UAM. PEER, exclusión y fidelidad estudiantil

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A Bianca,

pequeña mujer cuyo compromiso político

es alto como el Popocatépetl

Un texto de: Enrique Gallegos/UAM-C

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En la sesión del Colegio Académico 474-Urgente de la UAM del viernes 17 de abril, en la que se aprobó el “Proyecto Emergente de Enseñanza Remota” (PEER) y el nuevo calendario escolar virtual, asistimos a un hecho significativo porque estamos antes la desnuda operación del modelo universitario neoliberal: insensible al sufrimiento, gerencialista, productivista, maquillista, competitivista y que hace descansar la responsabilidad en el individuo y, además, si fracasa, lo penaliza, pero ahora impulsado por medios digitales y virtuales, como lo ha hecho el mismo capital financiero para expandir la plusvalía ocultando la explotación de la fuerza de trabajo. Me temo que por el contexto y si se alarga la crisis sanitaria, estaríamos ante medidas cuyas implicaciones ni sus mismos impulsores son plenamente conscientes y que, si no estamos alertas, podrían implicar la destrucción del mismo modelo de la UAM para dar paso a otro, con una poderosa maquinaria burocrática y un minipresidencialismo rectoral, ya presente y que podría ser potenciado exponencialmente por decenas de minúsculos caminos virtuales que el PEER posibilitará.

Aquí quería concentrarme en describir cómo la sesión del Colegio Académico 474-Urgente fue contrastante en varios niveles: por un lado, los rectores y directivos presentaron desde la comodidad de sus casas el PEER para reactivar las clases por medios no presenciales, supuestamente para beneficio de las y los alumnos; por el otro, los representantes de las y los alumnos desde la precariedad de sus conexiones y condiciones de vida, criticando ese proyecto porque no los tomaron en cuenta, porque tiene efectos discriminatorios y se desatiende de las condiciones materiales de vida de miles de estudiantes que van al día, viven en hacinamiento, pobreza o en condiciones de violencia o poco idóneas para estudiar. Primer contraste.

Por supuesto, hubo otras voces de académicos y académicas, trabajadores y trabajadoras administrativos, que también se inconformaron contra la lógica subyacente a ese proyecto gerencialista. Todas coincidían en algo: será discriminatorio a los más vulnerables, ahondará las múltiples desigualdades (psicológicas, de capacidades, de ingresos, de estabilidad emocional, familiares), es una imposición y su fin es sostener un calendario escolar y la lógica administrativa y presupuestal en la que descansa. No hay que olvidar un dato: la UAM ya parte de un punto discriminatorio, pues rechaza entre 8 y 9 de cada 10 aspirantes. Asimismo, más de media centena de académicas y académicos difundieron en las redes sociales su “Posicionamiento de académicxs de la UAM en torno al Proyecto Emergente de la Enseñanza Remota”, en el que exponen lo que a su juicio son deficiencias e implicaciones negativas del PEER. En ese escenario era posible sostener una lógica más solidaria a tono con la del gobierno federal, redirecccionar parte de su presupuesto y asentarse en una pedagogía más libre, menos excluyente y menos sometida a los tiempos “normales” del aparato administrativo y su calendario ordinario. Y aclaremos: no es que se esté en contra de las tecnologías. No se trata de postular un modo de vida “cavernícola”. Si aceptamos, como creo que debe ser, que parte de la condición de posibilidad de la modernidad es la técnica y por extensión la tecnología, no se puede prescindir de ellas; pero hay que restituirlas como lo que son: medios determinados por las condiciones materiales de vida. Pero el punto discutible es otro, como se verá en lo que sigue y que fue expuesto con claridad por las y los representantes de los estudiantes.

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Quienes nos dedicamos a la filosofía y conocemos algo de epistemología, sabemos que los números y estadísticas no son sólo datos, sino que dependen de cómo se hacen los cortes y se presentan. Algo así sucedió en la sesión 474-Urgente: durante la presentación del PEER, las autoridades mostraron un sondeo realizado y presentado con el evidente objetivo de justificar el proyecto y no para hacerse cargo y analizar las condiciones materiales de vida de la comunidad estudiantil (condiciones que son precondiciones de las posibilidades de estudio, máxime en el contexto actual de crisis). Lo que no esperaban era la decidida respuesta de las y los representantes de los estudiantes: éstos mostraron sondeos de menor volumen pero más precisos de porqué no era viable el PEER como lo proponían las autoridades. Para calibrar la respuesta estudiantil, hay que recordar que las y los estudiantes apenas tuvieron dos o tres días para organizarse y plantear su sondeo y estrategia (importa insistir en algo: operaron en colectivo, lo cual dice mucho de su conciencia política).

Pero las autoridades siguieron con su monólogo y el desfile de descripciones autoelogiosas de sus proyectos, como después lo resaltó con agudeza Cristina Millán, representante estudiantil de Lerma. Los representantes estudiantiles también mostraron datos que refieren las condiciones precarias de vida de amplios sectores estudiantiles, de la violencia en la que viven y los problemas psicológicos que padecen (y es previsibles que se intensificarán por el contexto de la pandemia). Las autoridades continuaron con su monólogo: “es para su beneficio”. Incluso, las autoridades, para defender su proyecto, replicaron con un típico argumento neoliberal, pero llevado al extremo, similar al que se utiliza para rescatar a las grandes empresas o bancos: así como es perjudicial para el país no subsidiar a las grandes empresas, también es discriminatorio para el sector de estudiantes que tiene las óptimas condiciones económicas y familiares no reactivar las clases con el PEER. ¡Ahora resultaba que si no se aprobaba el PEER los estudiantes en condiciones precarias eran los que terminarían por discriminar! Similar argumento al de los grandes empresarios que afirman que ellos producen la riqueza del país, cuando sabemos que es consecuencia de la explotación de la fuerza de trabajo.

Esa primera escena contrastante de unas autoridades queriendo “salvar” la educación de los estudiantes mediante el PEER y unos alumnos argumentándoles que ese salvamento es en realidad discriminatorio, impositivo e indolente, recuerda la vieja historia del colonizador que pretende liberar al indígena imponiéndole el sometimiento, el castigo y disciplinamiento. Segundo contraste.

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En alguna parte de su abundante obra, el filósofo francés Badiou recuerda la importancia de la fidelidad a las causas, orígenes y acontecimientos. Y no hay que confundir la fidelidad con la terquedad. La fidelidad es histórica y política; la terquedad, ahistórica y psíquica. Tampoco hay que ser plenamente consciente de los orígenes y acontecimientos para ser fieles a ellos; no hace falta saber que la UAM fue fundada por el represor Luis Echeverría para compensar lo incompensable (la masacre de estudiantes) y que su origen es por lo tanto sesentayochero; basta que los representantes de los estudiantes hayan defendido ante el Colegio Académico a sus compañeros estudiantes marginados y precarizados para que se actualice la fidelidad en toda su potencia política: a ese origen del 68 y todas las rebeliones estudiantiles. Con sus limitaciones, en esa sesión se actualizó maravillosamente la fórmula de Allende pronunciada en Guadalajara en 1972: “ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica”. Por ello, lo que vimos en la sesión 474-Urgente fue un tercer contraste: los estudiantes, sosteniendo la fidelidad al origen sesentayochero de la UAM; las autoridades, negándolo.

La tradición benjaminiana exige dejar registro de las acciones micropolíticas y fragmentarias que vienen desde abajo y en la tradición de los oprimidos; en ese línea, aquí van los nombres de las y los representantes estudiantiles que votaron contra el orden del día (que fue lo que determinó las otras votaciones): Felipe Hernández Chávez, de Iztapalapa; Melina Olivares Juárez, Samuel Lárraga Vega y Cristina Millán Villanueva, de Lerma; Alexis Sánchez Fabián, Daniel Monte Alegre García y Jhordan Yael Álvarez Magaña, de Cuajimalpa; Jorge Trinidad Garcés García, Christian Thomas Velázquez Bravo y Gabriela Alejandra Nieto Hernández, de Xochimilco (cabe señalar que esta última es un bien ejemplo del poder multiplicador de las desigualdades: por lo inestable de su conexión, no se escuchó su voto, con lo que tenemos una muestra de cómo la desigualdad económica implica desigualdad tecnológica y también se constituye en desigualdad política: múltiples desigualdades). Usualmente en votaciones críticas, estudiantes y trabajadores votan en sentidos similares; por ello, no es de extrañar que también votaran en contra y en alianza con los estudiantes, Miguel Ángel Cervantes López, Humberto López Cruz y Elizabeth Gorety Carrillo Altamirano (representantes de los trabajadores administrativos). Cabe destacar que de los funcionarios y académicos, Francisco Roberto Rojas Caldelas, director de la DCSH de Azcapotzalco, fue el único que tuvo el valor de argumentar y votar en el sentido que lo hicieron los estudiantes.

Perdieron la votación: 13 votos frente a los 38 de la aplanadora gestionada por las autoridades. Pero ¿habrá algo más detrás de ese apoyo casi unánime de las autoridades al PEER? No digo que no pueden existir buenas intenciones en algunos, pero detrás de la fijación, diría casi edípica, del calendario escolar y el presupuesto, también tenemos la cruda búsqueda del poder y la instrumentalización de la universidad, pues se aproxima la renovación de la rectoría general y de algunas rectorías de unidad. No apoyar al rector general es tanto como anularse en su búsqueda del poder. Con todo, debemos decir que los 13 votos valen los de miles de universitarios que no están de acuerdo con la forma en que se construyó y funcionará el PEER y sus implicaciones pedagógicas y que terminará por reproducir e intensificar las desigualdades y exclusiones ya existentes en un país como el nuestro. No importa que las y los estudiantes hayan pérdido la votación, pues pusieron contra la pared a las autoridades e instalaron en la opinión pública la idea de que hay otra universidad que no es la de la elite gobernante universitaria. Perdieron la votación, pero ganaron la discusión (la resonancia en las redes con memes presumiblemente elaboradas por los estudiantes es su signo inequívoco). Estoy seguro que muchos de los que los escuchamos nos sentimos orgullos de ellos y ellas. Nos dieron algunas lecciones de alta política universitaria.

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Vienen tiempos oscuros para el país, y la UAM, a su manera, vive su propia oscuridad que será intensificada por la crisis de país. Hay peligrosos signos de derechización en diversos sectores de la población en México, lo que se suma a las crisis sanitaria y económica. No soy partidario del gobierno de AMLO, pero su principio, que es al mismo tiempo el resorte de la irritación de esos sectores, me parece que debe ser defendido (“primero los pobres”) y hay grupos promoviendo su defenestración, como lo hicieron con Dilma/Lula en Brasil y Evo Morales en Ecuador. A esas crisis hay que agregar la propia de la UAM intensificada por las mismas autoridades y su derechización. Y hace tiempo que las actuales autoridades se encuentran, quizá sin darse cuenta, en medio de una peligrosa crisis de legitimidad; con todo me gustaría pensar que es posible que de algún lado se pudiera hacer un llamado a la rearticulación universitaria, a un pacto de renovación, que la crisis sanitaria y económica del país exigirían (y la posible crisis política que se encuentra en el horizonte), pero ¿cómo puede ser ese llamado si ni siquiera escuchan a las y los representantes de los estudiantes?, ¿cómo, si quienes tienen el poder en la institución maltratan y precarizan a las y los trabajadores administrativos y profesores temporales?, para ponerlo en lenguaje hegeliano ¿sería de nuevo posible el reconocimiento entre el señor y el siervo? Es conocido que Hegel trató ese arduo tema en la famosa sección A del capítulo IV de la Fenomenología del espíritu con una solución políticamente inaceptable, por más que su dinamismo modifique sus relaciones y haga del señor esclavo de sí y del siervo, simiente de la libertad.

La solución, creo, la tenemos más bien por otro lado. Primero, debemos de destituir el fetiche de la universidad impoluta y las diversas figuras en las que descansa (carrera universitaria, sistema de puntos, neutralidad, productivismo, etc.) y restituir el respeto al trabajo en sus diferentes manifestaciones y dignificarlo. Aunque en otro contexto, este es el motivo de que Lenin sostenga en El Estado y la revolución que los privilegios y altos salarios son mecanismos que destruyen los puentes hacia una sociedad más igualitaria. No es casualidad entonces que los altos salarios, los sobresueldos y los privilegios de los altos funcionarios y autoridades de la UAM sean operadores políticos y subjetivizadores de esa universidad impoluta, clasista e indolente al sufrimiento del otro. Por supuesto, esto también implica democratizar la universidad mediante elecciones directas, el sorteo, el equilibro entre las representaciones en el Colegio Académico y la eliminación de la antidemocrática Junta Directiva.

Sólo sobre esas bases, entonces, podríamos invocar el nombre de Hegel: sería posible reconocernos como universidad autoconsciente que avanza tanto hacia su propia emancipación, como a la de aquellos que no son ella, pues es una universidad financiada con recursos del pueblo y este en su natural delta. Pero para esto, la universidad corporeizada y sufriente debe dar el rodeo para regresar a sí a través de la crítica, autocrítica y disolver aquello que la ha alejado de sí misma. En tanto no pase eso, la UAM no es una comunidad de seres vivos, dolientes y fraternales, sino que abona por varías vías a la insensibilidad, exclusión, muerte y destrucción inherente al capitalismo. Podríamos decir que el búho de Minerva que levanta su vuelo en el ocaso, también lo puede hacer para las universidades públicas.

2 Comentarios

  1. Muy buen escrito Dr. Pero yo resumo, la finalidad de una universidad como la UAM, es la enseñanza, de eso, espero que estemos de acuerdo.
    En algo que coincidiremos también, es que, el hombre gana su salario con el trabajo desarrollado por el en su jornada laboral, por lo tanto, no se puede o es inadmisible que una persona reciba salario sin trabajar, tristemente usted está insinuando que no recibirían su sueldo, ya que si lo recibieran, sería una ofensa a quien intenta, con mucho esfuerzo, cumplir las metas.
    Resumo: póngase a trabajar con los medios disponibles, esta es una emergencia sanitaria, no es para siempre, no busque pretextos, –trabaje– y agradezca que cada quincena le depositan un salario, que muchas personas no perciben.

  2. La redacción de los puntos 2 y 3 que enuncia como contrastes es incorrecta y los nombres de los representantes se confunden, como pasa con la representante de Lerma: Cristina Millan.

    Lo del origen «Sesentayotero» de la universidad está genial ja, ja, ja, puesto que sí actúan las «autoridades» como un partido político. Están máss interesados en el vasallaje para conseguir puestos que en el supuesto compromiso social del que alardean institucionalmente; defendiendo más un presupuesto que al mismo alumnado y respondiendo siempre con intrangensia. Da repelus y decepciona ver la posición política de algunos profesores que antes dijeron estar en contra y al final por su oportunismo no estuvieron a la altura de la situación ni de sus ideales.

    Qué tristeza ver comentarios de personas que viven en nefelibato de sus privilegios y no comprenden la situación; para ello se necesita empatía, no seguir metas administrativas y decir que las situaciones sociecomicas de vulnerabilidad son «pretextos».

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