Una herramienta para la gente

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La democracia consiste en la igualdad de derechos, incluido el derecho de votar y ser votado, y la razón por la que ese sistema debe adoptarse es que todas las personas son sujetos y no objetos; cualquier otro sistema las trataría como objetos”1.

Porfirio Miranda

Por Molay Maza Ontiveros / Política Zombie

En el siglo XIX los pueblos de Nuestra América dirigidos por grupos criollos y diversos dirigentes revolucionarios hombres y mujeres ilustradas, lograron la emancipación política de sus naciones. El fenómeno político que operó fue la transición de la soberanía del monarca y sus representantes plenipotenciarios en las colonias, a otro tipo de soberano más plural y más complejo. La soberanía dejó de emanar del Rey como representante de Dios en la tierra para recaer en el pueblo, la transición de la colonia monárquica a la república independiente implicó a su vez la transición del poder del monarca al pueblo. Una de las grandes aportaciones de las revoluciones burguesas fue esta, sino es que la más importante, la republica o cualquier régimen democrático tiene esta impronta como su fundamento. El poder del pueblo.

El problema de los últimos 200 años ha sido ¿cómo hace el pueblo para ejercer ese poder soberano? Los monarcas contaban con el poder de las instituciones de coacción ideológica como la iglesia y sus instrumentos sanguinarios de castigo, un gran poder que aún en nuestros días convoca al feminicidio2 sin ningún temor a represalias por parte del Estado democrático en ciernes, además del poder económico surgido de la acumulación y centralización de la riqueza recaudada mediante el despojo por encomiendas, haciendas y feudos. Los comerciantes e industriales lograron acumular grandes sumas de dinero, producto de la explotación asalariada y a través de la violencia del trabajo esclavizado en la carne de los pueblos y el hambre lograron un gran poder económico que a su vez se convierte en poder político, ya en plena modernidad industrial capitalista.

Para que el pueblo pueda ejercer algún poder requiere de organización, cada individuo colabora con más individuos y crea comunidad, una, dos o tres comunidades o grupos crean una fuerza social, el poder del pueblo no radica en el dinero, ni en los liderazgos, que a su vez son débiles si no cuentan con el apoyo de una mayoría bien organizada. Para ejercer el poder el pueblo requiere de espacios de organización social y política, como asambleas, concejos, frentes, alianzas, partidos políticos, entre muchas otras expresiones de comunidad, pero fundamentalmente se requiere del Estado. El Estado democrático es el instrumento ideal para el ejercicio del poder por parte del pueblo.

Para que las y los trabajadores puedan defender sus derechos necesitan organizarse en sindicatos. Para que las y los campesinos defiendan sus derechos necesitan organizarse en comunas, centrales, federaciones, cooperativas, comunidades de producción alternativa, etc. Para que las y los estudiantes puedan defender sus derechos deben hacer lo propio. Las mujeres han hecho oír su poderoso clamor anti patriarcal por que se han organizado en múltiples expresiones, colectivas y asociaciones, cuando salen unidas a las calles muestran una fuerza capaz de conmover a la nación.

Si un pueblo o clase social oprimida se dispone a transformar la realidad social, económica y política se organiza en partido para proponerse alcanzar los espacios del poder político y transformar desde allí la sociedad, o por lo menos resolver los problemas que las clases poderosas económicamente no han querido resolver, hoy un ben ejemplo de esto es el calentamiento global.

Las clases enriquecidas son conservadoras por su propia condición, mantener el estado de cosas imperante forma parte de su existencia como sujeto enriquecido. Cambiar las condiciones de desigualdad y explotación en una sociedad determinada es un problema de las clases empobrecidas, de los y las desheredadas de la tierra, de las desplazadas y encarceladas. De la viuda, el huérfano y el hambriento. Los de arriba no necesitan que cambien las cosas, las y los de abajo requieren de los cambios para vivir con dignidad y garantizar la vida buena de las generaciones que vienen.

En este orden de ideas: El partido es una herramienta colectiva para la acción política de los grupos sociales, en nuestro caso una herramienta para la liberación de los pueblos oprimidos, y la forma en que se organiza es determinante pues en su acción política colectiva, el partido se convierte en experiencia política y forma la personalidad democrática o autoritaria de sus militantes, sus dirigentes y sus candidatas. Una fuerza democrática forma demócratas, una fuerza autoritaria forma autócratas, un partido que simula con la apariencia democrática y prácticas más bien verticales y sin consenso, forma simuladores, blandengues y traidores. Sólo un partido democrático puede ofrecer a la sociedad un Estado democrático.

Así las cosas, hoy el partido más grande de América Latina pasa por una crisis brutal de cohesión interna, de representación y dirección políticas, de atomización y desorganización de su militancia y de articulación de sus estructuras. Arriba dirigentes encumbrados que no escuchan a la base, abajo cientos de capillas con su campanario, feudos incapaces de vincularse y actuar como uno sólo frente a la diversidad de retos políticos que presenta la realidad.

El partido político que hoy dirige los destinos del país pasa por una grave crisis de representación interna y desorganización. Cerrar los ojos ante el problema y tratar de resolverlo con imposiciones será un grave error si se pretende hacer así. La única salida es la democratización, la reorganización y la reunificación del partido.

La tarea es compleja y ningún individuo puede acometerla de forma aislada. Porque además la historia nos reclama una nueva forma de organización y una nueva actitud ética para construir una cultura política solidaria, afectiva, respetuosa, democratizadora. Esta nueva experiencia política colectiva es el partido-movimiento. No se trata de un juego de palabras que refiere al antecedente de morena como movimiento y su actualidad como parido electoral. Es una categoría política que permite comprender un nuevo tipo de articulación de voluntades, una organización democrática asamblearia, estructurada desde los movimientos sociales, los barrios, las rancherías, los pueblos, los centros de trabajo, el hogar mismo es un espacio de organización, discusión y producción de ideas para el cambio.

El partido movimiento debe ser capaz de proponer respuestas discutidas a los problemas del gobierno, la sociedad, la cultura, la economía y los más variados asuntos públiocos, propuestas discutidas desde las y los actores vivos de cada problema en cada rincón del país y en cada sector de la sociedad, de la comunidad y del Estado. El partido movimiento encarna una gran conversación incluyente, igualante y resolutiva, teórica por que requiere de aprendizajes, estudios, análisis y debates profundos, pero también práctica y práxica, porque es acción transformadora colectiva.

El partido movimiento es una fuerza política que conjuga la contradicción entre la versatilidad (que no horizontalidad) del movimiento social, con la estructuración, el orden, la organización y el temple de un partido de nuevo tipo, cuya tarea fundamental es la disputa del poder político, la disputa del Estado.

El partido movimiento es, necesariamente un partido de las mayorías, sus preocupaciones no pueden ser otras que las del bloque histórico de las, los y les oprimidas: la lucha en contra del patriarcado y las violencias machistas, macro y micro. La defensa del medio ambiente y la generación de propuestas para superar la destrucción de la vida natural; la defensa de los derechos humanos y las libertades democráticas frente a toda forma de opresión y discriminación, racismo, clasismo, machismo y autoritarismos varios; la defensa de los intereses generales de la nación y los pueblos originarios frente a toda intromisión de intereses extranjeros imperiales.

El partido movimiento es una inteligencia creativa colectiva cuya tarea principal es crear las alternativas para construir una sociedad justa, libre, democrática e igualitaria para todas las personas que habitan el suelo nacional, pero también se debe asumir como una herramienta para promover la integración latinoamericana, nuestro americana y la fraternidad universal.

Por todo lo anterior, y ya para finalizar. La democracia partidaria es inherente a la intención de construir un partido con estas características y que pueda asumir las complejas tareas de defender y madurar la Cuarta Transformación en las siguientes décadas. Los mandos partidarios, burócratas y dirigentes que consideran que la salida a la desorganización es la imposición de representantes frágiles, que a su vez le temen a la organización de las bases y a su movilización, cometen un grave error, se comportan como castas, velando por los intereses que han creado en la burocracia partidaria y olvidando los intereses de las mayorías sociales y el proceso democratizador que está en nuestras manos.

El momento histórico que vive nuestro país requiere de fuerzas vivas democráticas, democratizantes y democratizadoras que derroten las resistencias reaccionarias de la vieja política. Disolver la vida orgánica de la militancia, inhibir la organización de la base social partidaria para la elección democrática de sus dirigentes en asamblea, para la elección de sus candidatas en asamblea o por mayoría, inhibir la discusión colectiva y profunda de los programas y las propuestas para que estas representen el interés colectivo de los pueblos, las comunidades y los sectores y no sean ocurrencias de grupúsculos de marketing es un error que puede costar muy caro. El precio será el reciclamiento del régimen autocrático y represivo de los políticos castizos que siguen dominando el escenario nacional.

La idea de que una persona podía ser representante de Dios, encarnar la divinidad y por lo tanto la autoridad de patriarca para ejercer el poder por esa magia por encima de los demás, fue una idea que se diluyó quedando en las mentes de sectores conservadores que con el paso de los años se ha reducido considerablemente salvo en los reductos más atrasados de las sociedades humanas y en los grupúsculos más retorcidos de las derechas recalcitrantes.

Una fuerza de cambio democrático, no se puede permitir esa conducta, propia de épocas anteriores al siglo XIX. Hoy necesitamos una herramienta política para la liberación del pueblo, para la ratificación del mandato de Andrés Manuel y la defensa de la 4T. Es urgente la reorganización y reunificación de morena desde abajo, es una tarea impostergable.

Septiembre de 2021.

1 José Porfirio Miranda, Racionalidad y democracia, CEF-Miranda, México, 2013, p. 165.

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