Sin nosotras las mujeres como actoras políticas del cambio no alcanzaremos la cuarta transformación

Por Redacción

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Nuestra lucha desde el dolor y el olvido

Discurso de Felicitas Martinez Solano leído en el evento ‘Mujeres transformando México’ en Palacio Nacional

Guerrero es uno de los estados con mayor índice de violencia de género en el país, la discriminación estructural y la violencia institucional siguen estando presentes en las instituciones del Estado. Predomina en las instancias de procuración y administración de justicia los estereotipos de género, la misoginia y la revictimización de las víctimas.
Nosotras las mujeres indígenas somos el rostro de la dignidad de un México roto por la violencia y la injusticia, somos las que enfrentamos cuando nos decidimos a exigir justicia. Siempre se nos trata como seres inferiores que podemos soportar de burlas y tratos discriminatorios. La mayoría de nuestras compañeras vivimos lejos de los centros de justicia, como nos cuenta mucho bajar a las cabeceras municipales, los funcionarios públicos nos ven con extrañeza y se ríen cuando tratamos de explicar en español la violencia que sufrimos, para ellos no existimos como personas con derechos, ni si quiera para tener un perito interprete. Cuando exigimos, para ellos somos objetos de conmiseración o monedas de cambio.

Hemos luchado con nuestras hijas y nuestros hijos, cargándolos en la espalda y sembrando en el surco, padeciendo los estragos de la justicia patriarcal que empieza la casa, se reproduce en la escuela y se institucionaliza en las dependencias públicas. Quiero decirles que al igual que muchas compañeras de la montaña de Guerrero tuve que salir de la casa contra la voluntad de mis padres para estudiar y aprender a defenderme, nos ha costado hambre, lágrimas, desprecios y hasta golpes.

Nuestras hermanas Valentina Rosendo e Inés Fernández se armaron de valor contra sus mismos esposos y sus comunidades para al ejército que las ultrajó y torturó sexualmente como lo sentención la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ellas no tuvieron la oportunidad de terminar la escuela primaria han tenido que aprender el español para alcanzar justicia. Han luchado más de 15 años para que las autoridades mexicanas investiguen a los militares en el fuero civil. Han podido abrir la brecha de la injusticia desde lo más alto de la montaña, así somos las mujeres indígenas que desde el piso tierra donde nacemos hemos podido levantarnos para caminar cuesta arriba en la montaña para tener la mirada altiva y el corazón de acero. Porque somos mujeres combativas y cultivamos un gran amor por la vida de nuestros hijos o hijas. Estamos siempre dispuestas a dar la batalla para defender la vida de las personas que amamos para pelear en la trinchera comunitaria para defender los derechos del pueblo.

Somos mujeres de la lluvia y del fuego. Somos de la montaña y también de la Costa, somos como el mar del pacífico, tranquilas pero impetuosas como las olas. Hemos aprendido a preparar nuestros alimentos con el fogón en el piso y también sobre un petate parimos a nuestros hijos con ayuda de parteras porque el gobierno se niega a construir clínicas y a garantizarnos servicios de salud de calidad. En medio de estas precariedades aprendimos de nuestras abuelas a defender nuestros derechos como a saber vivir en comunidad y buscar siempre que nuestros hijos tengan lo necesario para vivir. Así crecí y así me formé con orgullo puedo decir que soy mujer del pueblo Me’phaa, que soy abogada para defender los derechos de las mujeres y que también fui coordinadora de la policía comunitaria y ahora soy consejera del sistema de justicia y seguridad en San Luis Acatlán.

Como defensora de los derechos de los pueblos indígenas quiero ser porta voz de las mujeres indígenas que seguimos siendo pisoteadas en nuestra dignidad que tenemos que enfrentar un sistema de justicia patriarcal y racista que se colude con los que nos agreden en lugar de defendernos nos someten a castigos y riesgos porque impera la corrupción y la impunidad en el sistema de justicia mestizo. Exigimos respeto, un trato igualitario, garantías al debido proceso, alto a la discriminación, castigo ejemplar a los perpetradores, apoyo verdadero a las víctimas de la violencia. Basta ya de engaños y simulaciones. No queremos más agentes del Estado que estén coludidos con el crimen organizado y que sigan siendo cómplices de los feminicidios que se multiplican en nuestro país. Estamos convencidas que si no se respetan nuestros derechos como mujeres y no se pone un alto a la violencia feminicida seguiremos empantanadas en discursos huecos.

Y a nosotras como mujeres indígenas se nos sigue excluyendo en la toma de decisiones y en la asignación de recursos del presupuesto público no habrá en nuestro país una verdadera política de equidad de género. Necesitamos acciones concretas que protejan a nuestras compañeras que son víctimas de todo tipo de violencias y nos hacemos eco de la exigencia para que se garantice el presupuesto a los espacios que funcionan como centros de refugio para las compañeras que enfrentan el flagelo de la violencia. Sin nosotras las mujeres como actoras políticas del cambio desde las periferias de nuestro país no alcanzaremos la cuarta transformación.

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