Guadalajara, Jalisco 27 de noviembre 2018.- En el salón seis de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Sara Poot Herrera, Orso Arreola y Carmen Villoro recordaron a Fernando del Paso y a Juan José Arreola en el centenario de su nacimiento.

“Del Paso siempre concibió a Arreola como un maestro, un amigo; un maestro que es también un hermano mayor. Para él, sus dos grandes maestros eran Juan Rulfo y Juan José Arreola”, comentó Carmen Villoro durante su participación en en homenaje a Arreola.

Sara Poot Herrera, por su parte, hizo gala de un recuento magistral con las formas en que Del Paso y Arreola coincidieron: en términos de aves, uno habría sido un quetzal y el otro, un pájaro carpintero. Ambos fallecieron a los 83 años. Tanto El Guardagujas como José Trigo son los grandes ferrocarriles de México.

“Arreola está más vivo que nunca”, recordó Orso Arreola, con un nudo en la garganta. Para hacer gala al recuerdo de su padre, se remontó a sus años de juventud y describió: “A diferencia de otros escritores serios, él era estrambótico, estrafalario. El sombrero, la copa; él era su propio personaje. Sí, hacía locuras, pero locuras poéticas”. La voz de Fernando del Paso, recordó, será algo que jamás podrá olvidar, así como la de Juan Rulfo, la de Octavio Paz; su padre, agregó, le pedía constantemente que lo imitara mientras leía alguno de sus poemas. Acto seguido, compartió con el público una excelente recreación de Octavio Paz leyendo uno de sus poemas; las risas y los aplausos emergieron de repente. “Recuerdo a Fernando del Paso como un joven muy propio, de los pocos que usaban traje y corbata. Tenía una tez muy blanca, tan blanca como la de Arreola”. En recuerdo de la figura de Del Paso, recordó algunas palabras que Rulfo y Arreola compartieron sobre él: “Tenemos de frente al James Joyce mexicano”, decían respecto a su escritura, que llegó como relámpago frente a todo lo que se estaba haciendo en aquel entonces.

Los juegos de palabras, el amor por lo afrancesado —en especial los vinos y los quesos—, su pasión casi convertida en adicción por el ajedrez y cómo siempre apostó por ser un escritor para pocos lectores, fueron algunos de los atributos que salieron a la mesa para referirse a Juan José Arreola. “¿Para qué quiero muchos lectores, si uno de ellos es Jorge Luis Borges, que vale por un millón? ¿Si me lee Julio Cortázar?”. Después, la estela de Fernando del Paso continuaba, a lo que Carmen Villoro apuntó: “Siempre se declaró como discípulo de ambos, y los consideraba sus maestros. Resulta curioso que sus últimos días los haya decidido pasar en tierras jaliscienses, cuna de ambos escritores a quienes admiraba”.

Para los asistentes a la mesa, no cabía duda de que, tanto Arreola como Del Paso, no habrían de encontrarse solamente en vida, sino ahora, en un nuevo diálogo en algún otro lugar. Finalmente, podrá haber muchos temas de los cuales conversar en la mesa, pero sólo quedarán dos voces que dialogarán de verdad: ambos escritores y sus presencias, más presentes que nunca. La premisa fue contundente; el que ambos continúan aquí está más que claro y entendido.

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