La Revolución de las Mujeres: del Istmo hasta Kurdistán

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Texto y fotografías: Mario Marlo/@Mariomarlo

“Hoy en los mapas oficiales no se puede encontrar Kurdistán, ya que Kurdistán como nación no existe. Hoy el pueblo más grande del mundo no es reconocido oficialmente como una nación, pero si hoy les preguntan a los kurdos por esto, les van a decir que estamos muy felices de nunca haber tenido un Estado-Nación y  de que nunca vamos a tenerlo porque fueron los Estados-Naciones quienes prohibieron nuestra lengua, ocuparon nuestro territorio y dividieron Kurdistán en cuatro partes, Iran, Irak, Siria y Turquia”.

Así dio inició Melike Yasar su participación en el Foro “Comunalidad y mujeres ante la guerra capitalista”, realizada como parte del seminario Revolución de las mujeres, confederalismo democrático y luchas de autonomía de la Cátedra Jorge Alonso de la Universidad de Guadalajara (UdeG), el cual se desarrolló en el auditorio Salvador Allende del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la UdeG.

Melike Yasar, representante del Movimiento de Mujeres de Kurdistan en América Latina y miembro de la Comisión de Relaciones Internacionales del Congreso Nacional de Kurdistan, tiene la encomienda de dar a conocer la historia de lucha del pueblo kurdo y tejer relaciones con los pueblos de América Latina.

“En la revolución de Kurdistán, yo siempre digo que nosotras no tenemos ningún papel en la revolución porque somos las que estamos haciendo la revolución. El papel de los hombres, es el que tienen que cambiar, su mentalidad patriarcal y feudal, por que nosotros creemos que un Kurdistán libre puede ser libre con las mujeres.”

Orgullosa, Melike cuenta que los kurdos son el pueblo más grande del mundo sin ser reconocido oficialmente como un Estado-Nación. Kurdistán es uno de los pueblos originarios del Medio Oriente, antes conocido como Mesopotamia, que fue dividido en 1923, después de la caída del imperio Otomano. De éste tras el termino de la Segunda Guerra Mundial se crearon en cuatro países: Irán, Irak, Siria y Turquía, quedando prohibida su lengua, cultura y religión.

Los kurdos están compuestos actualmente por más de 45 millones de personas; 20 millones viven en el este de Turquía; nueve millones en Irán; ocho millones en el norte de Irak; cinco millones en Siria y más tres millones en Europa y otras partes del mundo.

Para los kurdos, la Liberación de Kurdistán no sólo es por un territorio, sino para construir una vida libre del nacionalismo, capitalismo y el patriarcado.

“No se puede destruir el capitalismo, sin destruir el estado, y no se puede destruir el estado sin destruir el patriarcado (…) Hace 20 años no podríamos imaginarnos que una mujer podía salir sola de su casa, que una chica de seis años tenía que casarse con un hombre de 60 años o que una mujer que fuera asesinada en el nombre del honor de la sociedad… por esto es que para las mujeres kurdas la religión y el Estado representan al patriarcado”.

Sin embargo, para las mujeres kurdas, la lucha más fuerte no se dio con el levantamiento en armas contra el estado Turco y el Islam, sino contra sus propios compañeros y compañeras.

“Nuestra arma fue la organización autónoma de las mujeres contra nuestra propia sociedad no solo contra el Estado Islámico. El 10% es una lucha armada, mientras que el 90% es la lucha dentro de la sociedad para cambiar la mentalidad de los hombres y ganar espacios.”

Ente lo anterior, las kurdas levantaron sus voces con el ¡Jin, Jiyan, Azadî! ¡Mujer, vida y libertad! consigna del Movimiento de Mujeres de Kurdistán que través de la Jineolojî, Ciencia de las Mujeres buscan recuperar el conocimiento de las mujeres y así colocarlas como protagonista de su historia.

“Gracias al Movimiento de Liberación de las Mujeres de Kurdistán, por primera vez en la historia, las mujeres comenzaron hablar libremente de democracia y revolución. La mayoría de nosotras eramos jóvenes, no sabíamos leer ni escribir, fue en las montañas donde se inició discusión, en medio de la guerra se empezó a plantear la ideología de un Kurdistán libre pero con las mujeres.”

Bettina Cruz y su lucha contra las eólicas

Para Bettina Cruz, defensora de los derechos humanos en México e integrante de la Asamblea de los Pueblos Indígenas del Istmo de Tehuantepec (APIIDTT), en el municipio de de de Santa Maria Xadani, Oaxaca; la lucha de las mujeres indígenas del Istmo es una lucha por la vida.

Desde hace más de 13 años, Bettina y la APIIDTT han luchado contra las empresas eólicas que con la promesa de desarrollo y trabajo se han instalado en el Istmo de Tehuantepec; sin embargo, el resultado ha sido otro: falta de información, división en sus comunidades, amenazas, asesinatos y hostigamiento contra las mujeres y hombres que se oponen a la instalación de estos megaproyectos.

Tan sólo en el Istmo, hasta la fecha, se han instalado al menos 28 parques eólicos con 2,132 aerogeneradores, que generan 3000 megawatts por hora, lo que según Bettina, causan fuertes impacto en el ambiente y en la relación de los pueblos.

“Estos megaproyectos de energías renovables han generado muchos problemas al interior de nuestras comunidades, conflictos en nuestra vida, nos han hecho pelear entre pueblos, entre hermanos.”

Es por esto que afirman que su lucha es en contra de las eólicas:

“En diferentes lugares donde hemos estado no entienden por qué nosotros luchamos contra las eólicas, la energía renovable. Ustedes están locos, nos dicen, ¿Por qué luchan contra la energía renovable sí es la energía que va a salvar al mundo?”

Para la APIIDTT, el problema no es la energía renovable, sino los que controlan esta energía, las multinacionales, Iberdrola, Cemex, Acciona, Électricité de France, Peñoles, Eyra, Gamesa, Demez y Enel.

“La energía que producen las eólicas instaladas en el Istmo, no es para la gente de los pueblos, es para las empresas como Walmart, Chedraui, Peñoles, y las mineras que se están instalando en la zona, entre otras, entonces ¿Dónde está el proyecto de desarrollo? ¿Dónde está el empleo que están ofreciendo? Esta energía no es benéfica para la gente ni para la naturaleza. Una verdadera energía renovable, debería de estar en manos de las comunidades, comunidades indígenas, comunidades de usuarios, en las ciudades, en el campo”.

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