Lo nuevo no termina de nacer

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Foto: La Unión de Morelos

Por Molay Maza Ontiveros / Política Zombie

“El partido debe contar con una base capaz de “iniciativa”, es decir, que los órganos de base deben saber reaccionar inmediatamente ante cada situación imprevista o inesperada.”
Antonio Gramsci

Hay una frase que le encanta al presidente Andrés Manuel, “lo nuevo no termina de nacer y lo viejo no termina de morir”, se le atribuye al poeta comunista Bertolt Brecht (1898-1956), frase con la cual el alemán define la crisis, también con estas palabras Antonio Gramsci (1891-1937) sintetizaba la complejidad de los tiempos de transformación, de cambio social o de revolución.

Sin embargo, la frase está incompleta, así como el presidente recurre a ella, falta la parte en la que el genio de Cerdeña advierte, “en ese interregno es donde surgen los monstruos”. La advertencia es clara, y la han materializado tristemente los golpes de Estado blandos y no tan blandos que han caído como balde de agua fría al balance neo-socialdemócrata sobre los gobiernos progresistas que se han sucedido en América Latina en décadas recientes.

La realidad terca nos llama la atención en la existencia de una lucha de clases encarnizada en la que las oligarquías y los grupos del poder político desplazados por las alternativas progresistas en América Latina, están dispuestos a romper cualquier legalidad vigente y cualquier acuerdo de “caballeros”, con tal de recuperar el control del gobierno y del Estado y mantener intocados sus intereses espurios y sus privilegios.

El 1º de julio de 2018 inició un proceso de cambio, transformación y transición de múltiples aristas y cuyo análisis será incompleto por muchos años, los periplos que han iniciado nadie sabe dónde terminarán. Uno sabe cuándo empieza una nueva etapa para una nación y su historia, pero nunca en que irá a culminar, ese es trabajo de historiadoras futuras. Lo que sí se puede es proyectar los contornos de lo que se quiere y se debe hacer.

Un primer elemento sin duda es la irrupción del actor principal, el sujeto político que como bloque histórico de las y los oprimidos saturó las urnas exigiendo infranqueablemente un cambio de gobierno y de rumbo. 32 millones de pueblo nada más. El problema al que se enfrenta ese bloque histórico en ciernes es que no ha logrado cohesionarse como tal, ha dado un gran golpe y se mantiene en torno a la figura presidencial, pero no tiene organización, regularidad y capacidad de acción y reacción movilizada y organizada, eso es responsabilidad (¿irresponsabilidad?) del Partido.

Producto de esa irrupción hay una reconfiguración del régimen de partidos y bocanadas de aire fresco, aunque sea de boca a boca para un régimen político putrefacto controlado por castas de familias, compadres y cuates, castas anquilosadas, ancladas al capital en sus expresiones ilegales y legales, sobrevivientes del pasado conservador más remoto y pestilente de nuestro país. Si la política consiste en navegar las contradicciones, hoy vivimos una de las más intensas contradicciones de nuestra historia.

En el segundo momento se genera esta contradicción; por un lado, hay un cambio de gobierno que apunta hacia el cambio de régimen, por el otro este mismo cambio, por ahora, el interregno de Gramsci, garantiza la supervivencia del sistema político anterior sacándolo de la dinámica autodestructiva a la que lo había llevado la cleptocracia kakistocrática zombie sostenida a punta de corrupción y muerte (mejor conocida como Pacto contra México).

Uno de los fenómenos que se dan a raíz de esto último es el vaciamiento de los partidos tradicionales que como representantes de la oligarquía financiera, el gran capital y el narcotráfico han quedado en calidad de cascarones burocráticos (dedicados de tiempo completo a campañas de odio más que al quehacer político profesional), el PRI, el PAN, el PRD y por lo que toca al PVEM, PES y MC se mantienen como mafias parasitarias subordinadas a intereses familiares y con dueño privado, algunos bailando al son que les toque el partido en el gobierno sin por eso abandonar sus prácticas viejas y golpistas.
La otra cara de la dinámica de cambio del sistema de partidos es el crecimiento exponencial del partido ganador, que cuenta en cifras no oficiales con tres millones de militantes aprox, la mayoría de nueva afiliación o esperando se abra el padrón para afiliarse. También hay una marabunta de chapulines de los antiguos partidos del régimen que entregan los principios si es que los han tenido, para pasar a engrosar las filas del morenismo o el obradorismo o las dos cosas (¿o ninguna?). Esto último ha convertido al Movimiento de regeneración nacional (Morena) en el terreno de disputa, entre fuerzas económicas y tradiciones políticas que no sólo se disputan la dirección, el control y los recursos del partido si no la mismísima correlación de fuerzas de la 4T.

Tanto la muy amplia política de alianzas que se vio obligado a configurar AMLO para consolidar el triunfo electoral, como una masiva migración oportunista explican este fenómeno en parte. El problema que se pone sobre la mesa es como articular, estructurar, dinamizar y consolidar orgánicamente desde estas circunstancias, una fuerza política de izquierda y con cimientos en la construcción del poder popular.

¿Qué pasa entonces? Aparece el tercer elemento, la oposición al cambio de régimen, las resistencias al gobierno de AMLO y a la acción legislativa de Morena, sus alcances transformadores reales (que de entrada en el marco del sistema actual y sus reglas son muy reducidos) se manifiesta en las filas del mismo partido que los han llevado al legislativo y a la presidencia de la república. La lucha política por el tipo de país que se quiere construir se desarrolla al interior de Morena en nuestros días. Una vez que los partidos del antiguo régimen han quedado como pedacería política en la vida social del país y en el poder legislativo, los poderes facticos y la realpolitik han ocupado un lugar preponderante que resiste contra la agenda progresista e impulsa una agenda neoliberal. Tómese el debate en torno a la precarización laboral como ejemplo.

La moneda está echada al aire, los resabios del poder oligárquico y retardatario se encaraman en Morena para imponer limites a la 4T y llevar al fracaso este intento de democratizar a la nación, con apoyo abierto del lastre reaccionario más rancio del Estado mexicano, el Tribunal Electoral del Poder Judicial que ha impuesto la forma de elegir dirigente del partido en el gobierno, acto por demás fascistoide y que ha penetrado como cuchillo en mantequilla por la desmovilización y desorganización del instituto político.
Aun así, no todo está perdido, también la izquierda y su centenaria tradición disputa hegemonía al interior del partido, desde el Instituto Nacional de Formación Política y los cientos de círculos de estudio de militantes, simpatizantes y ciudadanas sin partido que se han creado por todo el país, va caminando la savia de la democracia, la liberación nacional y el socialismo para orientar la perspectiva de cambio verdadero de la 4T y la construcción de una autentica fuerza del pueblo trabajador para levantar sobre sus miserias una patria nueva y una tierra justa. No es algo dado, es una lucha que hay que ganar, la disputa está en Morena y el pueblo debe tomar el partido, para que lo nuevo termine de nacer.

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