Renuncias en el gabinete

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Foto: Reuters

Por Max González Reyes

El pasado 9 de julio el entonces Secretario de Hacienda y Crédito Público, Carlos Urzúa, publicó en los medios de comunicación una carta en la que hacía pública su renuncia al cargo. La misiva cayó de sorpresa pues en su conferencia mañanera de ese día el Presidente Andrés Manuel López Obrador no había externado opinión alguna al respeto.

En su carta de renuncia el ex Secretario señaló que los motivos que lo orillaron a renunciar fueron las “discrepancias en materia económica” en la Secretaría. En opinión del ex funcionario se han tomado decisiones de política pública sin “el suficiente sustento”. Abundó que “estoy convencido de que toda política pública debe realizarse con base en evidencia, cuidando los diversos efectos que ésta pueda tener y libre de todo extremismo, sea éste de derecha o izquierda”. Reiteró que durante su cargo al frente de la SHCP, había funcionarios que desconocían de Hacienda Pública, lo cual “fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés”.

La renuncia de Carlos Urzúa se suma a la de Germán Martínez Cázares, quien dejó su cargo como titular del IMSS, y al hacerlo denunció la «injerencia perniciosa” de funcionarios de Hacienda al Instituto; así como la de Josefa González Blanco, quien era Titular de la Semarnat, luego de la polémica que ocasionó por retrasar un vuelo de avión.

Salvo la dimisión de González Blanco, las renuncias de Martínez Cázares y Urzúa han estado envueltas en la polémica pues ambos han expuesto de manera pública sus diferencias con el actual mandatario López Obrador.

En el caso de Urzúa, el Presidente señaló que las diferencias fueron principalmente con él. Precisó que una de ellas fue el Plan Nacional de Desarrollo, pues mientras el exsecretario deseaba una versión, la que quedó finalmente fue la que él mismo redactó. Reconoció que Urzúa también tuvo diferencias con Alfonso Romo cuando a éste se le pidió ayudar en el funcionamiento de la Banca de Desarrollo, así como con Germán Martínez, exdirector del IMSS, y con Margarita Ríos-Farjat, directora del SAT.

Casi de manera paralela, cuando aún no se asimilaba la renuncia de Urzúa, surgió la noticia que el Presidente nombraba a Arturo Herrera como nuevo Titular de la Secretaría de Hacienda. En un video difundido en redes sociales, el Mandatario hacía público el nuevo nombramiento. En ese acto llamó la atención la actitud de Herrera al momento de ser nombrado, pues mientras en Presidente hablaba él tenía una expresión de sorpresa y asombro en su rostro, pues minutos antes había anunciado que el Presidente daría una conferencia aunque sin precisar el tema. En menos de una hora, López Obrador aceptó la renuncia de Urzúa y nombró a Herrera.

Si bien es cierto, estas son las primeras renuncias que se presentan en este sexenio, históricamente son pocas las que se han presentado en una cartera estratégica como lo es Hacienda. Algunas de las renuncias han sido porque les antecede un desastre económico como la de Jaime Serra en 1994 o Jesús Silva Herzog; por buscar algún otro cargo, como los casos de Agustín Cartens, Guillermo Ortiz, y tiempo más atrás Antonio Ortiz Mena; o llegar a una candidatura: José Antonio Meade, Ernesto Cordero, José López Portillo.

La renuncia de Urzúa es singular pues a decir del Presidente López Obrador el economista tenía posturas neoliberales siendo que su relación viene de 1996, cuando el ahora ex funcionario era catedrático de El Colegio de México y López Obrador presidente del PRD. Posteriormente en el año 2000, cuando López Obrador asumió la jefatura de gobierno del Distrito Federal lo nombró secretario de Finanzas, cargo que ocupó hasta 2003.

El propio Presidente dijo que una de las diferencias con Urzúa fue en torno al Plan Nacional de Desarrollo. Señaló que el mismo tuvo que escribir la versión definitiva. Es probable que, más bien, el Mandatario impusiera su visión de la economía por encima de la de Urzúa.

Más allá de la renuncia, lo relevante del tema es la forma en que se han presentado éstas. A diferencia de los sexenios anteriores, donde si bien también había diferencias, se cuidaban las formas de tal modo que se hacía un acto protocolario para despedir al que se iba y darle la bienvenida al nuevo funcionario. Actualmente las renuncias y diferencias se hacen públicas, aunado a que integrantes del gabinete y funcionarios afines al partido gobernante, Morena, desprestigian al que renunció como si su paso por el gobierno hubiera sido un error. Ojalá no sea el común denominador de la presente administración.

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