«No puedo quedar callada cuando conozco que a diario hay muchas mujeres que son acosadas, atacadas, asesinadas.»: Obtilia Eugenio

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Por Mario Marlo/@Somoselmedio

Esta mañana durante la conferencia mañanera de Andrés Manuel López Obrador, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos otorgó el Premio Nacional de los Derechos Humanos 2019, a la activista Obtilia Eugenio Manuel, integrante de la organización del pueblo indígena Me’Phaa, Asociación Civil.

Durante su intervención Obtilia Eugenio Manuel, originaria de Barranca Guadalupe del municipio de Ayutla de los Libres, Guerrero, destacó que recibir este premio es una gran responsabilidad para ella.

«Recibir este reconocimiento vale mucho para mí, pero es también una gran responsabilidad de ser mujer, por ser indígena. Mi conciencia me dice que debo seguir luchando por los derechos humanos, no puedo quedar callada cuando conozco que a diario hay muchas mujeres que son acosadas, atacadas, asesinadas.»

Exigió que la violencia contra las mujeres se acabe de una vez por todas: «Hoy tengo la oportunidad de decir ante usted, ante el pueblo, lo que pienso. Por eso pido que la violencia contra las mujeres en los pueblos, montañas, sierras, ciudades, calles, transportes, en fábricas, en oficinas, escuelas y universidades se acabe de una vez por todas. Ya no queremos ni un violador más en nuestro camino.»

La defensora de los derechos de los pueblos me’pah, narró el racismo que ha vivido ella y su pueblo por sus orígenes. «Mi pueblo originario es el me’pah, aunque todos nos dicen tlapaneco, pero eso es insulto, quiere decir ‘cara sucia’, ‘cara meca’. No pude terminar el bachiller por falta de dinero. No hablo bien el español, lo aprendí a la fuerza en una casa que consiguió mi padre para que pudiera estudiar la secundaria. Los de la casa se enojaban y me maltrataban porque no entendía en su lengua.»

Con valentía, Obtilia recordó la desigualdad que vivió de niña resultado de la pobreza y la desatención de los gobierno estatales y federales. «Desde niña sentí gran dolor en mi corazón. En mis brazos murieron mis dos hermanos pequeños, los mató el sarampión; no sólo a ellos, 40 personas, hombres y mujeres y niños de mi pueblo. Fue hace 30 años. Nunca nos vacunaban, no teníamos camino ni escuela. Esos gobiernos nos olvidaron, creo que por ser indígenas.»

En su discurso, la defensora denunció las violaciones a sus derechos humanos por parte del ejército mexicano. Recordó como soldados los agredieron, violaron a las mujeres de su comunidad por el hecho de ser supuestos zapatistas.

A pesar de las denuncias contra el ejército mexicano realizadas por la Defensora, el presidente, destacó que actualmente, la participación de las Fuerzas Armadas en las tareas de seguridad pública tiene como premisa actuar con respeto a los derechos humanos.

En seguida, reproducimos el discursó de Obtilia Eugenio Manuel

Les traduzco. Les saludé en mi lengua, me’ pah, que le saludo de que yo esté bien acá y aunque sea lejos se vinieron, pero estám aquí con nosotros para el trabajo que realizamos como organización.

Igual, como dijeron, mi nombre es Obtilia Eugenio Manuel, soy del estado de Guerrero, mi comunidad se llama Barranca Guadalupe del municipio de Ayutla de los Libres, pueblos originarios. Es el me’pah, aunque todos nos dicen tlapaneco, pero eso es insulto, quiere decir ‘cara sucia’, ‘cara meca’.

No pude terminar el bachiller por falta de dinero. No hablo bien el español, lo aprendí a la fuerza en una casa que consiguió mi padre para que pudiera estudiar la secundaria. Los de la casa se enojaban y me maltrataban porque no entendía en su lengua.

Hoy en me encuentro en este Palacio Nacional con mucho orgullo y honor por estar con todos ustedes y con el presidente López Obrador, en quien he depositado mi confianza y esperanza para que juntos y nuestro pueblo cambiemos nuestro país.

Desde niña sentí gran dolor en mi corazón. En mis brazos murieron mis dos hermanos pequeños, los mató el sarampión; no sólo a ellos, 40 personas, hombres y mujeres y niños de mi pueblo. Fue hace 30 años. Nunca nos vacunaban, no teníamos camino ni escuela. Esos gobiernos nos olvidaron, creo que por ser indígenas.

Mi padre me dijo que estudiara para defender a mi pueblo. Por eso, me llevó a estudiar la secundaria a la cabecera municipal.

Cuando se levantaron los indígenas zapatistas en Chiapas, en mi pueblo llegaban los soldados, decían que nosotros éramos zapatistas. Nos maltrataron, violaron cuatro mujeres indígenas de mi comunidad. Nunca hubo justicia.

En el año 2002, junto con otros compañeros, empezamos a organizarnos. Soldados volvieron a violar a dos mujeres indígenas de nuestra organización, del pueblo indígena me’phaa, OPIM.

Desde ese tiempo hemos sido acosados y amenazados por gente del Ejército en complicidad con grupo delincuencial organizado. A mi hermano lo metieron en la cárcel y mataron al hermano de una de las mujeres violadas, asesinaron a mi prima con la que fundamos la organización y a sus dos hermanos y a mi tía; encarcelaron de manera injusta a cinco compañeros y mataron a dos compañeros, al dirigente del pueblo nasabi.

Actualmente hay orden de aprehensión en contra de mis hermanos por un delito que el gobierno de Zeferino Torreblanca fabricó en contra de integrantes de nuestra organización.

La historia que conozco de mi pueblo ha sido sufrimiento, también de lucha. En mi municipio se cometió la Masacre del Charco, en el estado de la matanza de Aguas Blancas; en Chiapas, del Acteal; los estudiantes asesinados en Tlatelolco. Hoy convivimos diario con graves problemas de violencia en seguridad.

Recibir este reconocimiento vale mucho para mí, pero es también una gran responsabilidad de ser mujer, por ser indígena. Mi conciencia me dice que debo seguir luchando por los derechos humanos, no puedo quedar callada cuando conozco que a diario hay muchas mujeres que son acosadas, atacadas, asesinadas.

No entiendo esta violencia contra nosotras, menos en los centros de estudios donde se supone que está la gente más civilizada y no se respeta a las mujeres.

Celebro el apoyo, la lucha en contra de la corrupción que ha emprendido el señor presidente, pues en muchos ayuntamientos sigue como algo normal, se da principalmente en la construcción de la obra.

En Ayutla hubo cambio para elegir a las autoridades municipales, pero no ha cambiado nada, no se ve la diferencia.

En febrero de este año fui secuestrada y torturada por denunciar la corrupción. Sigo viva gracias a las amplias movilizaciones colectivas y mujeres de organizaciones sociales, derechos humanos.

La verdadera policía comunitaria nació hace 22 años en La Montaña, está controlada por la asamblea de cada comunidad, su representación se llama Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias, la cual es un sistema de seguridad y justicia indígena que ha servido para combatir la delincuencia.

Las autodefensas son otra cosa. Nacieron en buena intención, sin embargo, han sido penetradas por la delincuencia. Y una vez se hace labor de policía, deteniendo personas sin justificaciones, pidiendo, dinero, otras veces hacen peor. En mi municipio no hay policía municipal.

Como indígena carecemos de muchas cosas, también tenemos gran responsabilidad con nuestro país. Entiendo que el cambio se debe de dar de abajo hacia arriba, pero de arriba hacia abajo también. La situación actual dice que debemos tomar nuestro papel como ciudadanas y ciudadanos para transformar nuestra realidad.

Hoy tengo la oportunidad de decir ante usted, ante el pueblo, lo que pienso. Por eso pido que la violencia contra las mujeres en los pueblos, montañas, sierras, ciudades, calles, transportes, en fábricas, en oficinas, escuelas y universidades se acabe de una vez por todas. Ya no queremos ni un violador más en nuestro camino.

Pido también que el dinero que manda el gobierno federal a los ayuntamientos, a la obra pública sea entregado directamente a los pueblos mediante su comité de obra nombrado por su asamblea para evitar más corrupción.

A la verdadera policía comunitaria debe de apoyarse en el marco legal con el que actúa la seguridad y justicia correspondiente. El Estado debe de asumir su plena responsabilidad y también corresponde el desarrollo nacional.

Por todo esto, desde aquí le solicito atentamente una reunión de trabajo para plantearles nuestra propuesta de desarrollo de manera conjunta, trabajar. Como bien lo dice, primero los pobres, y nosotros, los pueblos originarios, somos los más pobres.

Muchas gracias por escucharme.

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