Federico Roca: dramaturgo uruguayo

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El arte siempre es expresión y «termómetro» de la realidad social.

Federico Roca

Por Humberto Robles/@H_Robles

Tras un breve encuentro que sostuve con Federico Roca y otros artistas uruguayos en la Ciudad de México, leí tres obras de este dramaturgo nacido en 1974. Si no me equivoco, nos conocimos cuando yo vivía en Montevideo y él era integrante del coro De Profundis al que también pertenecía un queridísimo amigo de ambos, Alejandro Arezzo, quien lamentablemente falleció hace unos años. Además de tener muchas amistades en común, compartimos el amor por el teatro y la dramaturgia.

Aunque Federico nació en Montevideo, el joven que soñaba con ser bailarín clásico vivió su infancia y adolescencia en la ciudad de Durazno donde ingresó al Conservatorio Municipal de Música. Posteriormente regresó a su ciudad natal para estudiar Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales, e ingresó a la Escuela Municipal de Música y a la Universitaria de Música donde estudió dirección orquestal. En esa época se comenzó a relacionar con varios grupos de teatro e inició su carrera como dramaturgo. No es algo de extrañar, ya que si algo caracteriza la vida montevideana es la gran cultura teatral que existe por lo que, tarde o temprano, el teatro iba a llegar a Federico, o Federico iba a llegar al teatro.

Ha sido director del Coro de Juventus, cantante y flautista en la Antique Chambre des Troubadours, docente de canto y coordinador pedagógico en la Escuela de Comedia Musical de Montevideo, fue columnista durante dos años de “Historias Mínimas” y es autor del libro para niños “El chou de los lagartos”, editado por Editorial Alfaguara. También ha sido guionista de televisión; junto a Oscar Estévez fue co-autor del guión de la película «El sereno», y es maestro del curso de guión de la escuela de actuación y oficios cinematográficos “La Escena”. En el 2008 la Intendencia Municipal de Durazno le otorgó el premio “Banda del Yí” por su trayectoria artística.


Como dramaturgo, es autor de varias obras entre las que destacan Día 16”, “La posteridad de las ratas”, “Pequeña pieza psicopática”, “Mujeres en Oferta”, “SEIS, todos somos culpables”, “Tal vez tu sombra”, “Mi Vida Toda”, “Descaradas” (que tiene el récord de permanencia de una obra de teatro en cartelera en Chile: cinco años y medio), entre muchas más. De estas, varias han sido montadas en Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Estados Unidos, España, México, Perú, y se han traducido a varios idiomas. Por su obra “Día 16”, fue premiado con el Premio Florencio 2016 como Mejor Autor Nacional, otorgado por ACTU (Asociación de Críticos Teatrales del Uruguay).

En días recientes leí tres de sus obras las cuales, por una u otra razón, están vinculadas entre sí, y quedé deslumbrado por la dramaturgia de este autor. “SEIS, todos somos culpables”, surge de una conversación con una de sus mancuernas creativas, el director de escena Fernando Rodríguez Compare; ambos debatían sobre el conservadurismo que ha venido escalando como respuesta a la lucha por los derechos LGTBQI, y deseaban llevar su activismo a la escena. Al no poder adquirir los derechos autorales de la obra The Laramie Project, sobre el crimen de odio perpetrado contra el joven Matthew Shepard, pensaron ir a Chile para investigar el asesinato de otro joven, Daniel Zamudio. Sin embargo, en ese momento comenzaron en Uruguay los asesinatos de mujeres trans y de ahí surgió este texto con base testimonial. “Lo que nos llevó a este trabajo fue nuestra necesidad de dar respuesta, desde el arte, a eso que ocurría, y ocurre, en nuestra sociedad, narra el autor. La obra se presentó en el festival artístico LGTB Fuerza Fest de Nueva York y obtuvo varios premios como los de Mejor Actriz, Actor, Director, Espectáculo y Dramaturgia, y estuvo nominada por los ACE Awards, Asociación de Cronistas del Espectáculo de Nueva York.

Mi vida toda” proviene de la investigación que el autor realizó para “SEIS”, y trató de incluirla en ese texto, sin embargo Rodríguez Compare le comentó que esa historia era digna de ser una obra por sí sola y Federico seguió su recomendación. En este caso, el autor se adentra en una historia de amor lésbico a principios del siglo XX, y fue dirigida por otra de sus mancuernas teatrales, la también actriz Alicia Dogliotti.

Durante su investigación para “SEIS”, Federico encontró otro tema en el cual se adentraría más adelante: el de la mutilación genital femenina. Así descubrió que los médicos británicos del siglo XIX pensaron que habían encontrado la cura de la histeria, “algo que diagnosticaban con una facilidad pasmosa”. En pocas palabras, nos dice Federico, “cuando la mujer jodía mucha era una histérica. Y entonces sacaban clítoris, y sacaban labios mayores, sacaban labios menores y cuando no se conformaban también sacaban útero y ovarios.” Más adelante, esta técnica llegó a Estados Unidos y se practicó hasta los años 70 del siglo XX; para esas fechas ya no se trataba de curar la histeria, sino de evitar que las jovencitas se masturbaran. “Se volvían locas esas mujeres, caían en depresión, se volvían sicóticas, padecían de incontinencia sexual, porque no sentían nada. En los 90 estas mujeres que fueron amputadas en las décadas anteriores empezaron a hablar y yo conseguí testimonios”. Escudriñando en el tema, el dramaturgo se aventura a suponer que Tennessee Williams no nos había contado todo y solo nos dejaba entrever que Blanche DuBois había sufrido ablación femenina; es así como Federico toma uno de los personajes femeninos más emblemánticos del teatro para reconstruir su pasado y situarla 20 años después de “Un tranvía llamado deseo”.

Las obras de Federico son sólidas, profundas, complejas, poseedoras de una poética propia, con diálogos que fluyen naturalmente y donde no sobra palabra alguna. En sus textos se aprecia su compromiso social, con un discurso claro y contundente, ya sea a favor de la comunidad LGTB, como digno aliado de la lucha femenina o de otros grupos marginados de la sociedad. Para conocerlo más, les recomiendo visitar su blog Y ahora qué me querés decir donde nos habla en primera persona, y para leer su obra los invito a descargar sus textos de la página Dramaturgia Uruguaya.

En este mundo globalizado, esperemos que muy pronto más directores y productores teatrales monten las obras de Federico Roca; en espacial sería encomiable que los teatreros hispanoparlantes volteen sus ojos al sur y se acerquen a la dramaturgia uruguaya, en particular a la de este autor que logra lo que pocos escritores han conseguido: hacer que sus obras tengan un lenguaje universal ahondando en temas que, de una u otra forma, nos conciernen a todes.

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