El peligro del neofascismo en la Universidad Autónoma Metropolitana

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Algunas reflexiones sobre un futuro que no querríamos en México…

Enrique G. Gallegos
Profesor de la UAM

El arribo de los gobiernos conservadores y ultraconservadores con prácticas cercanas al neofascismo o deliberadamente neofascistas, no es un fenómeno contingente y ajeno a la deriva neoliberal de los últimos tiempos. Si bien neoliberalismo y neofascismo obedecen a diferentes arreglos, prácticas y racionalidades, en el momento actual no han hecho sino coincidir al grado de que se retroalimentan y refuerzan en función de diferentes contextos. Con sus diferencias, los casos de Bolsonaro en Brasil, Trump en Estados Unidos, Vox en España y, más recientemente, Áñez en Bolivia, se caracterizan no sólo por el fundamentalismo religioso, el racismo y odio a migrantes, feministas, pobres, indígenas, extranjeros y a los movimientos LGBTI, sino también por apuntalar salvajes mecanismos de acumulación del capital a costa de las y los trabajadores. Como ha argumentado Tannenbaum en su clásico La experiencia fascista para el caso de los fascismos históricos, pero también vigente para los neofascismos contemporáneos, las relaciones de aquellos con las lógicas del capital eran estrechas y tenían como objetivo común eliminar a los trabajadores organizados y combatir al socialismo.

A primera vista resulta perogrullesco afirmar que la UAM, a través de sus actividades sustantivas, recupera los valores humanistas que ponen en el centro el respeto a las personas y sus prácticas culturales; si bien esto aún se promueve en algunos espacios universitarios, particularmente en las aulas, lo cierto es que el funcionamiento de la UAM ha sido sometida a la gestión, prácticas e interpretaciones neoliberales por parte de sus actuales administradores. Esta deriva neoliberal en gran medida es implementada por la generación de políticos que actualmente controlan la UAM desde hace cuando menos 15 años. El Rector General, los Rectores de Unidad y no pocos de los Directores Divisionales forman parte de esos grupos neoliberales que someten las actividades sustantivas al mortífero aparato neoliberal y que ha implicado la tendencia a desregularizar el trabajo y los derechos sociales que protegen a los trabajadores.

En las Unidades universitarias de la UAM encontramos esas prácticas sistemáticas de violación a los derechos sociales y humanos de los trabajadores y al Contrato Colectivo de Trabajo (CCT). Todo pareciera sugerir que el proyecto transgeneracional de los rectores neoliberales sería una suerte de universidad uberizada en la que los trabajadores se transforman en uberprofesores y uberempleados. Según algunas fuentes, los profesores temporales ya ofrecen cerca del 30% de la docencia que se imparte en la UAM.

Hay que recordar que la política de desregulación del trabajo tuvo sus principales impulsos en los gobiernos neoliberales del Thatcher y Reagan en los años ochenta, pues combatieron dura y violentamente a los trabajadores y a sus organizaciones. Esto implicó dos cosas: por un lado, desmanteló el trabajo protegido por los derechos colectivos y, por el otro, demonizó a los sindicatos. De esa manera, despojó al trabajo de su componente emancipatorio y de la lucha contra la desigualdad y explotación. El siguiente paso en esa estrategia global y local fue la construcción del trabajador como lastre, estorbo y carga social, hasta su final asimilación con el enemigo que pone en riesgo a la sociedad.

En ese marco adquiere plena legibilidad la actual administración de la UAM, que no sólo ha intensificado las prácticas y políticas neoliberales que pretenden desregularizar el trabajo, sino que por el trato despectivo a los trabajadores administrativos por parte del Secretario General de la UAM y del equipo de altos funcionarios que encabeza, asistiríamos a la peligrosa reelaboración de prácticas cercanas al neofascismo, de forma que tienden a representar en el trabajador administrativo al “anticristo” que acabaría con el mundo de la universidad incontaminada y pura, haciéndolo responsable de todos los males y, por esa vía, destruir el trabajo protegido al amparo de los derechos colectivos constitucionales y el CCT. No hay que olvidar que esas modalidades despectivas en la construcción del otro no suceden en la “neutralidad” de la ciencia y el derecho, sino en el contexto de la emergencia de los neofascismos aludidos en el primer párrafo.

Estos comportamientos despectivos no harían sino aplicar la declaración de abril del 2019 del Rector General de la UAM, en el sentido de que el “enemigo” estaba en el SITUAM, con lo cual trazó un tipo de gestión que a la luz del desprecio sistemático por parte de sus subordinados en las mesas de negociación y en otras instancias universitarias, no harían sino alentar las manifestaciones cercanas al neofascismo que parecen estar penetrando peligrosamente en la administración de la UAM y que se asemeja, aunque en otro orden de conflicto, a las posteriores declaraciones del presidente chileno Piñeira de que “estaba en guerra”, con lo que dio pie a una brutal represión de las pacificas protestas contra las políticas neoliberales implementadas en Chile desde el golpe de estado dado por el represor Pinochet en 1973. El paralelismo no es gratuito, insistamos: es la misma operación lógico-despectiva que tiene como base la construcción del otro como el “cáncer social” que hay que extirpar y de esa manera, en lugar de negociar con las y los trabajadores administrativos que buscan mejorar sus condiciones de trabajo, se les imponen autoritariamente las decisiones.

Así como Bolsonaro hace de los homosexuales lo “peor” de la humanidad, de la misma manera los funcionarios de la UAM están construyendo a los trabajadores administrativos como los enemigos que amenazan a la universidad. Y así como la organización ultraconservadora Vox, en España, culpabiliza a las feministas de la “degradación” de la familia, de la misma manera los funcionarios de la UAM implícitamente culpan a los trabajadores administrativos del riesgo de una supuesta “degradación” de la universidad. Es claro que se trata de un tratamiento similar que construye una política de odio, que en esencia es el antihumanismo crecido al amparo de una generación de funcionarios que han sometido la universidad a las garras de la episteme neoliberal. Posiblemente a algunos profesores-investigadores de la UAM le parecerán extrañas las afirmaciones anteriores porque ordinariamente se asocia al neofascismo con el racismo y el odio al extranjero, pero está demostrado que una de sus manifestaciones es la construcción de los trabajadores organizados (que luchan por su emancipación) como enemigos, tal y como lo argumenta Tannenbaum en el referido libro (para los fascismos históricos) y más recientemente Pérez Rey y Guamán en un artículo publicado en Neofascismo. La bestia neoliberal.

Las insinuaciones y estilo despectivo del Secretario General y su equipo de funcionarios negociador han comenzado a tener efectos en las redes sociales de la propia institución. Habría que recordar que ese tratamiento no sólo sucedió durante la negociación de la huelga estallada en febrero del 2019, sino en las actuales mesas de negociación con motivo de la revisión contractual y salarial entre el SITUAM y los administradores de la UAM para el año 2020. Como se evidencia en no pocos de los comentarios que se realizan en las trasmisiones en vivo de las negociaciones en la cuenta de facebook de la UAM, la agresividad que manifiestan los usuarios de las redes no hace sino amplificar el desprecio del Secretario General y su equipo de trabajo. De esa suerte, estaríamos ante un doble ataque a las y los trabajadores administrativos: desde el poder (por parte de los funcionaros) y en los costados por parte de algunos de sus seguidores. No es difícil imaginar que algunos de estos funcionarios universitarios, en la medida en que también son profesores, trasladan sus ideas, su desprecio a los trabajadores y su desdén al trabajo protegido por derechos sociales, al interior del aula y terminan por agenciar una subjetividad propicia a los neofascismos.

Y habría que dejar en claro que ni de lejos estoy afirmando —ni siquiera insinuando— que el neofascismo sea un práctica generalizada en la UAM; estoy alertando que la continuidad de esa política de desprecio a las y los trabajadores administrativos, su potencial transformación en odio de clase y aporofobia y el perfil ideológico de algunos funcionarios que administran la UAM, podrían anunciar siniestros escenarios en un futuro no muy lejano para la universidad, por sus efectos de dispersión social, tanto dentro del aula como en los espacios y redes sociales, máxime en el contexto geopolítico de emergencia de los neofascismos y de las extrañas pasiones —amor/odio— que desencadena el actual presidente López Obrador y sus políticas de “primeros los pobres”. Los pasados acontecimientos en Brasil podrían sugerir que en México tenemos algunos elementos paralelos para la emergencia de una fuerza subterránea neofascista.

Las recientes experiencias históricas del neofascismo hacen no descartar que sus invernaderos se multipliquen agazapados en las ideologías del emprendedurismo, el cientifismo epistemológico y las antiéticas del profesionalismo (que se asume como empresario de sí) que se imparten en las universidades públicas. En lugar de formar estudiantes en valores humanistas y en el respeto a las personas, la UAM se estaría peligrosamente convirtiendo en una perturbadora proveedora, ya no sólo de profesionistas subjetivados dócilmente a la ideología del emprendedurismo sino de cuadros proclives al neofascismo, aún sin proponérselo deliberadamente en sus planes y programas de estudio.

Frente a estas prácticas neoliberales de desregulación del trabajo y los riesgos de manifestaciones y prácticas cercanas a los neofascismos contemporáneos, ya no sólo estaríamos frente a la necesidad de defender el trabajo protegido por los derechos sociales y de restituirles a los alumnos su conciencia de solidaridad con los oprimidos, sino de resguardar el proyecto universitario de la UAM que descansa en el respeto a la persona, en fomentar valores humanistas y el compromiso social con las causas de los más necesitados. Un respeto a la persona que no puede no estar mediado por la exigencia de dignas condiciones de trabajo; es decir, por el respeto irrestricto de las y los trabajadores administrativos, profesores temporales, medios tiempos y técnicos académicos, que son los que mayor recienten las embestidas del aparato neoliberal universitario, que como aquel vampiro del que habla Marx, no tiene llenadera.

10 Comentarios

  1. Cómo estudiante de la UAM me parecen exageradas tales afirmaciones, además sería bueno que se pusieran mejores ejemplos de estás.
    Aprovecho la ocasión de Mostrar mi molestia ante un si sindicato y una administración que han tomado el tiempo de estudiantes y profesorado como rehén en la negociación.

    • Últimamente la UAM usa una estrategia de desacreditar toda opinión contraria a su forma de administración por medio de bots como ustedes y con ello tratar de mantener su falsa imágen impecable!

  2. Soy egresado de la UAM-A desde hace 20 años y desde siempre el sindicato ha pasado por encima de los intereses de maestros y estudiantes, con el pretexto de «nuestros derechos» le han propinado duros golpes a los que realmente se preocupan por mantener a la UAM como lo que es, una universidad pública de calidad y se ha logrado en últimos años, lo que durante mucho tiempo no se tuvo, reconocimiento y calidad

  3. Yo fuí trabajadora administrativa de la UAM y renuncié hace 11 años por jubilación. Como dice el comentario anterior, me parece un tanto exagerado. La UAM es una Institución muy noble con sus trabajadores. Hay muchos trabajadores administrativos que sólo se presentan a cobrar. No se hagan. Este artículo más bien pareciera encaminado a justificar una posible huelga como la del año pasado que al parecer ya se está fraguando. Al sindicato no le importan los trabajadores, sólo sus intereses mezquinos. Con una huelga tan larga como la del año pasado, sólo los afectan porque no reciben su salario. Mientras los activos en el Situam, que se ha convertido en una mafia, hasta cierran casetas en la carretera y se llenan los bolsillos. Ojalá no estalle la huelga…

  4. Los sindicatos sólo han servido para bajar el nivel de la edición ha sido sólo un negocio vil para los líderes y sus allegados a través de ellos las dependencias están llenas de gente y disque maestros sin preparación q además llegan a holgazanear no se preparan apenas tienen plaza o base y hacen lo que se les da la gana menos prepararse académicamente y sus clases son una podredumbre por los sindicatos la educación está por los suelos meten a puros gustes y familiares aunque no cumplan con el perfil. Debían de desaparecer y contratar a personas que deberás tengan la preparación,el perfil y el compromiso de formar estudiantes capaces. No piensan en los Alumnos y la preparación académica que debían de dar sólo los perjudican si no hubieran sindicatos le echarían más ganas a su preparación académica profesional y a la competición de sus clases. Ojala y desaparecieran todos los sindicatos para que los sistemas educativos mejoren

  5. La UAM, comi cualquier institución tiene problemas que hay que arreglar, es cierto. Pero este «articulo» es solo propaganda del situam (así, con minusculas), si hay un buen numero de elementos fascistas , esos estan en el situam

  6. Como estudiante tambien considero que el único fondo de esto es pelearse por la mayor parte del pastel, como leí, dese hace 15 años.
    Sindicado y Autoridades Universitarias, la pregunta aquí es ¿Y LOS ALUMNOS?

    ¿Cuantas veces aparece la palabra alumnas, alumnos en su discurso argumentativo?
    Y si, la comunidad desaprueba y desacredita a Sindicado y Autoridades por igual.

  7. Como siempre llama poderosamente la atención el cuidado puesto en no utilizar la palabra «alumno» y en caracterizar a los miembros del sindicato como «oprimidos». La realidad es que los alumnos de la UAM repudian al sindicato y por extensión al trabajador sindicalizado porque representan una amenaza para la calidad de su educación y para sus proyectos de vida, toda vez que con alarmante frecuencia deciden unilateralmente frenar las actividades que les permiten ejercer su derecho a la educación. Les es imposible sentir empatía hacía un movimiento cuyos miembros se caracterizan por la soberbia, altanería, pereza, mediocridad y falta de respeto con la que llevan a cabo su trabajo y la vulgaridad y bajeza de su proceder dentro del recinto. Sienten vulnerados y violentados sus derechos cada vez que, en el marco de asambleas convocadas por alumnos afines al sindicato, se considera que entre 100 y 200 votos son suficientes para representar un universo formado por miles de estudiantes. Sienten impotencia y rabia al constatar el cinismo y bravuconería con el que quienes «resguardan» las instalaciones se conducen y el uso lascivo que se hace de estas durante la duración de la huelga. Son los ALUMNOS quienes agreden verbalmente al sindicato y sus miembros utilizando las redes sociales como una forma de catarsis y lo anterior sucede en gran medida debido a la paupérrima opinión que a la gran mayoría merece la atención y proceder de los trabajadores con los que tratan día con día. Es mi opinión que «estallar» una huelga en una institución de educación pública implica un atropello inmenso a los derechos de aquellos que le otorgan su razón de existencia. Para trabajar en una institución de esta naturaleza se debe tener la vocación correcta, el trabajador de escuela pública no debería dejarse consumir por ambiciones desmedidas e ideologías políticas, trabajar en la universidad pública es un servicio, la única finalidad preparar a sus estudiantes. Para analizar una huelga «estallada» en la UAM o cualquier otra universidad pública, se debe considerar en primer lugar, cuál es la razón de ser, el objetivo de dichas instituciones, si se pierde de vista éste, es muy sencillo caer en equivocaciones de juicio, caracterizar los acontecimientos de forma errónea y otorgarles matices que no tienen en lo absoluto. Fuente:Fui alumno de la UAM Azcaporzalco.

  8. Situam abusa de una garantía constitucional a fin de someter a la UAM. Me parecen reprobablen sus negativasa dialogar, y el hecho de que no se preocupen realmente por los alumnos. Sin nosotros, los trabajadores no tienen razón de ser.

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