A propósito de la revolución cubana

Por Molay Maza Ontiveros

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“Nueva sangre joven ha fertilizado los campos de América para hacer posible la libertad. Se ha perdido una nueva batalla; debemos hacer un tiempo para llorar a los compañeros caídos mientras se afilan los machetes y, sobre la experiencia valiosa y desgraciada de los muertos queridos, hacernos la firme resolución de no repetir errores, de vengar la muerte de cada uno con muchas batallas victoriosas y de alcanzar la liberación definitiva”.
Ernesto Che Guevara (1928-1967)

Son 60 años de revolución en una pequeña isla habitada por gigantes. La más grande de las Antillas, pero diminuta en su territorio y recursos naturales comparada con las grandes extensiones que acapararon históricamente los grandes estados nacionales como México o Brasil, o el propio imperio norte americano.

Desde las jornadas guerrilleras, las huelgas generales y los sabotajes que forjaron a figuras como Frank País en la ciudad y Raúl Castro, Che Guevara, Camilo Cienfuegos y el propio Fidel en la Sierra Maestra, hasta nuestros días, días de renovación, de cambio y debate, han transcurrido no sólo esas seis décadas en el tiempo sino años cargados de historia, de lucha, de experiencia de los pueblos del mundo y el pueblo cubano en particular.

La revolución en Cuba impactó varias generaciones de luchadoras por la justicia, particularmente en América Latina el intento de importar mecánicamente la táctica guerrillera cobró caro el esquematismo y aún se mantienen los resabios, sin embargó mostró y lo continúa haciendo, que la Revolución es un proceso largo y complejo que supera por mucho el momento épico de la lucha armada y la toma del poder político, el problema verdadero de la revolución es la construcción de nuevas subjetividades que destituyan el individualismo y el egoísmo promovido por la sociedad dividida en clases, liberal, colonial, burguesa y de consumo, por una subjetividad critica, activa, libertaria y colectiva, por una consciencia socialista; construcción del nuevo sentido común igualitario y humanista, y por su puesto del nuevo Estado. ¿Todo esto se ha logrado en la isla? Yo creo que no, pero es lo más cercano que tenemos.

Entre otras virtudes podemos decir que articuló la liberación nacional, la lucha por la democracia, la lucha contra el racismo, la lucha por el socialismo y posteriormente la lucha contra el patriarcado, varias dimensiones de la lucha de clases en un gran acontecimiento histórico. No sin problemas, no sin errores, la construcción del socialismo se ha visto sometido a muy diversas contradicciones internas y externas, de tal manera que podemos decir que en nuestros días el proceso de construcción socialista en Cuba pasa por una de sus primeras etapas, la de capitalismo de Estado y ya en esta, las enmiendas constitucionales derivadas de la necesidad material concreta y las presiones internacionales de la economía le obligan a compartimentarse con la propiedad privada y la inversión extranjera.

A este fenómeno responde la reforma constitucional al artículo 5º que elimina del texto la frase que consagra la revolución y la construcción del socialismo hacia la sociedad comunista, si bien mantiene el carácter socialista del estado cubano y reconoce el carácter dirigente del Partido Comunista, el pueblo cubano y su Asamblea Nacional del Poder Popular han avalado ya esa enmienda que en los hechos renuncia a la utopía lejana del comunismo.

Aquel cambio constitucional es acompañado de otros cambios importantes tales como la modificación que legaliza y protege el matrimonio de parejas del mismo sexo; la limitación a dos periodos de cinco años de gobierno de los futuros presidentes de la república; la libre empresa y la legalización de los pequeños empresarios que ya existían, pero vivían en la clandestinidad, así como la inversión extranjera en sectores estratégicos bajo vigilancia y control del Estado y del Partido.

Aquella eliminación textual parece anunciar el fin de la revolución por imitación a la extinta URSS, en la prensa mainstream Miguel Díaz Canel y Raúl Castro juegan las veces de Nikita Jrushchov y Mijaíl Gorbachov, y auguran el retorno al capitalismo en un corto plazo sin mayor análisis ni capacidad teórica. Lo que no se considera ni de lejos es que la conceptualización del socialismo próspero y sostenible al que apuesta el partido y su dirigencia, más bien tiene frente a sí, el reto de la democratización más el blindaje de los alcances sociales obtenidos por la revolución, lo que significa un cambio de paradigma más complejo y ambicioso, en el que se pone a prueba esta apuesta por la construcción de una sociedad humana, justa y libre.

La distribución de la riqueza en forma de derechos sociales, salud pública, acceso a la educación pública, gratuita y obligatoria en todos los niveles, alimentación, vivienda, tierra para quien la trabaja, se plantea un engarzamiento con demandas de trabajo digno y acceso a la información, la cultura y el arte, la libertad de expresión y de prensa, en fin las libertades democráticas y civiles, son el paquete de derechos políticos que deben acompañar a los derechos sociales que serán blindados y así se sugiere en la constitución que está por aprobarse en febrero de 2019. La revolución requiere democratización y esto implica más y mejor participación del pueblo organizado en la toma de las decisiones importantes.

Que no se confunda democracia con pluripartidismo, que los que hemos vivido esa mentira sabemos que no van de la mano, Cuba no tiene que imitarle nada a nadie y menos a las democracias vaciadas de contenidos democráticos, puede y debe la mayor de las Antillas reinventar su democracia socialista, consolidar el orden jurídico que ponga la vida de los seres humanos por encima de las mercancías y los mercados.

Desde la entrada del Ejército Rebelde a la Habana el 1 de enero de 1959 hasta lo que será el referéndum por la nueva constitución en febrero de 2019, muchos avatares han sufrido la lucha por el socialismo y el comunismo, mal harían quienes reivindican esas banderas en voltear la espalda al pueblo cubano, su partido y su gobierno, pues ahí está un ejemplo de independencia nacional, soberanía popular y lucha por los derechos humanos.

Cuba pone sobre la mesa el debate realmente existente en torno a las posibilidades del socialismo y la construcción de la sociedad comunista. Más allá de la nostalgia que no sirve más que para enterrarse más en el sectarismo, las banderas del comunismo como ideas de emancipación deben ser disputadas cual territorios en pugna a la oligarquía y sus instrumentos de dominación cultural, que los ha llenado de contenidos negativos y detestables, el éxito de Cuba es el éxito de contenidos positivos y humanistas a los territorios conceptuales en pugna, la idea de comunismo más allá de escuelas, corrientes y dogmas, como idea de emancipación humana de cualquier tipo de opresión, es irrenunciable articulación entre momentos de la libertad humana en su transito a una sociedad sin explotados ni explotadores.

A sus 60 años de iniciada la Revolución Cubana la discusión sobre su futuro está a la orden del día, tal vez sólo la pelea por las definiciones del pasado se le compare, pero más allá de los alcances de aquellos debates, sin duda ricos y fructíferos, están las contribuciones internacionalistas y solidarias como la de los médicos tan mal tratados e insultados por el gobierno fascista de Jair Bolsonaro.

No hace muchos días, otro fascista insultaba a la nación de Martí señalándola como un peligro para la región y como responsable de los grandes problemas latinoamericanos, esas desproporcionadas diatribas tienen su explicación más que ideológica en la geopolítica regional, pues el gobierno y el pueblo de Cuba han sido fundamentales para dar pasos en la delicada y frágil integración regional de América Latina y el Caribe con la creación de la Comunidad de Estados Latino Americanos y Caribeños (CELAC), el apoyo a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y en meses pasados la realización de una reunión en la isla de Fidel y Raúl de la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA-TCP) cuyos debates merecen escrutinio aparte.

Para el imperialismo norteamericano es peligrosa la integración de los pueblos de Nuestra América, es peligrosa la declaración de América Latina y el Caribe como territorio de paz y libre de conflictos armados, y es peligrosa, cual dueño del capital, la negociación colectiva con los Estados latinoamericanos y del Caribe, es ahí en donde puede aportar y mucho, México y su nuevo gobierno. Hechos son amores y no buenas razones.

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