Nos quiere arrojar por la borda

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“Justicia es tener al prójimo como fin, y en eso no puede haber cálculo”
Porfirio Miranda

Por Molay Maza Ontiveros/Política Zombie

“Viajamos en el mismo barco” y “estamos en guerra contra el enemigo invisible del coronavirus” son dos lugares comunes que como buenos lugares comunes resultan cansinos, a la tercera vez que se les escucha, por la cuarta o quinta bestia parlante del televisor, ya se hace evidente que el guion es el mismo, al final son poco ilustrativos y sólo logran dar fe de la incapacidad del emisor para asumir la complejidad de la situación imperante. Por eso hay que evitar los lugares comunes y asumir más la lucha de clases en la vida cotidiana.

Con esto me refiero a que el problema no es que “naveguemos en el mismo barco”, nuestra pequeña motita azul perdida en el espacio infinito y en la oscuridad absoluta de estar solos en el universo, se sabe, es nuestra nave espacial, la única que hay, sin duda, repito ese no es el fenómeno del momento, ese es el lugar común. Lo que describe nuestra realidad actual, lo que describe el momento, es que menos de un tercio de la humanidad pretende arrojar por la borda a los demás.

Los ricos quieren aplicar el triage en contra de los pobres, de los huérfanos, las viudas y los extranjeros migrantes por la guerra y la miseria causada por esos mismos ricos, en contra de las y los ancianos, de las mujeres todas, de los negros e indígenas, en contra de los trabajadores del campo y la ciudad, los ricos pretenden arrojarnos por la borda, aprovechando mejor la metáfora del barquito en el que vamos todos, tal vez así se entiende la gravedad de que se exija endeudamiento de gobierno y pueblo para rescatar baqueros y empresas especuladoras.

Lo peor es que ya lo han hecho, en las crisis cíclicas, estructurales, inherentes al sistema capitalista una y otra vez la salida de posguerra es la que agudiza las condiciones de dolor, miseria, marginación, exclusión, violencia, hambre y sed de millones en todo el mundo, para salvar el culo de algunos perfumados acumuladores de riqueza podridos por la opulencia y el ocio desaprovechado. Generan crisis y hacen guerras para salir de ellas, y como receta de posguerra se cargan a los que ya eran victimas para que les paguen los rescates millonarios. Y pues la cosa no puede repetirse, la vida no da más, los pueblos no dan más, los ricachos deben asumir el costo de su traición. Como digo, ya antes nos han arrojado al mar.

En su terror los ricos y sus comunicadores han convertido la retorica belicista en lenguaje común, entonces estamos en “guerra contra el enemigo invisible”, pero ya se ha puesto de relieve el grave error que se comete, cuando en realidad en el lugar del enemigo de esa guerra estamos nosotros mismos, al concebir la amenaza de la salud pública como un asunto de buenos y malos y hacer de la interacción humana cotidiana un campo de batalla, lo único que se promueve es el odio. Ya les había pasado y no aprendieron su lección, cuando convirtieron el problema de salud pública del consumo descontrolado de drogas en un problema policial, en un problema judicial, militar, comenzaron las masacres, las carretadas de dinero en armas, el mercado negro de drogas y armas, la trata de personas, sobre todo niñas, niños y mujeres, y vieron que era un gran negocio y lo siguieron estimulando.

Están haciendo lo mismo otra vez, promueven el odio cuando tratan la pandemia como un problema del cual hay que buscar un culpable, los chinos, los gringos de mierda, los doctores, las enfermeras, y resulta que esa sólo es la apariencia, lo que subyace es la incapacidad de amar al prójimo, la incapacidad de mirarnos a nosotros mismos en los ojos del otro que es diferente a mí, y que también tiene miedo porque sabe que va a morir, y dejará endeudada a su familia, y esa incapacidad la aprovechan los banqueros, los fondos de inversión, los buitres de la desinformación y sus granjas de bots, lo aprovechan los Hitler y los Mussolini de nuestros días y promueven el odio, el miedo, la indiferencia, el egoísmo y la ignorancia. Pero los vamos a derrotar.

La retórica de la guerra nos estorba para poner la solidaridad por delante y la vida al centro, nos estorba para asumirnos responsables de la situación y como responsables de ella, actores protagónicos de las alternativas. Por que las hay. Son los neoliberales que privatizaron la salud pública durante los últimos 40 años, los culpables directos de la tragedia actual, los mismos que sostienen como dijera Margaret Thatcher que “no hay más alternativa”. Son esos los que nos quiere arrojar por la borda a los demás.

Es curioso que durante los días que corren se haga tan evidente la fragilidad de la vida, la fragilidad de la democracia, la fragilidad del sistema de mercado y la fragilidad de la civilización tal como la conocemos. Los cuatro primeros meses del año nos hemos movido a un sistema económico de mercado lento y desarticulado por lo menos en parte, por poco que hayamos detenido la locomotora ha sido suficiente para que algunos animales visiten las grandes ciudades y para que se dé muestra de la importancia que tiene pensar y repensar en los frenos de emergencia que nos urgen, para detener la maquinaria de muerte, devastación, putrefacción y apropiación en beneficio de unos cuantos, en que se ha convertido nuestro modo de vida, jalonado por la locomotora del modo de producción capitalista y su conducta psicópata neoliberal.

Cual jinetes del apocalipsis se han articulado varias crisis en una sola, medio ambiente, crisis financiera, crisis económica, crisis espiritual, crisis religiosa, armamentística, cultural, de salud, moral, petrolera. Todo el agotamiento que cargamos, nuestras miserias, nuestras incapacidades, nuestros traumas y nuestros odios revientan constantemente llenando los días de rabia, aburrimiento, violencia en casa, en los medios de comunicación, mentira, mentira, mentira , y eso sí, cuidado extremo del sacrosanto principio de la propiedad privada, la maximización de las ganancias y la extracción de las mayores cantidades posibles de trabajo no remunerado de las inteligencias, los cuerpos y las voluntades de las y los trabajadores en casa, en el almacén, en las maquilas o las fábricas.

De todas la crisis que se concatenan, la que ha logrado frenar la vorágine de la maquinaria ha sido la crisis de salud, hospitales a reventar, triage por acá y por allá. Pobres, negros, indios, gitanos, migrantes, ancianos pierden en la selección de a quien salvar mucho antes de disponerse llegar a un hospital, el triage lo ha decidido la desigualdad y la pobreza, no las médicas o las enfermeras. Fosas comunes en los países como Estados Unidos, millones de muertos. Y la crisis de salud saca a flote las consecuencias nefastas de la conducta neoliberal del modo de producción imperante. Pone al centro la contradicción entre el capital y el trabajo y nos urge a resolver la contradicción o morir en el intento.

Una crisis de salud pública global pone al centro una contradicción económica que también es moral y hace evidente, ante los ojos de todo el mundo lo inmoral del capitalismo. Lo inmoral de la explotación y lo intolerable de la injusticia.

Entre otras cosas lo que está en crisis es la contra revolución capitalista, la contra revolución neoliberal, iniciada bajo las órdenes de Pinochet, Friedrich Hayek, Thatcher y Reagan entre otras y otros. Los acólitos de la reacción ahora piden rescate, intervención del Estado para salvar sus fortunas, holocausto de los que siempre se sacrifican y que sufren los peores estragos de la pandemia. Pero eso está por verse.

Nos jugamos el futuro inmediato, en las izquierdas se da el gran debate, regular el mercado, mayor crecimiento del Estado, más derechos sociales, redistribución de la riqueza mediante una renta básica universal, un ingreso mínimo vital, pensiones para adultos mayores, becas para niñas y niños, trabajo y escuela para la juventud, controles a los mercados de las armas, más democracia, más democracia, más democracia, socialismo, necesitamos socialismo y reforma fiscal progresiva para gravar las grandes fortunas, impuesto a las grandes transacciones millonarias, reforma al sistema de jubilaciones y pensiones para garantizar un retiro digno, sistema de jubilaciones solidario para que unas generaciones apoyen a las que ya han trabajado. La crisis la debe pagar los ricos, no podemos salir del momento actual como se “salió” cobardemente de la crisis del 2008, dejando atrás los más frágiles, obligando a pagar a los que menos tienen y arrojando por la borda a dos tercios de la humanidad.

El escenario poscovid plantea dos caminos, el de las soluciones colectivas y solidarias, o el del triage social en veneficio de los mismo de siempre, los acaparadores y en última instancia los responsables directos del drama actual.

Desde las izquierdas la respuesta es Estado democrático aplicando controles a los bancos y las empresas, obligando a pagar sus impuestos para mejorar las condiciones de vida, trabajo y cultura de toda la población igual. Sin duda para eso es necesario el poder popular, sin duda requiere pensar en formas de participación, en formas de protagonismo ciudadano que ejerza controles a los gobiernos y que ayude a democratizar los Estados que deben ser más fuertes para oponer fuerza al capital, por eso se hace énfasis en la necesidad del Estado Democrático fuerte controlado desde abajo.

La salida de las derechas, en el mundo, permítanme ser claro, es la muerte. Trump, Bolsonaro, Calderón, Gustavo de Hoyos, , López Doriga, Salinas Pliego, Javier Alatorre (sin importar amiguito de quien sea), son agentes de la muerte, y esos, nos quieren arrojar por la borda.

3 Comentarios

  1. Me pareció muy crítico el enfoque de esta nota, esperemos que los medios de comunicaciones que llegan a la mayor parte de la población sigan este ejemplo.

  2. Es hoy cuando más necesitamos poner en el centro de la discusión social la vida de las personas, para construir colectivamente un nuevo pacto social feminista, socialista que no vulnere la dignidad humana.
    Gracias por compartir, para seguir pensando y construir.

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