A 53 años de la masacre estudiantil: el fantasma que se debe recordar

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Por Rodrigo Piña

Han pasado ya 53 años desde aquella masacre estudiantil contra estudiantes el día 2 de octubre de 1968. Hasta el momento, no se tiene cifras exactas de las personas asesinadas, pero, de acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), fueron asesinados 300 estudiantes. Sin embargo, se estima que el número puede ascender hasta los 400.

El estudiantado, entre otras cosas, exigía libertad y autonomía, pero como respuesta una reprimenda fue lo que tuvieron por parte del gobierno del ex presidente Gustavo Díaz Ordaz, que aunque se jactaba de ser permisivo, demostró completamente lo contrario. Al año siguiente, en su informe de gobierno, orondo dijo: “No temo al juicio de mis contemporáneos, sé y los mexicanos saben que en mi actuación ha habido aciertos y errores, pero que mis errores han sido involuntarios, que todo lo que he hecho, lo he hecho tratando de servir lo más eficazmente posible a México”.

Antes de que desatara la balacera contra estudiantes por parte de policías y militares, antes de que luces de bengala de color verde cayeran desde el cielo para dar inicio a la lluvia de balas y torrentes de sangre, las y los estudiantes marchaban pacíficamente. Una marcha en la que no sólo participaban estudiantes, sino también amas de casa, obreros e infantes, pues sus peticiones eran a favor de la sociedad en general.

Un conflicto entre estudiantes de preparatoria (UNAM – IPN), fue el antecedente de las movilizaciones, sin embargo la situación se agravó, debido a que las autoridades federales y militares irrumpieron en diversas casas de estudio cuando vieron que las protestas estudiantiles tomaban cada vez más fuerza.

Antes de la masacre, en el mes de julio del 68, grupos porriles de equipos de futbol, atacaron a golpes a estudiantes y, como los enfrentamientos fueron en aumento, las fuerzas federales de la capital mexicana decidieron actuar. Pero la brutalidad con la que actuaron mas bien parecía un ataque directo en contra de las y los jóvenes estudiantes. Prueba de ello, el bazucazo que derribó la puerta colonial estilo barroca de la Preparatoria N.1, ubicada en el centro histórico, actual Colegio de San Ildefonso.

Posteriormente, el 1ro de agosto de ese mismo año, una marcha estudiantil encabezada por el entonces rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, dio más fuerza y energía al movimiento. Al día siguiente, 2 de agosto, la creación del Consejo Nacional de Huelga (CNH) reforzaría el ímpetu estudiantil, pues esta organización no se limitó a exigencias académicas, sino también políticas y sociales que tenían como objetivo cambiar el rumbo del país.

La efervescencia estudiantil estaba en su punto más álgido y, dos marchas multitudinarias en el mes de septiembre, pusieron en alerta máxima al gobierno. Se les salía de las manos y llegó la represión sistemática en diversos centros de estudio, pues en menos de un mes el país estaría en el ojo de todo el mundo ya que se llevarían a cabo los Juegos Olímpicos.

A la postre, el 2 de octubre, cuando algunos de los planteles eran desocupados por las fuerzas federales y militares, el CNH llamó a una reunión en la Plaza de las Tres Culturas, donde le pedían a los estudiantes a no caer en provocaciones.Momentos después unos disparos y una luz verde que descendía del cielo, fue el inicio de una jornada sangrienta.

Hombres vestidos de civil, que portaban un guante o pañuelo blanco amarrado en la mano izquierda, conocidos como Batallón Olimpia, dispararon primero a integrantes del CNH que estaban en el edificio Chihuahua para después disparar desde arriba a la multitud. Los militares, que estaban ubicados alrededor de los manifestantes, al recibir disparos en su contra “repelieron” el ataque, pero dirigieron las armas igualmente contra los estudiantes.

Oriana Fallaci, una periodista italiana que antes había cubierto guerras, en ese momento se encontraba en México para cubrir los Juegos Olímpicos que se celebrarían 10 días después. En el fuego cruzado, fue herida por una bala de metralla mientras estaba en el edificio Chihuahua. La italiana ha dicho en entrevistas que la masacre en México fue peor que las que le tocó ver en una guerra.

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