Las críticas siempre pueden enriquecer y ayudar a replantear acciones. No se deben ver como un ataque si se hacen de forma constructiva, por el contrario, pueden evitar futuros escenarios conflictivos, la erosión social y el debilitamiento de un proyecto con tinte social como es la cuarta transformación. No creo que aplaudir todas y cada una de las acciones de forma acrítica del gobierno actual lo beneficie y mucho menos a la sociedad mexicana.

Para criticar y demandar, se debe partir de lo que es el actual gobierno y no exigir lo que nunca se ha planteado o querer ponerle características a un proceso que le son ajenas. Tenemos que tener claro que la cuarta transformación nunca planteo un modelo comunista ni siquiera socialista y menos acabar con el capitalismo. Ha planteado si, alejarse del modelo neoliberal y aplicar un capitalismo con perspectiva social que un mundo donde se impuso eliminar el Estado social y de bienestar es un gran avance. No es un grupo homogéneo de izquierda, sino que está conformado por liberales, personajes de centro e incluso hay alianza con sectores conservadores que podríamos denominar de derecha. Esto sin menoscabar que tiene una gran base social que lo respalda ya sea impulsando el voto o empujando la agenda social.

No creo se deba medir con la misma vara al actual gobierno progresista de AMLO, con los pasados gobiernos priistas y panistas, la cuarta tiene sin duda un enfoque más social por lo menos en cuanto al impulso de políticas sociales se refiere y con un mayor énfasis al combate a la corrupción. De igual forma hay cierta garantía de que no se impulsaran contrarreformas estructurales que dañen más la soberanía del país.

El echar atrás la Reforma Educativa es un acierto en cuanto a que no reformo nada ni toco de fondo el problema educativo. De igual forma mantener una política de austeridad en un país tan desigual es algo plausible.

Más creo es sano cuestionar algunas estrategias y políticas que se alejan de cualquier transformación progresista y por el contrario mantienen la misma línea de los anteriores gobiernos neoliberales panistas y priistas.

Los antiguos gobiernos abanderaban megaproyectos con el argumento de crear progreso, empleos, modernidad e inversiones. Los volvían parte una estrategia que promovían como centro de su legado siendo estos la marca de su gobierno. El ejemplo claro es el Aeropuerto de la Ciudad de México el cual confronto a la sociedad por sus repercusiones socio ambientales.

Deberíamos preguntarnos por que seguir ese camino, teniéndolo como bandera del actual sexenio: el llamado Tren Maya, que de igual forma confronta a los pueblos originarios, cuestionando el impacto medioambiental que pudiera tener y la falta de consulta a los pobladores afectados. Bien podría apostarse a otro tipo de políticas que incluyan a la población e impacten en ella y no tener como eje primario un megaproyecto.

Otro punto en el cual s ser críticos es la llamada guardia nacional. Es necesario, si, atacar el problema de la inseguridad que es un cáncer de la sociedad mexicana, apostando a la prevención, a paliar las causas socioeconómicas que provocan desigualdad lo cual es el caldo de cultivo de la delincuencia. Se debe apostar claro esta a un apoyo significativo a la educación que contraste con lo hecho por los otros gobiernos sin regatearles recursos a las universidades públicas pese a la necesaria transparencia y rendición de cuentas. Se debe en todo caso tener una policía profesional capacitada en valores de Derechos Humanos, bien capacitada y con los estímulos necesarios para combatir la corrupción interna, apostándolo a que esta vaya sustituyendo a los militares de forma progresiva en las tareas de seguridad. Los resultados de militarizar la seguridad han sido en agravio de los derechos humanos, sin resultados en la disminución de la misma y un costo altísimo de vidas humanas, además de exponer a los militares al cohecho y la corrupción. La guardia nacional podría ser necesaria, pero bajo las condiciones antes descritas sacando a los militares de las calles los cuales deben seguir apoyando solo en la defensa de la soberanía y en caso de desastres naturales. Tal como esta planteada por el gobierno de AMLO es legitimar y legalizar una estrategia fallida de militarización. De igual formal son más los desacuerdos que los acuerdos con las organizaciones de victimas que no sienten que exista una verdadera reparación del daño, reinserción y justicia.

El crear un enemigo común se ha usado para legitimar gobiernos como el de Bush con su guerra contra el terrorismo y el de Calderón con su guerra contra el narco que provoco una escalada de militarización, muertes y violaciones a los Derechos Humanos en ambos casos. El crear una guerra contra el robo de combustibles es seguir una estrategia similar. Además de que no queda claro si se perseguirá y encerrara a los ladrones de cuello blanco que están inmiscuidos en el robo de combustible.

En las transiciones de gobiernos autoritarios a democráticos las políticas de punto final que dejaban en la impunidad los crímenes de militares, dictadores y no reparaban el daño a las victimas son sumamente cuestionables por las organizaciones de Derechos Humanos, las victimas y los luchadores sociales, en la cuarta transformación se ha planteado algo similar, borrón y cuenta nueva a los crímenes del pasado, a la corrupción que se dio antes del nuevo sexenio, lo cual genera impunidad y que las heridas no cierren.

Algo plausible es el respeto que se esta mostrando a las soberanías de los pueblos como en el caso de Venezuela, pese a las presiones políticas nacionales e internacionales de las derechas.

Es un buen momento para analizar el camino tomado y si es necesario corregir y replantear políticas si no queremos que un proceso social como la cuarta fracase ya que las consecuencias pueden ser que el país gire a la ultra derecha como paso en Brasil y Argentina.

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