Protagonismo presidencial

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Por Max González Reyes

El hoy Presidente Andrés Manuel López Obrador empezó su carrera política en su natal Tabasco en la década de los setenta, un tiempo en que la política era controlada por un partido hegemónico, el PRI. En aquella época partido y gobierno tenían una simbiosis en la que era difícil separar uno del otro: prácticamente el partido era una sucursal de la administración pública. El joven Andrés Manuel, una vez que terminó su licenciatura en Ciencias Políticas en la UNAM en 1976 –aunque se tituló en 1987-, se afilió al PRI para colaborar en la campaña del poeta Carlos Pellicer al Senado de la República, en representación de su estado, obteniendo la curul como candidato externo del PRI en las elecciones de 1976. A partir de ahí inició su carrera política: fue director de Estudios Sectoriales de la Secretaría de Promoción de Tabasco e impartió cursos de pedagogía en la Universidad Autónoma de Tabasco (UAT); dirigió el Centro Coordinador Indigenista Chontal de Nacajuca y colaboró en la Coordinación general del Plan Nacional de Zonas deprimidas y grupos marginados. Posteriormente fue delegado estatal del Instituto Nacional Indigenista (INI)

Años más adelante, en 1982, el gobernador de Tabasco Enrique González Pedrero lo designó titular del Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (CEPES) del Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI; asimismo, en 1983 fue nombrado presidente del Comité Directivo Estatal del PRI.

La carrera de López Obrador cobró una mayor relevancia a partir de 1987 cuando renunció al PRI para unirse a la Corriente Democrática que encabezaron un grupo de líderes al interior del partido oficial: Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, etc. Posteriormente, renunció a su militancia priista para buscar la gubernatura de Tabasco, en las elecciones de 1988, perdiendo ante el candidato del PRI, Salvador Neme Castillo. Como se sabe, la coalición que conformó la Corriente Democrática derivó en el Frente Democrático Nacional (FDN) y posteriormente en la creación del PRD, siendo presidente del partido en su estado.

Para 1994 volvió a presentarse como candidato a la gubernatura de Tabasco la cual volvió a perder ante Roberto Madrazo del PRI. En 1997 se convirtió en Presidente Nacional del PRD y posteriormente, en el 2000, fue candidato a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, elección que ganó para gobernar de ese año hasta el 2006. Cabe resaltar que de este tiempo vienen sus ahora famosas conferencias mañaneras, aunado que fue en esa época cuando se presentó su proceso de desafuero en 2005.

De ahí en adelante su historia es conocida: fue candidato presidencial por el PRD en 2006 y 2012. La primera la perdió por un margen muy estrecho frente Felipe Calderón del PAN; la segunda sorprendió quedando en segundo lugar, rebasando a la candidata de ese partido, pues las encuestas del momento ponían a Josefina Vázquez Mota, por delante de López Obrador.

Posteriormente se separó del PRD para crear, en 2014, el Movimiento de Renovación Nacional (Morena), como respuesta al acuerdo denominado Pacto con México que firmaron PRI, PAN, PRD con el gobierno de Enrique Peña Nieto. Fue entonces que en 2018 se presentó por tercera ocasión como candidato, ahora bajo las siglas de Morena la cual ganó por un amplio margen.

Esta breve historia del hoy Presidente refleja que es un hombre obstinado y empeñado en conseguir sus objetivos. Precisamente en su conferencia mañanera del 30 de marzo mencionó que en 2012 hubo un momento de su vida en el que pensó dejarlo todo y retirarse. Pero no lo hizo y continuó en su empeño de llegar a la presidencia.

Sin embargo, hoy en día se percibe en el Presidente un aire de persecución. Es decir, pareciera que aun con la embestidura presidencial, López Obrador se siente perseguido, acosado, acusado. En sus expresiones siempre se refiere a sus adversarios los conservadores, los que le quieren hacer mal, los que quiere que le vaya mal al gobierno y particularmente a él. Al parecer, el Presidente quiere negar todo su pasado político. En las pocas ocasiones en que hace referencia a sus antecedentes no menciona por su nombre, por ejemplo, al PRD del que fue, como ya lo dijimos, dos veces candidato y presidente nacional, y mucho menos su militancia en el PRI, ni los cargos que tuvo. Para él eso no existió; sólo recuerda de la creación de Morena para acá.

Para el Presidente todos son conservadores, enemigos de la Cuarta Transformación; la culpa de que no cuaje su proyecto la tiene el neoliberalismo, incluso hoy que –según dice- ya está superado. En la visión lopezobradorista, México nació el 1 de diciembre cuando tomó posesión. Por eso su proyecto es refundar al país, aunque repita viejos vicios de los tiempos clásicos del partido hegemónico como reducir el presupuesto a los organismos autónomos o concentrar todo el control en sus manos, poniendo en un plano secundario a sus colaboradores. El Presidente contesta de todo y por todos, y eso se refleja claramente en sus conferencias mañaneras.

El protagonismo presidencial es marcado. Incluso han existido ocasiones en las que sin consultar al encargado de un área lo compromete, como sucedió cuando propuso la rifa del avión presidencial pues cuando le preguntaron al secretario del ramo, dijo que no sabía de dicha rifa.

Aunado a ello, el Presidente tiene sus frases hechas, que a fuerza de repetirlas se convierten en expresiones comunes: la “mal llamada reforma educativa”, “por el bien de todos primero los pobres”, “regresarle al pueblo lo robado”, “prensa conservadora”, “fifís”, “yo tengo otros datos”, “el pueblo es el que manda”, “el pueblo no es tonto”, “abrazos no balazos”, “no nos confundan, no somos iguales”, etc. El Presidente tiene su agenda y todos tienen que subirse al barco del Mandatario, incluso en tiempo de emergencia sanitaria como la que hoy vivimos.

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