OPINIÓN | Cuando las palabras nacen del corazón

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Por El Centro de Derechos Humanos de la Montaña “Tlachinollan”

Solo estudié hasta el tercer año de primaria en Juxtlahuaca, allá por Colotlipa. Ya no pude seguir, porque mi papá murió cuando yo tenía 9 años. Todavía me acuerdo que mi mamá estaba embarazada de mi hermana la más chiquita. Fuimos cinco mujeres y dos hombres. No sé cómo le hizo mi mamá, pero ella nos sacó adelante. Nos fuimos a Tixtla donde ya estaba trabajando el hermano más grande. Lavando ropa estiraba el dinero para darnos de comer. En un terrenito construimos una casita de madera. Ahí vivimos con mi mamá hasta que nos fuimos casando.

Muy chica empecé a trabajar en las casas de los patrones. Estuve en la ciudad de México, en Chilapa y Atoyac. Anduve en varios lugares buscando siempre ayudar a mi mamá, hasta que me casé. Dios me bendijo con cuatro hijos. Primero con mi querido Miguel Ángel, por quién he luchado durante estos seis años para dar con su paradero.

A pesar de nuestra pobreza hemos podido darles estudio a los demás hijos. No les pudimos ofrecer más, porque el sueldo de quienes no tuvimos la oportunidad de estudiar, solo alcanza para medio comer. Como mujer del campo estoy acostumbrada a trabajar duro. Así lo aprendí de mi mamá. Nunca la vi derrotada, ni tampoco estaba atenida a que alguien le ayudara. Con sus manos nos enseñó a ser mujeres independientes a valernos por lo que somos y nunca dejarnos para que otras personas nos sometan.

Hoy esas enseñanzas las llevo dentro de mi corazón, así como llevo a mi hijo. Como madre no me he quedado con los brazos cruzados, ni tampoco estoy esperando que alguien busque a mi hijo. En estos seis años, que son de mucho dolor el amor por mi hijo me ha armado de valor y no le tengo miedo a nada ni a nadie. Nunca imaginé que parte de mi vida iba a dedicarle a luchar contra el gobierno, que desapareció a mi hijo.

Todas las madres que estamos exigiendo la presentación de nuestros 43 hijos estamos curtidas, no solo porque sabemos trabajar en el campo y en nuestra casa, sino porque sabemos lo que es el sufrimiento y lo que duele la mentira de un gobierno, que se empeñó en lastimarnos y maltratarnos. La gente de Peña Nieto creyó que, con su mentira histórica, nos íbamos a regresar a nuestras casas para llorar nuestra resignación. El mismo Tomás Zerón gastó más de mil millones de pesos, para armar una historia que ha desangrado nuestro corazón, por eso no permitiremos que este señor se burle de nosotras, ni que el gobierno de López Obrador lo deje tranquilo.

Cuando las madres y padres decidieron que yo hablara en su nombre frente al presidente de la república, no me quedó de otra que aceptar. Inmediatamente pensé en mi Miguel Ángel, que es, como decía mi abuelita, el ángel de la guarda, el que está a mi lado, y que en todo momento me acompaña. Yo no puedo decir que sé tomar la palabra. Para eso no nací. Pero ahora agarro el micrófono porque tengo que hablar por mi hijo y por los 43. Porque como madres no podemos permanecer calladas. Sería lo peor que nos pudiera pasar, porque es como olvidarnos y matar a nuestros hijos.

Lo que le dije al presidente, es lo que sentimos las 43 madres. No fue un discurso, ni tampoco unas palabras que yo haya preparado. Ningún padre y ninguna madre estamos pensando cómo vamos a hablar con las autoridades. Es en ese momento cuando te salen las palabras, porque salen del corazón. No estamos pensando en quedar bien con alguien, mucho menos hablar con hipocresías, como lo hacen los políticos, o andar buscando palabras para que no se les ofenda. Lo que les decimos es lo que sentimos, si les reclamamos es porque vemos que no están cumpliendo con su responsabilidad, que no están comprometidos con la verdad o que están vendiendo la justicia, como lo han hecho algunos jueces.

Muchos piensan que nos da gusto estar sentadas en estas reuniones y que vamos para sacarnos la fotografía, como si se tratara de un espectáculo o una fiesta. Es lo que menos nos interesa. Si supieran todo lo que estamos sufriendo por nuestros hijos y por los que están en nuestras casas, entenderían que nuestros viajes a la ciudad de México, no son por gusto, mucho menos porque queremos ir a Palacio Nacional. Lo hacemos por necesidad, por el dolor que nos mueve para encontrar a nuestros hijos.

Lo hacemos porque es la única forma de saber qué avances hay en las investigaciones; para qué nos informen cuándo van a detener a los funcionarios que inventaron la verdad histórica. ¿Cuándo van a meter a la cárcel a quienes se llevaron a nuestros hijos? ¿Por qué tanto tiempo llevamos sin saber la verdad?  Eso es lo que nos interesa y por eso como madre, tuve que hablarle con toda mi fuerza y con todo mi sentimiento al presidente López Obrador:

“(Señor presidente) Como ve, nosotros no hemos dejado de exigir la presentación con vida de nuestros hijos. No hemos dejado de luchar. Yo le pido, señor presidente, que, así como se comprometió con nosotros, que íbamos a llegar a la verdad, usted dijo que iba ayudarnos a encontrar a nuestros muchachos.

Como madre le pido que sigamos caminando juntos. Nos da gusto ver que es más ser humano que los anteriores. Pero sí pedirle que apriete un poquito más. Nosotros queríamos llegar a este 26 con algo más. Entiéndanos, ya son seis años y no tenemos nada. Sí nos dolió que el año pasado estuvieron saliendo varios de la cárcel, llevándose información. Nos da coraje ver que los detienen. Están encerrados y no dicen nada, no dan la información que tienen.

Para nosotras como madres es desesperante y nos da coraje cuando dicen que hacemos actividades fuertes. Si por nosotras fuera destruiríamos todo, porque nos faltan nuestros hijos. Nos quitaron lo que más queremos. Usted como padre nos entiende. Yo le digo póngase un día siquiera en nuestro lugar, esto no se le desea a nadie. Es horrible que le arrebaten a un hijo. Esto es lo que duele más, nos dieron donde más nos duele.

Nosotras nunca nos imaginamos estar acá. Como le hemos dicho, no sabíamos ni tomar un micrófono. Sin embargo, por amor a nuestros hijos, es que hemos tenido que caminar, gritar, exigir, y usted fue el ejemplo que luchó varios años para llegar a ser presidente. Así también le pido que nos ayude a llegar a nuestra meta. Siento que lo que estamos exigiendo no es nada material. Es nuestro derecho, son nuestros hijos y tenemos el derecho de tenerlos con nosotros.

Yo quiero decirle que, así como depositamos nuestra confianza en usted, que no nos defraude. Que los mexicanos necesitamos confiar en alguien. Necesitamos tener a alguien que nos ayude, porque hemos estado viendo que en lugar de que vengan a proteger a sus mexicanos, vienen a desaparecerlos, a matarlos, y no es posible que los delincuentes sean más poderosos que usted, señor presidente.

Dicen que a nuestros muchachos los entregaron a la delincuencia. A nosotros no nos interesa eso, se los llevaron los policías, participaron militares, hubo videos, hubo fotografías, operaron el C4, ¿dónde están todas esas pruebas? ¿dónde quedaron? ¿cuándo les van a llegar a los militares, señor? Para nosotros cada día que pasa nos desespera. Llega el día y la noche y no sabemos nada. Salimos y regresamos a la casa con las manos vacías.

Nosotros los mexicanos estamos teniendo esperanza en usted porque hemos visto que es diferente. Así como usted ha luchado, nosotros lo seguimos haciendo, si no les gusta vernos en las calles y si no les gusta que estemos bloqueando, pues entréguennos lo que queremos y con gusto nos retiramos. Si estamos acá es porque nos pusieron, y como le digo, tenemos que tener una esperanza para seguir viviendo realmente.

Dicen que parecemos locos, tal vez sí, locos de dolor, señor, porque cargamos este dolor ¿dónde lo dejamos? ¿Qué hacemos con este dolor que lo cargamos acá? ¿Cómo podemos hacerle como madres y padres? Más que agarrarnos de usted y seguir caminando y luchando, y que no nos defraude. Tenemos esperanza en usted, en que vamos a lograrlo. Tápeles la boca a esas personas que hablan mal de usted y lo mismo de nosotros. Demuéstreles que es usted un ser humano y que sí le interesan las vidas y no las cosas materiales.

En esta jornada hemos hecho todo pacífico. Sí cargamos el coraje, al menos como madres lo hemos demostrado, hemos salido, no hemos descansado, pero ¿quién de ustedes no haría lo mismo? Yo pienso que hasta más.

Señor presidente, aquí vea a estas madres y padres que andan enfermos, vienen de sus comunidades, pero aquí están porque tenemos una esperanza grande. En nuestra casa nos falta un miembro; vemos la cama vacía, la mesa. No es posible, ya voy a comer ¿y mi hijo, ya comió? ¿Está enfermo? ¿Cómo está?

Busquen, señor, a nuestros hijos.  Por ahí los tienen, y yo nunca voy a dejar de exigir, siempre voy a gritar que los queremos vivos porque así se los llevaron. Que nos los regresen, así como se los llevaron. No tienen ningún derecho de disponer de vidas ajenas, señor.

Y muchas gracias, compañeros por confiar en mí. A mí me duele también lo que nos dicen. Y, señor presidente, le vamos a hacer entrega de unas prendas, son hechas por las madres de los 43. No es un regalo, son mensajes, para que cuando los vea se acuerde que aún en nuestra casa (y cuando llegue a la suya) se acuerde que nos faltan nuestros 43 y miles más. Mataron a tres en Iguala, hay un joven que aún sigue en coma. Imagínese a esa madre estar viendo a su hijo.

“Por los 43 y miles más. No nos fallen. Ayotzinapa”

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