Ocho años han pasado desde que el pueblo de Cherán K´eri, Michoacán, se levantó en contra de los talamontes, el narcotráfico y el mal gobierno; los mismos ocho años de ausencia y clamor que arrastran consigo las esposas, los hermanos y los nietos de los defensores del bosque desaparecidos.

Armando Gerónimo, Rafael García, Jesús Hernández y Tirso Madrigal, fueron desaparecidos entre el 10 y el 11 de febrero de 2011, en una acción orquestada por el crimen organizado y ante la omisión de las autoridades municipales, que buscaban silenciar la resistencia que realizaban en la defensa de su territorio.

A casi una década del levantamiento y tras haber conseguido la autodeterminación de su pueblo, las familias que esperan el regreso de sus seres queridos desaparecidos, exigen a las autoridades comunales del Tercer Concejo Mayor que, así como se innovó en los procesos políticos y organizativos de la comunidad, se innove en los procesos de búsqueda de justicia, verdad, reparación y no olvido social.

Por Dalia Souza / @DalhiaSouza

Cuando el miedo se convirtió en coraje, las mujeres de Cherán K´eri salieron a las calles para exigir el regreso de sus esposos y seres queridos desaparecidos. En medio de las añoranzas y los recuerdos pasados, tres de estas familias –dos esposas y tres hermanos- narraron a ZonaDocs, cómo los suyos fueron desaparecidos por defender los árboles y la tierra.

Aquel día -dos meses antes del levantamiento de Cherán, el 15 de abril del 2011-, cuatro familias del pueblo vieron por última vez a sus seres queridos: Armando Gerónimo Rafael, Rafael García Ávila, Jesús Hernández Macías y Tirso Madrigal Fabián, todos trabajaban como autoridades comunales en la defensa de los bosques de la Sierra Purépecha; por ello, todos ellos pioneros en la lucha contra los talamontes, el narcotráfico y  el gobierno municipal corrupto y omiso.

Autoridades del Tercer Concejo durante el desfile por los Ocho años de autonomía de Cherán K´eri.

El contexto de las desapariciones en Cherán

David Peña, Coordinador Jurídico del Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social (Gadh), ha sido, desde el año 2011, uno de los abogados que ha acompañado los procesos de denuncia y exigencia de justicia de las familias de los desaparecidos y caídos de Cherán.

Como quien ha caminado a su lado, David narra en primera persona todo lo que hasta el día de hoy –ocho años después de la liberación de Cherán- han tenido que vivir las señoras María, Rosa María, Rosa Tomás y los hermanos Hernández Macías, en medio de la exigencia por conocer el paradero de sus familiares.

El abogado, explica que mucho antes del 15 de abril de 2011, en la comunidad, ya era visible la participación de la delincuencia organizada a cargo de la agrupación de Los Caballeros Templarios, quienes comenzaron a actuar en alianza con los talamontes “ordinarios” que asechaban la zona:

“En un momento los grupos de talamontes estaban recibiendo acompañamiento y protección de parte del crimen organizado; pero llegó un momento, quizá, un año antes del movimiento, donde quien asumió el papel protagónico fueron los grupos del crimen organizado que controlaban la zona”, precisó Peña.

Aquellos que recibían “protección” del narco, pasaron a ser sus empleados, explicó el abogado; situación que evidentemente modificó el esquema de explotación hasta volverlo desproporcionado y brutal.

Testigos de cómo los camiones “troceros” bajaban de la zona serrana con hasta tres toneladas de madera, mujeres y hombres habitantes de la comunidad, se negaron a ser cómplices del crimen con el silencio y conformaron un movimiento -casi clandestino- en el que se organizaron para defender los bosques de la tala desmedida en la región:

“Ante esa exponenciación de la explotación del recurso forestal, es que las compañeras y compañeros comienzan a protestar, se empiezan a organizar en pequeños grupos; en las casas se empiezan a juntar y en las rutas que recorrían los talamontes, ellos se organizaban en las madrugadas para hacer zanjas y evitar que subieran o bajaran los camiones”.

De forma paralela, advierte David Peña, “algunas orejas que estaban dentro de la comunidad, se dan cuenta de quiénes se están organizando y comienzaron a cazarlos”; así, a través de una operación orquestada el 10 de febrero de 2011, Armando Gerónimo, Rafael García y Jesús Hernández fueron desaparecidos, a Tirso Madrigal lo desaparecieron un día después.

“Cuando vienen las desapariciones en febrero nos damos cuenta de que hay un patrón para desactivar estos pequeños focos de resistencia o de organización que se estaban haciendo contra los talamontes. Empezamos a documentar cómo esta operación provenía de un esquema organizado, con carros organizados, sabían los horarios; es decir, no fue fortuito, no era un pleito, sino que había un esquema de organización”.

La complejidad de la situación era cada vez más clara para los abogados, la comunidad y las familias de las víctimas, ya que sabían que no sólo se trataba de un “grupito de talamontes”, reconocieron que se estaban enfrentando a una estructura criminal que contaba con el silencio y la omisión de las autoridades municipales y estatales.

“En la desaparición hay cuando menos omisión de parte de autoridades municipales; una omisión clara porque los policías municipales que vieron cómo se llevaban a los compañeros, no hicieron absolutamente nada para evitarlo”.

Así, el secreto a voces sobre una posible policía al mando del narco, se corroboró con los testimonios de personas que aseguraron que los elemento actuaban en complicidad para cometer los asesinatos y las desapariciones de los defensores y líderes comuneros.

María Juárez sostiene una cartulina con los volantes de recompensa que otorgó la Fiscalía General de la República para toda aquella persona que pueda dar información sobre el paradero de su esposo Rafael García Ávila.

* Rafael *

María Juárez González, es una de esas mujeres que convirtieron el miedo, en coraje y fortaleza; su esposo Rafael García Ávila, desapareció el 10 de febrero de 2011 en manos del narcotráfico y ante el silencio omiso de las autoridades municipales. En aquel entonces, ocupaba el puesto de Secretario de bienes comunales y junto con el señor Rafael, desaparecido también aquel día, fueron de los primeros en oponerse a la tala clandestina de los bosques de Cherán.

Creía con convicción en su deber y sabía que tenía que honrar el cargo que las personas del pueblo le habían otorgado; por ello, resultó difícil para su familia hacerlo desistir, aún y cuando el riesgo que corría era inminente; no faltaron las palabras insistentes de sus hijos y esposa, quienes preocupados le advirtieron que debía dejar la lucha para salvar su vida:

Mi esposo era autoridad comunal. Era secretario de bienes comunales. Eran doce integrantes y poco a poco se fueron retirando, y sólo quedó mi esposo y el tesorero; ellos siguieron en la lucha y la defensa. Nosotros como familia, como esposa, como hijos, le decíamos que se retirara porque el crimen organizado ya se veía muy mal, andaban muy mal y nosotros le decíamos que dejara ese cargo porque era muy peligroso, pero él dijo: “no, porque yo tengo un cargo, la gente me dio un cargo a mí, yo tengo que salir y entregarle ese cargo a otro, porque mis hijos algún día van a querer un cargo y van a decir “a esos no les den porque su papá dejo un cargo a medias, yo por eso quiero cumplir”.

Faltaban apenas tres semanas para concluir su gestión en el cargo, pero “no alcanzó a entregarlo porque se lo llevaron”, añadió la señora María.

Las denuncias que no prosperaron 

Sin una ley de por medio, sin la tipificación del delito y sin mecanismos o protocolos de actuación, las denuncias por las desapariciones forzadas de los defensores, fueron interpuestas ante el Ministerio Público de la Fiscalía General del Estado de Michoacán –antes Procuraduría- bajo el tipo penal de secuestro y extravío.

“Cuando nosotros asumimos los casos de las primeras desapariciones antes del 15 de abril, se colocaron dos de ellos como secuestro porque era la única forma de encuadrarlos, porque no había un tipo penal como desaparición; el otro fue por extravío o ausencia voluntaria”, precisó el abogado de las familias, David Peña.

Meses más tarde, tras la insistencia de los abogados, los tres casos fueron incorporados en la Fiscalía Antisecuestros –única figura jurídica que se apagaba al delito en su momento-, ahí permanecieron por lo menos tres años. Si bien, las familias reconocen que hubo “voluntad” al inicio del proceso, con el paso del tiempo fueron testigos, una vez más, de un escenario de complicidad que involucraba a las autoridades estatales con los grupos del narcotráfico, lo que evitaba el avance de las investigaciones:

En 2014 tuvimos problemas con el ex gobernador (Fausto Vallejo Figueroa) y con el ex procurador (José Martín Godoy) en distintos momentos. Hugo gente que nos dijo: “oigan, es que la gente del procurador no es gente de la Fiscalía Anti Secuestros, la gente de la Fiscalía Antisecuestros le trabaja a Los Templarios, entonces, las investigaciones que ustedes tengan ahí, no van a avanzar”, recuerda el abogado.

Otro incidente similar se tuvo con Jesús Reyna, gobernador Interino durante la administración de Fausto Vallejo; luego de tener varias reuniones con él, se evidenció públicamente el nexo que éste mantenía con Los Caballeros Templarios.

“Llegó un momento donde dijimos: el estar impulsando las investigaciones en la procuraduría local nos coloca en un mayor riesgo; por ello, decidimos replegarnos, hasta esperar a que cambiara la gente. Lamentablemente, la gente que sigue en la Fiscalía es la misma que opera desde hace años, entonces, nosotros no pudimos volver a regresar a una mesa de dialogo con las autoridades porque eventualmente pondríamos en riesgo a las familias”.

Rosa María, esposa de Armando Gerónimo, momentos antes de develar el memorial por los desaparecidos y caídos en Cherán.

* Armando *

Rosa María Hernández Guerrero es esposa de Armando Gerónimo Rafael, desaparecido también, el 10 de febrero de 2011. Él trabajaba como secretario de bienes comunales desde donde emprendió la defensa de los bosques; era jueves el día en que lo desaparecieron, ese día tenía que asistir a una reunión en Morelia a la que no alcanzó a llegar.

“Acababan de llegar de un pueblito cuando los levantaron; primero nos avisaron que se llevaron al esposo de doña Mary. Nosotros pensamos que mi esposo se había ido a ver quién se lo llevó, quién lo levantó y ya de ahí no regresó”.

Con siete hijos e hijas a su cargo, la señora Rosa María no tuvo más remedio que dedicar su vida a “sacarles adelante”, y superar los miedos que le abrumaban para convertirlos en fuerzas para continuar:

Un año duré muy triste, muy desesperada, muy derrotada, sin saber cómo iba a sacar adelante a mis hijos; un año sin nada, sin nadie. Muy triste fue. Al año le platiqué a mis hijas, les dije “sólo Dios sabe dónde está su papá, así que vamos a echarle ganas”.

No ha sido fácil, más allá del esfuerzo cotidiano que ésta y las demás familias realizan, no han existido apoyos públicos, como becas para estudiar o de manutención, mucho menos servicios de atención psicológica. Para ella, la única justicia que queda es la justicia divina, esa que sólo su Dios puede concederle porque, aunque sus exigencias son claras hacia el gobierno, reconoce que éste poco o nada ha hecho:

“Nunca no ha habido nada, ni justicia, ni nada, sólo justicia por Dios va a haber, ya que Dios sí sabe dónde está y donde quedó, pero nosotros no pudimos hacer justicia, pero él sí”.

Las instancias federales en la búsqueda de los desaparecidos de Cherán

Apostando una vez más por la vía institucional y entablando procesos de diálogo con las autoridades del gobierno federal, el abogado, David Peña, y las familias consiguieron que la ahora extinta Procuraduría General de la República (PGR) intervenga e inicie una investigación por delincuencia organizada en los casos de desaparición y asesinato de los líderes comuneros.

Si bien, Peña reconoce que la investigación en la PGR logró avances importantes, e, incluso, consiguieron que el caso fuese traído por la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), una vez más la infiltración de las redes criminales en las áreas de procuración de justicia del gobierno estatal afectó el proceso que llevaban.

Según explica, una orden de aprehensión y un acuerdo de recompensa fueron girados en contra de Cuitláhuac Hernández, alias “El Güero”, a quien se le identifica como operador del grupo de Los Caballeros Templarios y a quien se le responsabiliza de la tala clandestina del bosque Purépecha, la desaparición y el asesinato de personas en la zona. Sin embargo, a los dos días de que girara la orden de aprehensión, Cuitláhuac Hernández junto con otro sujeto fueron encontrados por militares dentro de una camioneta calcinada.

“La investigación que llevamos en PGR fue muy buena en términos de delincuencia organizada, la llevamos en SEIDO, ahí logramos una recompensa y una orden de aprehensión; pero cuando a nosotros nos informan de la recompensa y de la orden fue un miércoles y el sábado en la madrugada asesinaron al Güero y a sus dos lugartenientes, que eran contra quienes teníamos la recompensa y la orden de aprehensión… Pensamos que la información salió de la propia PGR, ya que ellos era mejor que los propios grupos se los echaran para, así, evitar que al ser detenidos, éstos hablaran”.

Después de estos hechos, feneció la investigación sobre los defensores del bosque desaparecidos.

Francisco, hermano de Jesús, sostiene la fotografía que cada año porta en los festejos de Cherán para que nadie olvide que su hermano, uno de los primeros defensores del bosque, aún sigue desaparecido.

* Jesús *

Jesús Hernández Macías fue al municipio de Paracho en Michoacán y ya no regresó, era 10 de febrero de 2011, misma fecha en la que se llevaron a Rafael y Armando. Unos días antes, Cuitláhuac Hernández y sus lugartenientes le amenazaron asegurándole que “no pasaría de esa semana”, pues Jesús -junto con otros compañeros- le habían quitado un camión con madera que recién habían talado y bajado de la sierra.

Sus hermanas Lucila e Isaura, así como su hermano Francisco, le recuerdan como un “ecologista práctico”, un defensor del bosque y los árboles que dio su libertad por acabar con los talamontes. Como comunero, fue de los primeros y de los pocos en reunirse para cesar el paso de los talamontes, dice con seguridad Lucila.

“Él decía: “vamos a hacerle frente”. Le tenía mucho amor al bosque, es como si vinieran y quisieran quitarle su casa”, narró Lucila, quien con añoranza, relata que Jesús dedicaba su vida al bosque, buscaba siempre la manera de cuidarlo: “le tenía mucha fe, si llegaba a talar algún árbol, sembraba tres”.

“Él le dedicó años  al bosque… le dedicaba mucho tiempo para cuidarlo, le tenía fe al bosque. Le gustaba, era un ecologista práctico que con hechos demostró que era bueno cuidar la naturaleza, le tenía amor a sus árboles”.

“El luchó por defender el bosque con hechos, aún tiene muchos árboles plantados que dejó y que le esperan de vuelta, en un terreno cerquita de Cherán”, dicen sus hermanos.

Jesús se encontraba al frente de su familia cuando fue desaparecido; su hermano Francisco tuvo que hacerse cargo. Desde entonces, el señor Francisco siempre se ha esforzado por exigir justicia y el regreso de su hermano, aunque considera que las autoridades comunales han dejado en el olvido los casos de las personas desaparecidas y asesinadas en la lucha.

“Ya todo quedó en el olvido, yo les digo: ¡qué ingratos, ni siquiera piden un minuto de silencio! Pero no nada; ellos siguen contentos y nosotros acá con nuestra pena”.

Este sentir lo comparten las familias de Armando y Rafael, así como, las de algunos de los once comuneros asesinados por la defensa de Cherán. Saben que aún existe una deuda social y política que debe de subsanarse con acciones reales que velen por la verdad, la justicia y la memoria de sus seres queridos.

“Todo se politizó, pero el dolor de nosotros ahí quedo; nosotros decimos que no es justo, que tengan y apliquen la justicia, que no se olviden que hay familiares, huérfanos y viudas, que hay personas que perdieron todas sus cosas. Nos lastima que no nos atiendan, pues nuestro gobierno local debe ser la puerta para seguir exigiendo y seguir tocando puertas”, puntualizó, el señor Francisco.

 

La reivindicación de la memoria

Entre los reclamos de las familias de los desaparecidos y caídos se encuentran la exigencia de memoria y no olvido social; así lo hicieron patente el pasado 14 de abril en la plaza principal del municipio de Cherán, luego de develar una placa con los nombres de sus seres queridos desaparecidos y asesinados en la lucha por la defensa del bosque.

Así, desde aquel día, sus rostros acompañados de cada uno de sus nombres, interpelan a oriundos y visitantes que, en el presente o en el futuro, de manera voluntaria o involuntaria, no podrán olvidar a aquellos que hoy faltan en Cherán.

En la placa puede leerse el siguiente mensaje:

“Porque no podemos olvidar que en la lucha por la autonomía de nuestro pueblo y en la lucha por hacernos una comunidad más fuerte, muchos compañeros perdieron la vida y otros más fueron desaparecidos para inhibir el proceso organizativo y de resistencia comunitaria.

No podemos olvidar que ellos son parte de esta lucha y que son parte de nuestra familia y nuestra comunidad, les seguimos buscando, les seguimos recordando, les seguimos queriendo”.

Este memorial ha sido producto del esfuerzo compartido, de la convicción y el amor con los que luchan sus familias, principalmente, sus esposas, sus hermanos y hermanas, hijos e hijas e, incluso, nietos que no les conocieron, pero que esperan tenerles de regreso:

“Como familiares de desaparecidos y caídos, es muy importante para nosotros que no se olvide. Al menos la familia no los olvidamos porque nos hace falta a nosotros. Es un homenaje justo para ellos, porque dieron su vida por su defensa del bosque. Llevamos ocho años y nunca se les había hecho un reconocimiento”, precisó la señora María, esposa de Rafael durante el acto de develación.

A la izquierda la señora Rosa María, esposa de Armando Gerónimo, y a la derecha la señora María, esposa Rafael García.

A la izquierda la señora Rosa María, esposa de Armando Gerónimo, y a la derecha la señora María, esposa Rafael García.

Una agenda comunitaria que priorice la justicia como elemento transversal

“La justicia era un eje fundamental en el primer Concejo Mayor, en el segundo Consejo ésta se difuminó un poco y con este Tercer Concejo se busca recuperar ese tema; ya no como un clamor popular, sino como un tema de agenda política de esta autoridad, con compromisos con autoridades del gobierno federal y estatal”, puntualizó el abogado David Peña, luego de hacer un análisis sobre el trabajo que las autoridades comunales, han llevado a cabo en la agenda local de justicia por las víctimas del conflicto.

Hay mucho tema por avanzar, dice, y es que, aunque exista una libre autodeterminación, parece que las y los desaparecidos, permanecerán siempre en un segundo plano: “es un tema complicado, entendemos que vienen de una dinámica diferente, pero al final tu acarreas prácticas, estructuras que no se te quitan de un día a otro”, explicó.

Sin embargo, añade que los miembros del Concejo Mayor, son autoridades del Estado Mexicano que están obligadas en términos de sus responsabilidades a trabajar en esta problemática social. De ahí que el llamado de las familias es el de generar una agenda que considere fundamental la verdad, la reparación y la reivindicación de la memoria.

Consideran, además, que estos temas deben estar integrados bajo una noción de justicia transversal y un plan conjunto construido entre las autoridades comunales, las familias y sus acompañantes.

Esta propuesta, enfatiza el abogado, debe ser multinivel; es decir, que atienda el tema de la búsqueda, pero también el apoyo directo a las familias en los ramos de salud, educación y atención psicológica y psicosocial, ya que ninguna de ellas ha recibido terapia después de la pérdida o desaparición de sus seres queridos. Además la estrategia, debe incluir también  la reivindicación de la memoria histórica de las víctimas que lucharon por la liberación del pueblo de Cherán.

“Hay que innovar en los procesos de justicia, si se innovó en el proceso político y organizativo, hay que innovar también en los procesos de justicia, los cuales no tienen que responder sólo a lo jurídico”, advirtió David Peña.

Por ahora, luego de insistir por varias semanas, las familias han conseguido que el Tercer Concejo Mayor de Cherán les reciba para dialogar sobre sus necesidades y generar con ello una propuesta de intervención sobre la problemática. Las familias esperan que estas nuevas autoridades no olviden que quienes hoy les dan la oportunidad de conformar este gobierno libre y autónomo siguen desaparecidos o, bien, murieron para sólo ser recordados cada 15 de abril.

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