El presente texto es resultado del trabajo colectivo de la Red Universitaria Anticapitalista

Redactó: Marla Arce

Fotografías: Francisco Lion – COTRIC

Hablar de crisis cada vez nos parece más común y cotidiano. La crisis se ha vuelto el adjetivo para poder explicar las dinámicas de despojo y violencia bajo las cuales se nos obliga, prácticamente, a reproducir la vida todos los días. En condiciones indignas e indignantes, en las cuales “vivir” pareciera el lujo de pocos y el “sobrevivir” la ardua tarea de todas, todxs y todos los demás. Las luchas por la vida pasan por ello, por hacer que las vidas de “lxs que sobran” sean vivibles y dignas.

Las luchas por la vida germinan y resisten por todos lados, y las podemos encontrar si, con cautela, prestamos atención. Están en nuestros barrios, colonias, en los pueblos, las selvas, las montañas, en los ríos y manglares, en las pequeñas cooperativas y en todas las colectividades que se organizan para re-existir. Las luchas por la vida crecen y se sostienen como hierba silvestre entre el concreto.

Así como éstas florecen en la inevitabilidad de la vida, también todas estas formas de existir que se ostentan en lo que se ha negado, se encuentran en peligro. Las vidas que se han apre(he)ndido en lo común se enfrentan al despojo constante, al que lleva al exterminio.

En el cultivo cotidiano de estas resistencias que viene acompañado de victorias y derrotas, las cuales no sólo viven los protagonistas que no son anónimas/xs/os; sino también vienen acompañadas y acompañadxs de corazas enormes y colectivas que se han construido y fortalecido por al menos un poco más de 500 años.

Nombrar a las personas defensoras, a lxs Defensorxs, además de honrar y reconocer su quehacer cotidiano para el resguardo de la vida, pasa también por hacer visibles y denunciar todos los ataques bajo los cuales son objeto: Intimidaciones, acoso, detenciones arbitarias, desparaciones e incluso el asesinato.

La Hidra, como bien hemos aprendido con nuestras y nuestros compas zapatistas, tiene un espectro inmenso: racista, clasista, colonial, patriarcal, misógino, terricida, antropocéntrico e intrínsecamente odiante. La Hidra que viene como un tren mal llamado “Maya”, como Proyecto Integral Morelos, como cerveceras que pretenden desabastecer de agua a comunidades enteras, como un puente vehicular que destruirá ecosistemas únicos en Xochimilco. La Hidra viene con un discurso “modernizador y desarrollista” que sólo nos acelerará hacia un ecocidio ya anunciado.

El llamado al que ahora nos sumamos, en medio de lo que parece ser otro de los finales del mundo que los pueblos viven una y otra vez, es a defender a lxs Defensorxs, que más allá de un discurso claramente necesario, implica una participación activa. Es necesario que cada una, unx y uno de nosotrxs nos involucremos en todas estas defensas diarias que brotan y, que no nos son ajenas para defender nuestra casa común.

Nombramos a Samir Flores, Betty Cariño, a Galeano el zapatista, a Guadalupe Tapia y a lxs otrxs 128 defensorxs del CNI que al menos para el 2019, han sido asesinadas, asesinados y/o desaparecidxs.

Defender a lxs defensorxs no implica una relación lineal ni jerárquica, ni mucho menos mesiánica. Al contrario, pensémoslo como una red que se entreteje en el cuidado y reconocimiento del quehacer y la vida de lxs otrxs. No sólo humanxs, sino de todos aquellos seres con quienes compartimos la existencia en este planeta.

Defender a las y los defensores invita a la creación de redes urgentes de vida, las cuales nos recuerdan que, si no procuramos en conjunto, si no cuidamos y defendemos la vida entre todxs nosotrxs, la Hidra no lo hará, por el contrario, arrasará con ella.

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