Lenin: a 150 años de su nacimiento. Tres notas

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Por Enrique G. Gallegos

I

Este miércoles 22 de abril se cumplen 150 años del nacimiento de Lenin, un pensador injustamente olvidado, en parte como efecto de la caída del socialismo estalinista, en parte por prejuicios hacia su figura, en parte por el reduccionismo de no pocos de sus seguidores, que siguen a pie justillas un pensamiento que obedecía a una praxis específica y se dialectizaba en ella, desbordándola. Eso implica que hay un excedente y ese excedente no siempre es fácil de reactivar. Por ello, decir lo anterior es poco y es mucho: en realidad era también un político, dirigente y filósofo de la política. Y decir también no es sólo una expresión adverbial: refleja el talente de Lenin y la dificultad de repensarlo en nuestro momento actual.

Pondré dos ejemplos: 1) El análisis del neoliberalismo realizado por Foucault en El nacimiento de la biopolítica que establece que el principio de éste es la empresa, ya está tematizado por Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo. En ese texto incluso sugiere la idea de las “puertas giratorias”, es decir, el fenómeno propio de los gobiernos neoliberales que se expresa en que empresarios ocupen cargos políticos y políticos pasen al sector empresarial, asimilando el interés público con el privado y administrando el Estado como si fuera una empresa. 2) La relevancia del salario en el marco de la disputa por el Estado que Lenin plantea en El Estado y la revolución. No lo afirma Lenin (es claro que su objetivo es otro), pero podemos extraer algunas consecuencias: los salarios no sólo son con lo que se compra la fuerza de trabajo, también son productores de subjetividad y operadores políticos. El salario contribuye a constituir o destituir la conciencia de clase. El debate, por ejemplo, de la renta básica encontraría en Lenin un poderoso apoyo. Por, supuesto, Lenin era un revolucionario y muchas de sus ideas se encuadran en la Revolución de 1917, pero la relevancia de un pensador no está en lo que fue, sino en el soporte que nos da para empujar la historia del presente hacia un horizonte de emancipación.

II

Lenin provenía de una buena familia que le proporcionó las condiciones materiales para educarse. Fue un estudiante dedicado. Durante el estalinismo se ocultó que era un gran lector de obras clásicas grecolatinas. Leyó a Aristóteles y a los poetas latinos antes de conocer a Marx. También era un lector de Maquiavelo y otros pensadores políticos. Ya como militante supo hacer frente al destierro en Siberia, la prematura muerte del padre, la ejecución del hermano por el régimen zarista, el exilio forzado, el espionaje, las luchas partidistas, las traiciones, varios intentos de asesinato (albergó durante años una bala en el cuello) y pasó su vida siempre en peligro, primero por la Ojrana y luego por otros revolucionarios y además escribió una dilatada obra de más de 50 tomos en la que se conjuga desde notas sobre Hegel y teorías políticas hasta directrices sobre políticas para distribuir el grano. Esa exuberancia en su obra fue posible por sus orígenes familiares, su estabilidad financiera durante muchos años, la educación que recibió, su estimación de la disciplina y su formación ilustrada. Extraña prolijidad literaria que contrasta con sus últimos días porque se quedó sin voz, en estado casi vegetativo.

III

Freud sostiene que la vida tiene un poderoso instinto a la repetición. Los salmones regresan al lugar de nacimiento para desovar y morir. Algunas aves migratorias también. Se buscan en las relaciones pasadas las presentes. En los rostros del amado o del odiado, el de la madre o padre o su ausencia. Vladímir Ilich Uliánov, mejor conocido como Lenin, repitió los pasos del padre: el padre, Ilia Nikolaevich, falleció a los 53 años. Ilia falleció de un derrame cerebral. Lenin también murió del mismo mal y a la misma edad. El misterio de la repetición en la vida. Vivir vidas que parecieran ya haber sido vividas, pero también está la posibilidad de negarnos a revivirlas. Lenin siguió al padre y no lo siguió. El padre guardó respeto y agradecimiento al régimen zarista; Lenin luchó contra él. El padre fue un reformista de la educación; Lenin un revolucionario que encabeza la destrucción del régimen zarista y sentó las bases del socialismo soviético.

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