Por Mayvelin Flores

* Este texto es parte del trabajo colectivo de la Red Universitaria Anticapitalista.

El 17 de noviembre de 1983 llegó a las montañas del sureste mexicano un núcleo guerrillero integrado por cinco varones y una mujer, fundaron el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. Su objetivo era hacer la revolución a través del método de la guerra de guerrillas tan extendido por América Latina durante los años 60s y 70s. Poco a poco y durante diez años la selva los acogió, los multiplicó por miles y los transformó en hombres y mujeres de maíz, de esos que son del color de la tierra.

Para 1994 ya eran un ejército con capacidad táctica para tomar por asalto cinco cabeceras municipales del estado de Chiapas. Era descabellado luchar contra un gobierno que pregonaba llevar a México al primer mundo. Sin embargo, la sociedad civil salió a las calles para pedir un alto al fuego por parte del ejercito mexicano y del ejército guerrillero. El EZLN respondió a ese llamado y guardó las armas, en respuesta la sociedad civil nacional e internacional estableció un dialogo con los rebeldes para escuchar las motivaciones del levantamiento y sus demandas. El gobierno desestimó ese llamado y hasta la fecha mantiene una estrategia de contrainsurgencia contra el zapatismo.

Hubo ciertamente quien los acuso de trasnochados por no quererse subir al tren del progreso, tal como ocurre ahora con los mayas peninsulares y el mal llamado tren maya. Quién hubiera imaginado en ese entonces que 25 años después la respuesta, del primer gobierno autonombrado progresista, a las demandas de los pueblos indígenas y originarios (Democracia, Libertad y Justicia), iba a ser muy parecida a la del régimen salinista: muerte, despojo-destrucción de sus territorios, devastación de su entramado social al generar división y enfrentamiento al interior de las comunidades, mercantilización de su cultura y al despojarlos de sus medios de sustento los arroja a los mercados de trabajo para engrosar las filas del desempleo en el mejor de los casos, en el peor, las filas de migrantes secuestrados y desaparecidos por el crimen organizado.

A pesar de estas condiciones, los cientos de miles de zapatistas que ahora son han logrado construir en sus territorios autonomía de facto, es decir autogobernarse. Han materializado mediante su trabajo colectivo proyectos productivos agrícolas, cuentan con un sistema educativo propio adecuado a su realidad y necesidades hasta el nivel universitario, tienen un sistema de salud y un sistema de acceso a la justicia que proporciona atención no sólo a los zapatistas sino también a sus hermanos partidistas (como llaman a los militantes de los partidos políticos con registro). Han logrado el acceso a la tierra para las mujeres quienes también la trabajan de forma comunitaria.

Mientras entre los jóvenes indígenas partidistas se incrementan los suicidios, los y las jóvenes zapatistas ahora pueden decidir con quién casarse o incluso no hacerlo, viven su juventud con acceso a la tecnología pues conforman sus propios medios de información y comunicación. Bailan, cantan y tienen acceso a expresiones artísticas que incluso para jóvenes de las urbes son la mayoría de las veces inaccesibles, sus recientes CompArtes (Festivales) de danza y cine son una muestra de esto. Los casos de violencia entre las parejas (violencia doméstica) son muy bajos, las violaciones sexuales prácticamente inexistentes y los feminicidios son nulos.

Los zapatistas no tienen una vida caracterizada por la acumulación de la riqueza y otros satisfactores considerados propios de las sociedades desarrolladas como la posesión de bienes raíces, automóviles, joyas o activos en la bolsa de valores (igual que los 71 millones de pobres -56.7%- que hay en México, igual que el 27% de la población denominada clase media que tiene casa y auto, pero no capital), tal vez por ello hay una interpretación de que no han hecho nada en estos 26 años. ¿Cuándo abandonamos como humanidad la aspiración a una vida con Dignidad para todos y todas? ¿Por qué aceptamos como única posibilidad de vida trabajar para que muy pocos acumulen riqueza a costa de nuestra miseria con la promesa de que un día seremos parte de ese selecto grupo? ¿Hay otras formas de vida, todavía hay esperanza para la humanidad?

El próximo 03 de mayo, esa montaña que en 1983 recibió y abrazo a un pequeño núcleo guerrillero, surcará la mar para multiplicarse, encontrarse y transformarse en su caminar con mujeres, hombres y otroes dispuestos a escuchar con el oído atento y con el corazón encendido por el fuego que la rebeldía da a quienes se resisten a convertir la vida en una mercancía más, anticapitalistas les dicen. Esta vez son cuatro mujeres, dos varones y una compañeroa (mujer trans) quienes conforman el escuadrón 421. Todos son indígenas de algún pueblo maya, la mitad de ellos creció con la resistencia, la otra mitad son compañeras que nacieron después del levantamiento de 1994.

Van a Europa a encontrarse con otros que son como ellos, aunque distintos en sus modos de ser, no van a conquistar nada ni a exigir disculpas, pero si van a invadir de rebeldía y de lucha los centros capitalistas, esos que se formaron gracias al saqueo de los territorios de los indígenas hace más de 500 años. La travesía por la vida no está financiada por ninguna corona, sino por el trabajo de los zapatistas, así como de colectivos y organizaciones que ya les esperan en al menos 32 países. Los zapatistas van para compartir sus dolores, pero también la alegría de la lucha que no se rinde, que no se vende y que no claudica a pesar de tenerlo todo en contra. Si al igual que muchos ya te estás dando cuenta de que la solución a nuestros problemas no está en votar por un partido político u otro, tal vez y sólo tal vez sería bueno que te asomes al zapatismo, esa ventana que nos muestra que otros mundos son posibles.

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