Las mañaneras, la comunicación y el tapabocas

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Por Max González Reyes

El pasado primero de julio el Presidente Andrés Manuel López Obrador celebró en Palacio Nacional el triunfo que obtuvo en las urnas en 2018. El Mandatario dio un mensaje, uno más de los que poco a poco nos ha venido acostumbrando.

Es de reconocer que la comunicación social del actual gobierno es completamente distinta a la que venían presentando todos los gobiernos anteriores. En las administraciones previas (sin distinción del PRI o del PAN) se mantuvo una forma de informar a la sociedad a través de boletines, comunicados oficiales, o bien el encargado como vocero de la Presidencia hacía esa función. Pocas veces el Presidente por sí mismo se detenía a dar una entrevista a la prensa o a platicar con los medios. La referencia más próxima que se tiene son las pocas conferencias que dio el Presidente Ernesto Zedillo allá por los años noventa, pero ante la exposición a los medios prefirieron suspenderlas; o las dos o tres que dio Vicente Fox, las cuales fueron suspendidas por la misma causa. Es de recordar que para este primer sexenio panista, el Presidente prefirió nombrar a Rubén Aguilar como vocero de la Presidencia para contrarrestar las conferencias mañaneras que desde aquel tiempo empezó a dar Andrés Manuel López Obrador cuando era Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

A diferencia de ellos, el ahora Presidente López Obrador ha dado conferencias matutinas desde el primer día de su mandato; sólo las ha suspendido en días festivos, o en las pocas veces que en definitiva no se han podido realizar. La más reciente suspensión fue su gira por Estados Unidos, en las que no hubo mañanera dos días, los mismos que duró la visita.

Desde que obtuvo el triunfo en las urnas, López Obrador perfiló un enfoque distinto en la comunicación de toda la administración pública. Desapareció las áreas de comunicación social, y más allá de los recortes que ha implementado en diversas dependencias, en algunos casos del 75 por ciento, concentró en su persona a prácticamente toda la comunicación. Sus conferencias han acaparado la atención de los medios de comunicación. Él es el protagonista y personaje principal. Es cierto que en la mayoría de ellas se hace acompañar de secretarios de estado o funcionarios encargados del tema a tratarse en esa mañana, pero aun así el Presidente es el dueño del escenario. Lo ahí dicho prácticamente se vuelve comunicado oficial. Ahí ha anunciado iniciativas de ley, firmado oficios; ha dado instrucciones a sus secretarios, ha aceptado renuncias y anunciado incorporaciones a su gabinete, ha recibido a empresarios e invitados especiales, ha comunicado su agenda para los siguientes días, anunciado giras, etc.

De igual manera, en esas conferencias el Presidente ha despotricado contra todo y todos. Cada vez que puede descalifica la función de los organismos autónomos. Desde la Comisión Reguladora de Energía, la Comisión Nacional de Derechos Humanos o el Instituto Nacional Electoral, organismos que para él son instancias que lo único que hacen es sustraer presupuesto del Estado. Por ello ha anunciado varias iniciativas para eliminarlos. De igual manera, ha hablado en contra de las administraciones anteriores, de los funcionarios “corruptos”, de los ex Presidentes que han hecho daño al país, ha recordado a algunos luchadores históricos de izquierda, ha hecho referencias a la historia, exaltado a Miguel Hidalgo, Francisco y Madero, Benito Juárez, Lázaro Cárdenas, los próceres que conforman su Cuarta Transformación (4T). Asimismo, ha dado línea a los legisladores de Morena. Por ello, él se presenta como el gran reformador, el arquitecto de una nueva estructura del Estado mexicano. Así lo ha dicho infinidad de veces: “no nos confundan, no somos iguales”.

Si algo tiene de positivo la exposición ante los medios del Presidente es que ha demostrado cómo es en realidad, lejos del protocolo de las ceremonias, actos y discursos oficiales. A diferencia de sus sucesores, López Obrador se exhibe, se expone, se enfrenta todos los días. Es el terreno donde mejor se mueve. Cabe recordar que su trayectoria política refleja que siempre ha estado en el debate, en el diálogo y la confrontación. Es precisamente en esas conferencias mañaneras que el Presidente ha mostrado el desprecio a las medidas de prevención y contagio del coronavirus, covid 19.

Los medios destacaron a principio de la pandemia que el Jefe del Ejecutivo no guardaba la sana distancia, no cumplía la recomendación del lavado de manos ni omitir el saludo con la mano ni mucho menos el uso de cubrebocas. Por ello mismo, fue de llamar la atención que en su gira que llevó a cabo los días 8 y 9 de julio a Washington, usó el cubrebocas respectivo desde el momento mismo de abordar el avión que lo trasladó a la capital de Estados Unidos, pues se había mostrado reticente a usarlo, así como a hacerse la prueba del covid 19, pese a que algunos de sus colaboradores cercanos han dado positivo, caso concreto del titular del IMSS, Zoe Robledo, y del secretario de Hacienda, Arturo Herrera. Con ello el Presidente da un mensaje de que a él la enfermedad no lo toca. Incluso cuando anunció con altanería que en su examen previo a su visita, la prueba había resultado negativa.

Con la cantidad de conferencias que al momento ha dado el Presidente podría decirse que este es un gobierno transparente. Sin embargo, el hecho de que todos los días imparta una mañanera, no significa que lo ahí mencionado sea verdad, sino más bien la visión del Mandatario. La posición frente a los medios no implica necesariamente una rendición de cuentas.

Es probable que las conferencias duren todo el sexenio (no se vislumbra en el horizonte pretenda eliminarlas), pues es una forma de siempre mantener al Presidente en las primeras planas de periódicos y noticieros; sin embargo, el desgaste ante los medios le puede cobrar factura al caer en una decadencia paulatina, como ya se puede observar el los índices de recepción de las mañaneras.

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