La bruja contra el zombie

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Opinión de Molay Maza Ontiveros/Política zombie

En los confines del universo hay un territorio donde la gente está enfermando tiempo atrás, de violencia, machismo y discriminación, un terruño obscuro donde habita gente con esperanza y sueños de armonía planetaria al tiempo que los que dejan pudrir su corazón asesinan, violan, acosan y ejercen el poder despóticamente cobijados en la impunidad y con la complicidad de quienes deben perseguirles y castigarles por el dolor que han causado.  En ese lugar se confrontan en nuestros días la política de lo muerto, del negocio, del individualismo el egoísmo, el interés inmediato y personal, del trato turbio y la explotación, en contra de la alquimia, la magia, la fantasía y la ilusión de construir una realidad igualitaria y libertaria, sin cadenas y sin miedo. Uno es el zombie y el otro es la bruja, que ha vuelto, viene por lo que el patriarcado le arrebató al imponer su régimen de saqueos[1].

Es una mentalidad fetichista la que supone que alguien puede adueñarse de lo intangible, es una idea de lo existente que supone que el poder, el capital, las personas, los movimientos sociales son cosas, objetos que uno puede tomar y ya está, sólo materia pues; que por ende en esta sociedad de dueños[2] y despojados, deben tener dueño. Pero la cosa es más compleja, el poder no se toma, se ejerce, el capital no es una cosa, es una relación social y los movimientos sociales son eso, movimiento.

¿De quién es la movilización del 9 de marzo? Se preguntan algunas buenas conciencias para definir su propia participación. El esbirro de la muerte contesta gritando y pataleando al encorvarse sobre sus manos, — es mía, es mi precioso tesoro, se la he robado a las pinches viejas, para usarlo contra ellas—-.  El esbirro de la muerte, mejor conocido por las sobrevivientes víctimas de su odio como Borolas, ha lanzado a su senescal de carnes putrefactas conocida como Margarinflas y su compinche Drenís en los subterráneos cavernosos y pestilentes del poder, para imponer el hurto como credo nuevamente.

Suponen, que si ellos acompañados de las peores lacras del mundo de la política zombie se agazapan sobre el inocente movimiento feminista, limpiaran sus rostros de mierda y sus manos bañadas en sangre del pueblo.

¿Pero entonces, de quien es el movimiento feminista?

¡De todas! Se escucha firme una voz divina y colectiva, es de todas y es milenario, supera los estrechos marcos de las mentalidades caducas que geométricamente acomodan la realidad a su miedo más que a su gusto, y no ven más allá que izquierda y derecha, donde más bien hay arriba y abajo, sin ver con profundidad las dimensiones de lo justo y lo injusto de la lucha por la libertad y la felicidad.

Borolas y su caterva de hienas cantan victoria, se les une a la orgía el famoso inquisidor, al que las hienas llaman padrecito, torturador y violador de niños encarnado por la iglesia católica. Se suponen dueños de la convocatoria y cometen el error que siempre acompaña a la política de lo muerto, la del interés inmediato y particular, la del capital. Suponen que las feministas son menores de edad, supuesto que comparten con sus rivales de la izquierda, sin considerar ni poco, que el feminismo reventará todas sus pretensiones.

—-La lucha por la justicia no pertenece a nadie, es una conducta, es una necesidad. El movimiento feminista atraviesa los contornos de la historia, cruza a las clases sociales y a las generaciones humanas. Nadie puede adueñarse de él. Nadie puede detenerle—, sentencia la bruja.

No es un movimiento gremial al cual se le pueda sobornar a cambio de algunas prebendas y cargos, no es un movimiento coyuntural al que se le otorguen ciertas demandas para apaciguar su furia, es la Revolución Silenciosa que viene por todo, es la más radical forma de entender el mundo y trastoca la totalidad de las relaciones humanas. Es ecologista, es comunitaria, es socialista, comunista y anarquista y muchas cosas más.

Los machunos en esta revolución no tienen nada que perder, salvo sus privilegios machistas, sin embargo, tienen un mundo nuevo que ganar. Es un derecho cívico y ejercicio de libertad, participar o no hacerlo en el paro del 9 de marzo, en la huelga internacional de mujeres, participar activamente o no es una determinación individual. Pero es un deber moral abrazar hoy el feminismo como reconocimiento concreto de la Dignidad Infinita de los seres humanos, y eso, el pensamiento y la conducta del día a día de los conservadores, lo tienen negado por antonomasia, por definición.

Que nadie se llame a engaño, la huelga de mujeres es un hecho, es por la libertad y contra a la violencia machista, no es contra ningún gobierno democrático electo por su pueblo, es contra el patriarcado, contra el machismo asesino y sus políticas y políticos funcionales, hoy agrupados en el PRI, el PAN, el PRD, PVEM, MC, intentando reorganizar su mierda en México Libre y los medios de desinformación masiva, promotores de la injusticia y la violencia.

Pasará el 9 de marzo y el movimiento continuará, democratizando a la sociedad desde el hogar hasta las estructuras del Estado, que hay que cambiar también, pues por ahora, nuestros sueños no caben en tan estrechas bóvedas, pese a que se van colando de poco en poco, como el agua, van erosionando las enormes y antiguas estructuras de roca. Lo fundamental sin embrago está afuera, en la comunidad, en su capacidad de organización y de construcción de poder del pueblo, eso no termina ni empieza el 9.

El 8 de marzo si dudar todas y todos a la marcha del monumento a la Revolución al Zócalo, el 9 todas y todos contra la violencia machista, el patriarcado, y todas las formas de dominación. Contra la negra muerte nauseabunda y su forma oportunista de hacer política utilizando el dolor como botín.

El reto para los hombres si queremos dejar de ser onvres[3] es construir nuevas formas de relacionarnos entre nosotros, con fraternidad, pero quebrando el pacto patriarcal que nos unifica para el mal; nuevas formas de relacionarnos con las mujeres, las niñas y los niños. Requerimos nuevas formas de vivir nuestras masculinidades en las que desterremos el miedo, la violencia. el abuso, la injusticia, necesitamos pues, masculinidades de buentrato, de justicia, eso sería una buena forma de iniciar el camino.

Muy equivocado está el militante, simpatizante o ciudadano de izquierdas que, atento al traspié de la derecha, asume para  llevar la contraria, posiciones machistas descalificando a las feministas y sus muy diversas colectivas e iniciativas, formas de protesta y expresión.

Pecamos de un gran desconocimiento del movimiento feminista quien cree y teme que la derecha y la iglesia, pueden montarse en el movimiento sin por ello pagar cara la factura.

Parece ser buen momento de pre-ocuparnos menos por lo que hace y deja de hacer una derecha políticamente, electoralmente, moralmente y ahora culturalmente derrotada. Y ocuparnos más de lo que en las izquierdas hemos dejado de hacer para seguir viviendo en una sociedad machista y violenta, ocuparnos en cuales son las tareas que nos quedan por delante para derrotar en toda la línea al hetero-patriarcado, al racismo, al neoliberalismo, al imperialismo y al capital.

La inclinación del prianismo y sus mascotas, el fakeminismo aún siendo una evidente muestra de oportunismo barato y del más bajo, debe y puede ser capitalizado por las fuerzas democráticas y populares, por lo que es en su esencia, una contundente victoria cultural sobre la derecha que ahora tiene que aclarar a sus fieles con mucho esfuerzo que sigue manteniendo su agenda conservadora y antifemenina.

El rostro del zombie se desdibuja por la ineluctable derrota, en su perene insatisfacción de carne y sangre, mientras la bruja levanta el vuelo al caer la noche, asciende cantando y riendo: “Feminista, socialista, ecologista, será el futuro o no hay futuro posible”.

[1] Remito a Caliban y la Bruja de Silvia Federici. https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/Caliban%20y%20la%20bruja-TdS.pdf

[2] Ver a Rita Segato, https://www.youtube.com/watch?v=gT_Hc51vjb0

[3] De la voz milenial onvre que se refiere al sujeto masculino que reniega del feminismo profundamente convencido de que él y su especie saben lo que es mejor para “sus mujeres”.

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