus demandas. Muchos de ellos saben que las instituciones no les resuelven su petición y sólo con la ayuda del próximo Presidente tendrán un empleo o recursos para sus peticiones.

Estas demandas ponen en un conflicto a la próxima administración, pues si accede a las peticiones estará reproduciendo y aceptando el mismo mecanismo que las administraciones pasadas; a su vez, si ignora a las personas con las peticiones que todos los días se presentan en la casa de transición se verá como un gobierno insensible aun cuando ni siquiera ha tomado el mando del gobierno. Y si a ello le agregamos el plan de austeridad de la próxima administración, quizás quienes se aposentan todos los días en la calle Chihuahua no tendrán respuesta.

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