El Movimiento Estudiantil del 68 en la lectura de los jóvenes en la actualidad

Juan Carlos Hernández Rosete

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Imagen de Fernanda Montaño

Ciudad de México, 26 de octubre de 2018.-  Con motivo de los 50 años del Movimiento Estudiantil de 1968 en México (ME68), la UNAM y otras universidades como la Ibero han realizado diversas actividades como una forma de memoria sobre el acontecimiento, y para invitar a los jóvenes a que conozcan y comprendan un hecho tan importante.

Una posibilidad privilegiada es revisar con los estudiantes el ME68 con la mayor  amplitud posible, de manera que no se queden con una lectura superficial o descafeinada sobre el acontecimiento como la que se difunde en diversos medios. Es importante que los jóvenes conozcan que existieron otros movimientos estudiantiles en el mundo en ciudades como París, Berlín, Praga, en Berkeley en EU, y aunque fueron reprimidos duramente, sacudieron a los gobiernos y sus formas autoritarias, influyeron para un cambio cultural en muchos ámbitos como en las escuelas, las familias, en los derechos civiles y en el espacio que irían ganando las mujeres.

Antes del verano de 1968 hubieron otros movimientos como el de los ferrocarrileros, el de los electricistas y el de los médicos, pero como dice Boltvinik, el de los estudiantes resultó el más subversivo para el gobierno porque a diferencia de los otros, el de los estudiantes no perseguía objetivos gremiales centrados en sus propios intereses, sino que planeaba demandas universales para todos los mexicanos como la derogación del delito de disolución social y libertades democráticas de diversa índole.

Si los jóvenes se disponen a ver con atención documentos como la versión remasterizada del Grito de López Arretche, pueden apreciar la elocuencia de los discursos de los oradores de la dirigencia en los mítines desde agosto, de tal modo que, como dice Gilberto Guevara Niebla, “del día primero al día 28 de agosto, la Ciudad de México que era una urbe apolítica, conservadora, sujeta al dominio absoluto del régimen autoritario, vivió una auténtica fiesta democrática. La fiesta y la tragedia marcaron el movimiento por el 2 de octubre que no se olvida, pero tampoco se olvida la libertad, la plenitud que la sociedad vivió y que nunca ha vuelto a suceder, y eso hay guardarlo en la memoria al igual que la tragedia”.

En contraste con esa vitalidad, es importante analizar los recursos que el gobierno mexicano utilizó para legitimar la represión a los estudiantes y su movimiento. Como otros regímenes autoritarios que abundaron en América Latina en los 60, se recurrió a un mecanismo discursivo que tuvo la función de justificar y aminorar la indignación por la represión brutal, relacionando a los estudiantes con criminales, con desestabilizadores del orden social. Al asignarles dichas categorías a las víctimas se les criminaliza, lo que justifica no respetarles sus derechos, su exterminio.

Sobre esto mismo, en el número actual de la Revista Ibero hay lecturas interesantes y hasta cierto punto novedosas sobre el ME68 como la de Ma. Luisa Aspe quien siguiendo a otras autoras plantea que “no es descabellado ni intrépido afirmar que las protestas de los estudiantes dieron visibilidad a un hecho tácito, implícito y, por eso, casi ubicuo. Esto es, a la facultad incuestionable de reprimir que el Estado asumía”. […] Soledad Loaeza explica que la Constitución de 1917, en la que con orgullo se basaba el “Estado revolucionario”, facilitaba y normalizaba un autoritarismo implacable. Digamos que la estructura corporativa y la convicción paternalista legalizadas en la Constitución daban pie a que el Estado considerara como su deber la represión.

A más de un joven le puede motivar leer de alguien como J Bolvitnik sobre la organización tan eficiente que tuvo el movimiento. “Me parece que lo más subversivo de todo era nuestra forma de organización democrática que, con el ejemplo criticaba hasta la raíz a las organizaciones autoritarias que dominaban y siguen dominando a este pobre país”.  […] Ese parlamento llamado Consejo Nacional de Huelga estaba formado por los delegados de cada escuela, y esos delegados eran elegidos en asamblea. Los delegados miembros del CNH, iban a consultar a sus asambleas… donde se discutían y volvía otra vez el punto de vista de las asambleas. Era un proceso totalmente democrático y parlamentario.

El ME68 fue sumando a tantas personas, no sólo a los familiares de muchos estudiantes sino ciudadanos que empezaban a simpatizar con él, de modo que en algún momento se consideró que era posible el triunfo. Sobre esto, Aspe hace referencia a Ilán Semo quien escribió que “el 68 es el resultado de un enfrentamiento entre un gobierno secuestrado por la incapacidad de tolerar expresiones elementales de pluralismo político, y un movimiento social convencido de que la ruptura radical con el pasado se hallaba a la mano”.

Es importante que los jóvenes conozcan de cuerpo entero al Estado mexicano autoritario de aquel tiempo y, la represión brutal con la que buscó terminar con un movimiento estudiantil muy organizado. Que conozcan cómo a partir de entonces se configuró un aparato represivo sofisticado que aplastaría durante el periodo conocido como Guerra Sucia, cualquier protesta que pusiera en riesgo el estatus quo del partido único (el PRI) que gobernaría de manera continúa el país por el resto del siglo veinte.

Adentrarse en los pormenores del ME68 les ha permitido a los estudiantes conocer un momento histórico de su país en el que destacaron los jóvenes por su consciencia política, por su valor y visión de futuro por el ejercicio ciudadano que llevaron a cabo. Asimismo, es un privilegio también reconocer su interés y emoción al participar en algunas de las actividades conmemorativas como La marcha del 2 de octubre, emoción y reflexión que se puede apreciar en las siguientes palabras con las que cierra este texto:

“Hoy marché porque mis abuelos fueron normalistas, porque decidieron estudiar para enseñar y eso les pudo costar la vida. Hoy marché para darme cuenta de que mi país sigue de luto y a algunas personas ya se les ha olvidado. Marché para aprender que el color sangre no se olvida; marché para crear indignación y que se sienta la necesidad de un cambio. Fui sola, llegué a un lugar que nunca había visitado y con nadie a quien yo conociera. Contrario a lo que algunos pensaron, no me sentí sola, me cuidaron, hice amigos, me encontré a otros, escuché algunas historias y me regalaron varias sonrisas”. Naomi Antonio

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