Trueque Feminista: Mujeres se organizan para generar red de apoyo ante Covid-19

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Por Mercedes Matz/@abraxas_m

Una consulta de nutrición a cambio de terapia psicológica; un conjunto de ropa, por una despensa variada; diversas artesanías, por el proyecto de algún tatuaje; servicios de diseño gráfico, por alimentos artesanales; una chamarra en perfecto estado, por una funda para el celular o croquetas; y paquetes de libros infantiles a precios que reflejan sororidad. También está el caso de quienes aceptan efectivo (para eso de costear los servicios y la renta del mes). Y hay mujeres que simplemente buscan brindar apoyo, sin solicitar algo a cambio.

Con la entrada de la pandemia por Covid-19 a México, a inicios de este año, y el confinamiento establecido a partir del mes de marzo, el impacto negativo en el bolsillo de las personas es cada día más evidente. La falta de recursos o salarios, la desaparición de empleos y los despidos súbitos ha afectado a la población en general y con mayor encono a quienes se hallan en condiciones de vulnerabilidad.

Ante esta situación mujeres de todo el país, y principalmente del centro de México, se organizan para brindar apoyo y sostenerse entre sí, en medio de una cuarentena que dificulta la nueva cotidianeidad, especialmente para las mujeres que se han quedado sin solvencia económica, y que están a cargo de la manutención de hijas, hijos, o de alguna otra persona bajo su cuidado.

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Ante la preocupación que genera esta situación en medio de la contingencia sanitaria, la colectiva Brujas Feministas lanzó el Trueque Feminista desde redes sociales, un proyecto digital que busca formar una comunidad de apoyo económico feminista y solidaria.
Aunque esta práctica no es algo nuevo, y de hecho existe como una actividad milenaria, especialmente en zonas rurales, ahora cobra una fuerza especial ante la aparente caída de un sistema donde su esencia es dar un valor determinado por una cantidad de dinero. ¿Qué pasa cuando el dinero deja de moverse?

Ellas se siguen moviendo…

Nidia Rosales, feminista e integrante de la colectiva, explicó en entrevista telefónica que este trueque entre mujeres en medio de la contingencia es necesario porque algunas personas no cuentan con dinero, pero tienen la posibilidad de intercambiar ropa, servicios y otros materiales.

En algunos casos, esta dinámica les permite contar incluso con lo más básico: alimentos. “Se trata del sentido que le damos al trueque, del propósito que no es otro más que ayudarnos entre nosotras, y a quienes la están pasando con mayor dificultad que una misma”. Además, “las participantes están conscientes que es una oportunidad de ser solidarias sin caer en la caridad”.

Martina, de 22 años de edad y con 27 semanas de embarazo, vio reducido su salario en el contexto de la contingencia, este grupo ha sido un espacio más para compartir su historia y de paso ofrecer mermelada artesana, miel y mantequilla, pues requiere cubrir gastos y atención médica durante y después del embarazo de alto riesgo. Las respuestas no se hacen esperar: desde donativos y compra de sus productos, hasta ofrecimientos de artículos para bebé.

Expandir redes de apoyo

Este Trueque Feminista inicia en un grupo en Facebook donde las participantes pueden publicar los artículos que tienen a la mano, los productos que suelen hacer en sus casas y los servicios que ofrecen, como cursos en línea o consultas de todo tipo. A su vez, estos pueden ser intercambiados por despensas o artículos que necesiten en ese momento. O en su caso, solicitar pagos que pueden ser bajos, con el propósito de ayudar a quienes más lo necesitan en el momento.

Una vez logrado el acuerdo del trueque, intercambio o venta, se da paso al envío a domicilio o entregas personales, tomando las medidas de seguridad personal y de salud necesarias, por ejemplo, desinfectando el artículo cuando se trata de hacer una entrega.
Para a Brujas Feministas, este espacio digital puede resultar algo básico, pero es un buen comienzo para expandir las redes de apoyo psicológico, emocional, económico y laboral en las que ya han trabajado con anterioridad. También se proyecta que, quienes no cuentan con dinero o con algún otro servicio o artículo para ofrecer, tengan la posibilidad de capacitarse en algún oficio o actividad que les permita crear y seguir participando en la dinámica, para “truequear o vender”.

Y es que Mónica desea aprender a preparar mermelada. Fer busca un curso de maquillaje. Ana da clases de dibujo (en línea) a cambio de un trueque, (también da descuentos para quien prefiera pagarlos). Luisa quiere aprender a tocar la mandolina, a cambio, da asesorías legales o clases para hacer ropa.

En medio de la contingencia que trajo consigo la pérdida de empleos, “vamos a enseñar algo nuevo a mujeres que lo necesitan, algo nuevo para que puedan tener la opción de hacer algo para subsistir”, dice Nidia. Al final, se trata de “hacer más llevadera la contingencia”.

“Vamos a apoyarnos, las mujeres siempre nos ayudamos. Entre mujeres se nos ha inculcado la competencia, y en este grupo es lo contrario. El feminismo nos enseña que debemos valorar el trabajo de otras mujeres y no contribuir a su explotación. Hay compas que dan algunas consultas de emergencia gratuitas, que también se anuncian aquí. No debemos olvidar que la finalidad es formar una comunidad económica feminista fuerte y solidaria”, expresó Nidia.

Historias, más allá de un intercambio

Algunas feministas han hecho del trueque parte de su cotidianeidad, mientras que otras empiezan a contar las historias de su primer, segundo, tercer trueque…
Lorena Díaz es psicóloga, terapeuta conductual con perspectiva de género, cuenta que ha practicado el trueque desde hace muchos años, porque le resulta una forma de hacer redes con mujeres. “En una ocasión, una paciente que es fotógrafa y que en ese momento no tenía dinero para pagar sus terapias, me ofreció una sesión de foto para mi nieta, y esa fue mi manera de ayudarla”. Lorena expresa que “el truque es tejer redes sociales y ayudarnos unas a otras”.

Con la restricción de las salidas su trabajo se vio afectado, ya que sus pacientes están acostumbrados a acudir al consultorio y hubo quienes suspendieron sus sesiones de terapia por la falta de recursos y para dar prioridad a la adquisición de insumos básicos. Sin embargo, también se han encontrado formas que las personas que lo necesitan no tengan que sacrificar o abandonar por completo la atención de su salud mental. “Soy sorora, cuando hay chicas que no pueden pagar la terapia, buscamos la forma de truequear”.

Cuando esto pase…

Michelle Fajardo, de 26 años, es escritora y bailarina, optó por esta dinámica del intercambio o el truque para compartir sus conocimientos.

“Cuando entré al grupo fue con intención de conseguir algo para sobrellevar la emergencia, pensaba dar cursos en línea y cobrarlos, pero mi celular se jodió. Así que primero fui al grupo buscando un celular, pero me di cuenta de que había compañeras en una situación peor que la mía, por lo que decidí conseguir un celular por mi parte y dar los talleres sin cobro ni trueque para ellas”.

Los cursos que Michelle ofrece van desde la cultura coreana en general, hasta el guionismo en los k-dramas y coreografías en el k-pop. “Vi que algunas compañeras comentaban que su situación económica por el Covid está tan mal que ellas estarían dispuestas a truequear mercancía de sus grupos y sus idols favoritos a cambio de comida o de dinero en cantidad muchísimo menor al valor real del producto. Yo como k-poper sé que una tiene que estar muy desesperada para desprenderse de artículos de sus idols favoritos porque tienen un valor sentimental tremendo. Ver cómo la están pasando muy mal, me hizo preguntarme si yo no podía hacer algo para ayudarlas y como lo único que tengo son mis conocimientos, pues decidí darles talleres sobre lo que les gusta”.

“Antes del Covid-19 ya había perdido mi empleo y estaba en un limbo en el que no me sentía útil ni integrada en el mundo, ahora estoy viendo que sí puedo hacer algo bueno con mi existencia. Lamento mucho que sea en medio de esta situación, pero rescato para mi futuro el hecho de que mi consciencia sobre lo que puedo aportar a la sociedad no es la misma antes y después de la pandemia, incluso es probable que, en unos meses, cuando todo pase, pueda hacer esos talleres una fuente de empleo”.

“Las mejores formas de vínculos”

Para Gery Glus, el trueque es una de las mejores formas de vínculos, y aún más en estos tiempos. “Soy artesana, viajera y autogestiva, vivo de lo que hago con mis manos, y muchas veces el trueque me ha dado mucha abundancia, recibiendo y dando.

Revolucionario. He truequeado muchas cositas, incluso terapias, dónde no hay nada material. Durante el contexto por la epidemia también se han presentado oportunidades bien chidas, que te hacen sentir que las buenas somos más”. Gery cuenta que gracias al espacio donde se organiza el trueque muchas chicas conocieron su trabajo.

Adriana Cortez, también comparte su experiencia. “He truequeado cositas que me regalan que no uso o cositas que ya no me sirven a mí, pero que funcionan. O de los accesorios de los que vivo, y que hago a mano. Y afortunadamente he podido ayudar con cositas de despensa o dinero también.

A Mónica Sosa, el encierro por cuarentena le afectó en la venta de mermeladas caseras que elabora desde hace dos años. “Tengo un bebé, entonces fue muy difícil, pensé que es lo que iba a hacer”. Comenzó a ofrecer lecturas de tarot: “las chicas me han recomendado y gracias a la Diosa no me ha faltado trabajo, la he pasado sin carencias gracias a este grupo que es maravilloso”, comparte. “Mi bebé toma clases con una maestra online y yo tomo terapia en línea, a las dos chicas (que ofrecen las clases y la terapia) las conocí en el grupo de truque”. Mónica asegura que al pasar la contingencia seguirá con los trueques. “Me parece una manera revolucionaria de seguir movimiento el dinero y no dinero, y cuando pase esto seguiré practicando el trueque porque la revolución es feminista, económica y la estamos rompiendo con mucho amor, es increíble”.

Solo cambian las formas

A Yunuen Torres, originaria de Pátzcuaro, Michoacán, este tipo de dinámicas le trae a la mente la forma en que el intercambia se lleva a cabo en su zona, donde el trueque es una costumbre arraigada del pueblo tarasco de la Cuenca del Lago y Las Islas del Lago.

“Bien temprano, aproximadamente a las seis de la mañana, las mujeres se reúnen atrás de una iglesia para cambiar sus productos, todo lo cultivan, pescan y preparan ellas mismas: pescado fresco, verduras, duraznos, tortillas de malo, corundas y tamales de atole y zarzamora, también las famosas corundas, maíz fresco”. A la hora del trueque, “todo lo hacen, por decir así, al tanteo, ellas dan más y con mucho amor. Un kilo de pescado por unas cuatro docenas de tortillas a mano. Saben y aprecian el trabajo de otras que en su mayoría son mayores de 50 años, madres, abuelas, y mujeres luchadoras”.

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