Texto: Carolina Elizabeth Díaz Iñigo 

Fotografía: Francisco Lion

El presente texto es resultado del trabajo colectivo de la Red Universitaria Anticapitalista

Durante la época colonial la minería fue la actividad más importante de exportación y eje de la economía en la Nueva España; en este contexto, los pueblos originarios fueron obligados a trabajar en las minas. La explotación minera contribuyó a la acumulación ampliada de capital, necesaria para el desarrollo del capitalismo mercantil a nivel mundial; en este sentido, continúa jugando un papel preponderante en el desarrollo del ahora capitalismo neoliberal.

Desde el periodo de conquista, hasta el día de hoy: el despojo, el desprecio, la represión y la explotación de los pueblos indígenas y de la naturaleza (lo que los zapatistas denominan como las 4 ruedas del capitalismo), se continúa perpetuando en forma de dominación y saqueo. Megaproyectos como el mal llamado Tren Maya, el Proyecto Integral Morelos (PIM) o el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, representan la expansión de esta conquista territorial, aunque ello signifique no sólo entregar la soberanía nacional a intereses privados, sino primordialmente acabar con las resistencias que desde abajo y la izquierda abanderan los pueblos originarios.

Existe, por lo tanto, un continuum de violencias iniciadas con el saqueo colonial hasta nuestros días y es a través de las 4 ruedas del capitalismo mencionadas anteriormente, que la Hidra capitalista sigue avanzando. Una de sus dimensiones más relevantes, se denomina colonialidad de la naturaleza, la cual ha provocado que la tierra y las personas sean concebidas como mercancías y recursos. De acuerdo con el pensador Patricio Guerreo Arias (2010) esta dimensión, es el eje del modelo civilizatorio actual, el cual es primordialmente ecocida, pues prefiere el capital sobre la vida humana y no humana. Este modelo ha hecho todo lo posible por desvincular a la humanidad, de la naturaleza y de otros seres vivientes, lo que ha provocado la destrucción de innumerables ecosistemas. Las consecuencias son diversas, desde el calentamiento global, hasta la proliferación de enfermedades. Lo que caracteriza a este sistema de la modernidad/colonial/capitalista, es hacer negocio con la muerte.

La crisis civilizatoria que enfrentamos actualmente, es imperante que se combata también a nivel cultural e ideológico; por ello, es necesario cuestionar la noción que sostiene que únicamente a través del dominio, la explotación de la naturaleza y de otros seres humanos, podemos alcanzar el tan anhelado “progreso”. Para enfrentar esta colonialidad de la naturaleza, se deben recuperar las historias y principios de aquellas y aquellos que han entregado su lucha por la defensa de la vida. Defensoras y defensores del territorio, principalmente de origen indígena que son asesinados día con día por cuestionar estos cimientos del progreso. Basta con mencionar a nuestro compañero Samir Flores Soberanes, asesinado hace dos años, quien se oponía al PIM que se busca imponer en los estados de Morelos, Puebla y Tlaxcala, y cuyo crimen permanece en la impunidad. O también, el asesinato de Homero Gómez González, defensor de la mariposa monarca en el estado de Michoacán. Ambos con la clara convicción de que la vida de las personas y de la naturaleza no se podían comprar.

Movilización por el primer año sin esclarecimiento del asesinato de Samir Flores Soberanes. (Foto: Francisco Lion)

Si bien la presencia de megaproyectos a lo largo del país, forma parte de la expansión territorial del neoliberalismo; no obstante, los pueblos pertenecientes al Congreso Nacional Indígena (CNI), también han sabido resistir. La dignidad y el amor por la madre tierra, han sido piezas fundamentales que sostienen la vida cotidianamente, en contraste a la necropolítica (Mbembe, 2011) de nuestros días. Su participación tiene como base la defensa del territorio y de la vida para sus familias y comunidades; pero también, su participación forma parte de una lucha por la humanidad. Esta lucha ha hecho innumerables llamados a estudiantes, trabajadores, mujeres, activistas, y a la sociedad civil nacional e internacional a que se sumen en esta defensa de la vida, pues el tiempo se acaba en presencia del cambio climático, el incremento de enfermedades, la desaparición continua de especies y ecosistemas; sin embargo, la respuesta de los poderosos, es el asesinato de quienes defienden el planeta y su diversidad.

Movilización por el primer año sin esclarecimiento del asesinato de Samir Flores Soberanes. (Foto: Francisco Lion)

Los pueblos indígenas agrupados en el CNI, así como su vocera Ma. de Jesús Patricio Martínez, nos han dado un ejemplo histórico de lo que significa la dignidad y el amor a la madre tierra, lo anterior les ha permitió combatir la colonialidad de la naturaleza. La lucha de los pueblos nos muestra que es posible refutar los principios de la cultura capitalista que sostienen que el dinero y la acumulación de la riqueza material es la única vía para alcanzar la felicidad. La vida, en este sentido, no se puede comprar. Por el contrario, es la dignidad y el amor por la madre tierra, la que, en este sombrío panorama, nos llevarán a construir el futuro al que nos negamos a renunciar. Les invitamos a conocer más información sobre los megaproyectos que afectan a todo el país en el trabajo: Los Espejos del CNI.

Hoy más que nunca, defender a las y los defensores es una tarea urgente y Hoy más que nunca, defender a las y los defensores es una tarea urgente y colectiva…

Pinturas realizadas por Bases de Apoyo pertenecientes al Ejército Zapatista de Liberación Nacional

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