México, dos décadas de incertidumbre

0

Por Max González Reyes

México entra a la segunda década del siglo XXI con la misma incertidumbre con la que lo inició. Como se recordará, en el año 2000 la derrota del otrora partido hegemónico en el poder auguraba un periodo de cambio: después de más de siete décadas de un partido creado por y para gobernar perdía la Presidencia de la República. Esa coyuntura prometía un cambio, toda vez que el candidato ganador, Vicente Fox, del PAN, se presentó con esa bandera.

Aquella esperanza tenía razón de ser, pues la derrota del PRI al máximo cargo representaba la salida de un sistema que se había montado sobre la corrupción y la arbitrariedad de tal manera que le dieron al país relativa estabilidad política y económica, así como control de la violencia a través de la repartición de parcelas de poder para controlar brotes de ingobernabilidad en diferentes zonas del país.

Fue precisamente el desgaste del control político lo que derivó que desde el PRI en el poder surgieran voces de inconformidad que pedían se abriera el sistema a un proceso democrático en la elección de sus candidatos, particularmente el relativo a la Presidencia de la República. Derivado de esa cerrazón fue que surgió al interior del PRI la Corriente Democrática que a la postre dio paso al Frente Democrático Nacional con Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez como sus principales representantes.

Por otro lado, pero no menos importante, el deterioro de la economía llevó a un descredito de la clase gobernante, ello derivado de la implantación de un modelo económico neoliberal, que para finales de los años ochenta y principios de los noventa ya mostraba su rotundo fracaso, no obstante que la clase gobernante lo siguió implementando.

A la par de ello, las reformas electorales fueron abriendo poco a poco el sistema de partidos a tal grado que las organizaciones que en los años setenta no podían tener su registro oficial, para la década de los noventa tenían un reconocimiento público y legal.

Estos factores llevaron a que el cambio prometido por Fox fuera lo que lo llevara a la Presidencia en aquel 2000 que aún se recuerda.

Sin embargo, la esperanza del cambio prometido se fue diluyendo conforme pasaron los primeros años del gobierno del panista. Así pues, para 2006 se presentó la elección mas cerrada de la historia reciente de nuestro país. La diferencia entre el primero y segundo lugar fue de apenas medio punto porcentual. Ganó otro panista, Felipe Calderón, pero la falta de credibilidad que no obtuvo en las urnas la quiso obtener a través de la implementación de una política de combate al crimen organizado. Terrible error pues llevó al país a un baño de sangre del que aun no nos recuperamos. Al confrontar a la delincuencia, el Presidente Calderón convirtió al país en un cementerio. Visto en retrospectiva, salió peor el remedio.

Con este antecedente el PRI obtuvo de nuevo la presidencia en 2012, con un candidato creado desde la televisión, montado en su imagen de galán y con una esposa creada a modo para dar la imagen de buen esposo. Sin embargo, todo fue volver al viejo PRI que ya conocíamos. Durante el sexenio volvió la corrupción, si es que esta en algún momento se fue. El sexenio estuvo marcado por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, la corrupción de algunos gobernadores del PRI, así como por el caso de la llamada Casa Blanca y la Estafa Maestra.

El hastío de dos sexenios panistas y la cara nueva del viejo PRI dio argumentos a una oposición que también se recomponía. Así, Morena, partido creado en 2014 por Andrés Manuel López Obrador, pasó de la niñez a la madurez sin pasar por la adolescencia y juventud, pues de obtener su registro pasó a competir en 2018 por la presidencia y ganarla. López Obrador llegó a la máxima magistratura en su tercer intento.

López Obrador llegó a la Presidencia con el 50 por ciento de los votos, lo cual lo convierte en el Presidente más votado de la historia del país. Con el mismo discurso de cambio, aunque distinto de Vicente Fox, la perspectiva que levantó aun está vigente. El actual Mandatario ha emprendido una política de austeridad, lo que implica un recorte en todas las áreas de la administración pública; ha renunciado a privilegios que los otros presidentes habían gozado; revivió el Palacio Nacional como casa presidencial; convirtió la lujosa Residencia Oficial de Los Pinos en museo; viaja en avión comercial y carreteras; y todos los días da conferencias a las 7 de la mañana, entre otros aspectos que han puesto sello a su administración. No obstante ello, la economía continua estancada, pese a que el presidente ha dicho que tiene otros datos.

A pesar de ya haber cumplido un año, aun es prematuro evaluar al actual gobierno. Muchas voces han manifestado su inconformidad en torno a la forma de hacer política de López Obrador. La crítica principal se resume en que el Presidente concentra en su persona todas las áreas del gobierno en detrimento de su gabinete; otros más lo señalan como populista. Lo cierto es que a un año de su administración aun conserva buena parte de la simpatía de los ciudadanos, lo cual muchos ex mandatarios no pueden presumir.

Por lo mencionado anteriormente, México inicia el 2020 con la incertidumbre de décadas pasadas. La moneda está en el aire, poco a poco irá cayendo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here