Texto y fotografías: Mercedes Matz / @abraxas_m

Las tamboras y la descomposición musical se han convertido en un elemento importante en las manifestaciones masivas que se han realizado en todo el país, especialmente en las feministas. Como en el caso de la más reciente, la realizada el 8 de marzo en conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

Al frente de las más de cien mil mujeres que se congregaron en el Monumento a la Revolución para avanzar rumbo a la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, avanzaron familiares, madres, hermanas e hijas de mujeres desaparecidas, víctimas de feminicidio y otras violencias. Tras ellas, le siguieron un grupo de mujeres que tocaban yembé, tom, panderos, claves y diferentes instrumentos de percusión. Así, con los golpes de las manos y las baquetas fueron marcando el pulso de la marcha.

Mar Cruz, activista y organizadora explica que el papel de la batucada es el de dar acompañamiento: “Acuerpamos las marchas con las tamboras y consignas. Esta es una forma de abrazar a las familias, de acompañar y de estar en resistencia y en lucha”. Ese es el papel principal de la batucada del que ella forma parte y que lleva por nombre Lesbo Batukada Feminista Radical.

Desde niña, Mar tuvo su primer contacto con el instrumento, cuando entonces se trataba de un juguete con el que se hacía eso, jugar. Hoy se ha convertido en un medio de lucha, de resistencia y para expresar ideas sociales y políticas.

De hecho, la base de esta batucada está conformada por mujeres que son sobrevivientes de la violencia machista, que lograron salir con vida de una violación o incluso de una desaparición.

La fortaleza para sobrevivir: la fuerza para tocar

Cruz comparte que “para todas las que somos sobrevivientes, el principal motor es una nuestra sobrevivencia, nuestra lucha. Y también tiene mucho que ver con reconocernos entre las víctimas, y con este proceso”.

“Una de las cosas que tenemos como fortaleza es esa sobrevivencia y esa resistencia. Lo que nos ha juntado es eso, más que un proceso organizativo y político en el sentido estratégico. Nos ha juntado la resistencia y la violencia que hemos vivido. La sobrevivencia”.

Además de juntar los tambores, de la organización política, de sumar colectivas y de juntar resistencia, la Lesbo Batukada Feminista Radical surge de la necesidad de las sobrevivientes, “porque en el país se cuentan los feminicidios, las desapariciones, las violaciones, y todo lo que tiene un contexto político de asesinato y de sangre, pero cuando eres sobreviviente pasas a ser invisible”, expresa Cruz.

“No eres víctima, no eres madre de víctima. Ya sobreviviste… tú estás viva; así que pasas a ser parte de esta invisibilidad y de esta violencia, de la que tanto reclamamos”.

A la batucada también se unen mujeres que desean sumar a la protesta: “Se nos unen muchas personas de manera constante, y los acompañamientos que damos son a nivel nacional”. Pero, “quienes participamos en esto, no tenemos la capacidad financiera de ninguna manera para hacer tanta movilización, entonces nos dividimos en grupos de acompañamiento. Siempre llega gente nueva, siempre es muy bien recibida las personas nuevas”.

La descomposición musical

Como parte de la batucada, se da un proceso de descomposición musical, donde las consignas feministas toman el lugar de aquellas letras de canciones que son conocidas de forma popular y masiva.

Mar Cruz detalla que, aunque ellas tienen sus propias consignas, saben que para las personas en general, puede que no hagan eco sencillamente, así que se apropian de aquellos sonidos que son conocidos.

“Una consigna feminista tal vez no les haga mucho eco a las personas, porque no han escuchado esas consignas como lo hacemos nosotras como sobrevivientes y víctimas, por lo tanto, los procesos de las personas son distintos al nuestro”. Así que “decidimos adoptar esto como lo han hecho muchas batucadas en otros países y otras compañeras feministas, como parte de la resistencia”. Se trata de “cambiarle la letra misógina y violenta [de canciones conocidas], y ofrecer en esa melodía una letra de protesta y resistencia, esa es la intención”.

Tambores por todos lados

A dos años y medio de la construcción de esta batucada, Cruz recuerda cuando una compañera hablaba de ver tambores rodando por todo el país, en todas partes, acompañando, acuerpando marchas. “Después de escuchar eso, pensé que parte del sueño de esa persona podría ser que se llenaran de tambores algunos espacios. Entonces comencé a adquirir más tambores”.

Al inicio, los instrumentos no eran suficientes: “Antes algunas tenían tambor y otras tenían garrafón. Si no ibas a los ensayos no merecías tambor y te tocaba garrafón o llevar tu propio instrumento”. Hasta que se dio un proceso de recuperación que, ante la falta de recursos, también convirtió a las tamboras y otros instrumentos en sobrevivientes.

“Las compramos en el tianguis, en reciclaje, de manera más económica de lo que te sale una batería completa. De ahí pasan a ser afinadas, reparadas y preparadas para ser parte del colectivo. También son nuestras sobrevivientes rescatadas”.

“Yo lo que creo es que, en nuestra rabia y en nuestra lucha, también existe la dignidad, y parte de la dignidad es no pedir nada que sea menos que un tambor. Porque los garrafones son para portar agua no son para otra cosa”, expresa Mar Cruz.

“Entonces comenzamos a trabajar en el tema de la batucada y hemos hecho un poco de todo para obtener tambores”. Esto, con el fin de que exista una batucada en todos los estados y ciudades de la República mexicana. Para la activista, sería justo y digno, pues todavía “hay muchas sobrevivientes por ahí, sin encontrar su contingente”.

Aunque en una batucada comúnmente se encuentran todo tipo de tambores como las zurdas, los repiques, los toms de aire y de piso, en esta también son bienvenidas las compañeras con flauta, con guitarra o con consigna.

Finalmente, Mar recuerda que las batucadas ha sido una constante en su camino. “No es algo que iniciamos nosotras, es algo que ya viene de tiempo atrás. Nosotras decidimos hacer nuestra batucada con nuestra propia postura política, con nuestra propia idea sobre lo que es una batucada. Y para nosotras fue el reunir a las sobrevivientes”.

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