La música de los pueblos indígenas revitaliza las lenguas

Por Redacción

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** Para los pueblos indígenas, la música, además de ser una expresión de su rica y ancestral cultura, es una oportunidad de que ésta, sus tradiciones y su lengua sobrevivan al olvido y el desuso.

La música es parte fundamental de la cultura, en ella no solo se albergan melodías y letras, también está contenida la identidad y se plasman mundos de manera poética. A través de instrumentos, voces y letras se crean y se transforman realidades en otras más simples o complejas, según sea el caso.

Para los pueblos indígenas, la música, además de ser una expresión de su rica y ancestral cultura, es una oportunidad de que ésta, sus tradiciones y su lengua sobrevivan a la tendencia del olvido y el desuso.

En ese sentido, la música potencializa los esfuerzos contra el fenómeno de la muerte de las lenguas, ya que se trabaja de manera colaborativa por ella, su majestuosidad se logra gracias a las escuelas musicales comunitarias, donde se forman músicos, compositores y maestros que replican estos conocimientos. Por ello, la música guarda un importante lugar en la comunidad.

Estos son algunos músicos y músicas que en sus producciones exponen la pluralidad y diversidad que alberga nuestro país.

Matchuk Bemela

Se trata de una agrupación que canta rap en lengua Yoreme/Mayo; los jóvenes que la conforman son originarios de Júpare, en el municipio de Huatabampo, Sonora.

Por medio de sus letras muestran las tradiciones y vida cotidiana de su pueblo; además, cultivan y comparten su lengua materna. Su nombre significa “Nuevo amanecer”, son autores de sus propias piezas e interpretan canciones de dominio público de las comunidades yoremes pero adaptadas al rap.

La banda fue creada en 2015 y sus integrantes no solo se limitan a la música sino que trabajan como promotores culturales y participan en los actos ceremoniales de su comunidad.

Yok´el jk´umaltik

Esta agrupación surgió en 2012 en el municipio de Las margaritas, Chiapas, y se conformó inicialmente como un pequeño coro, pero con el pasar del tiempo y el arduo trabajo de sus integrantes se ha posicionado en la escena musical de las bandas de pueblos indígenas.

En su propuesta fusionan rock y reggae mientras que las letras se cantan en Tojol’ab’al. Una de las principales preocupaciones del grupo es la vinculación comunitaria y fortalecimiento de la cultura y de su lengua materna por medio de la creación musical.

Banda Filarmónica Xaam Kiixi Xuxpëtë

Esta agrupación está conformada por mujeres mixes, de hecho, su nombre significa “Mujeres de viento florido”.

La orquesta se conformó en 2006 en la cuna de los músicos de la Sierra Mixe y desde entonces ha convocado a mujeres bajo la batuta de la maestra Leticia Gallardo.

La banda es originaria de Santa María Tlahuitoltepec, Oaxaca, y surgió como una inquietud de Gallardo ante la poca participación o invisibilización de las mujeres en la vida cultural de frente a la abundancia de bandas integradas por hombres, pues tradicionalmente se cree que el lugar de la mujer es el hogar: “La gente decía, como ya te casaste y tienes hijos, ya no puedes tocar, debes dedicarte a tu casa”, señala.

La banda se ha presentado en múltiples recintos de la Ciudad de México, Puebla y Morelos. Además, las integrantes de la banda ejecutan las piezas con vestimenta tradicional de Tlahuitoltepec.

Rockercóatl

Es un proyecto fundado y liderado por el músico poblano Juan Manuel Sánchez; sus orígenes datan de 2005, cuando Sánchez trabajaba en el municipio de San Miguel Canoa, en el estado de Puebla, impartiendo un taller para niñas y niños que buscaba promover creación musical en Náhuatl y su rescate.

El interés de Sánchez siempre ha sido evitar la pérdida del uso de esta lengua en la región, por lo que afirma que a través de su música se revitaliza la lengua Náhuatl. Esta propuesta musical conjunta diversos géneros como el son, la cumbia, la balada y el rock; por medio de ellos se aborda en sus letras temáticas como el respeto a la naturaleza y los derechos de los niños.

Su proyecto busca el involucramiento de los niños y las prácticas pedagógicas para preservar el Náhuatl, por lo que en su música es común escuchar coros de niños cantando en esta lengua.

Yune Va’a

Este es el seudónimo de Alfredo Díaz Nabor, un joven que, al igual que muchos de sus contemporáneos, se ha visto atraído por el rap y el hip hop, llevándolo a adentrarse en la creación de este tipo música. La peculiaridad de este joven, cuyo nombre artístico significa “Casa del Viento” en Cuicateco, es que sus letras fusionan su lengua materna con español para retratar la realidad de los pueblos indígenas en un mundo globalizado.

Alfredo mezcla en su música géneros como el rock, huapango y funk; además, narra situaciones de su cotidianidad, problemas y cuestionamientos que personas de su generación se plantean, como la migración y la violencia de género.Este rapero, originario del pueblo de Santa María Pápalo, Cuicatlán, en el estado de Oaxaca, apuesta por el rescate de su lengua y la exaltación de la identidad indígena.

Ñundeya Musical

Es un grupo originario del municipio de Chalcatongo de Hidalgo, en la Región Mixteca de Oaxaca. Su producción musical se centra en la composición en lengua Ñuu Sau. Asimismo, en la incorporación de las generaciones más jóvenes en el ámbito musical.

 

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