El Presidente contra la UNAM

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Por Max González Reyes

El servicio público al ser por definición “público”, está expuesto al escrutinio de todo aquel que se interese por lo que ahí se trata. Los encargados de transmitir el desempeño de los servidores públicos son los medios de comunicación. A través de ellos nos enteramos de lo que hacen o dejan de hacer los funcionarios en el plano local, nacional e internacional.

En México los presidentes siempre han estado en el ojo del huracán. Para bien o para mal, los mandatarios se exponen día con día, momento tras momento en lo que dicen y/o hacen. Esto se aumenta aún más con la proliferación de las redes sociales, donde en el afán de ser conocidos se promocionan. Como se recordará, en las recientes elecciones, los candidatos utilizaron el facebok, Instagram y twitter, por mencionar algunas redes, para hacer la promoción de sus propuestas. Incluso el presidente Andrés Manuel López Obrador, constantemente publica videos en sus redes sociales de actos oficiales como tomas de protesta, aceptación de embajadores, algunas noticias importantes e incluso alguna anécdota de comida en los traslados que realiza en sus giras los fines de semana.

Es decir, las redes sociales son un mecanismo para exhibir a la función pública. Aunado a ello, el presidente Andrés Manuel López Obrador desde el inicio de su administración implementó dar conferencias todas las mañanas. A menos de tres años que van de su administración, pocos son los días que se han suspendido las mañaneras.

En ese estrado matutino el presidente se expone todos los días. Habla, habla y habla de todos los temas habidos y por haber. Con su ya típico estilo de descalificar a todo el que no está de acuerdo con su forma de pensar, el presidente abre frentes de batalla que ni siquiera son necesarios. Un día tacha a los conservadores por no permitir el avance de su autollamada Cuarta Transformación; otro, da línea a los diputados y senadores de Morena para que aprueben sus iniciativas en las que no les cambie ‘ni una coma’; otro más, se queja de los empresarios por apoyar el neoliberalismo; al otro se lanza contra los medios de comunicación nacionales e internacionales, habla en contra de jueces y magistrados; revive viejas rencillas con sus adversarios políticos, pone canciones, hace homenajes, y un largo etcétera.

En días recientes el mandatario abrió un nuevo frente quizá innecesario. Dijo que “la UNAM se volvió individualista, defensora de los proyectos neoliberales, perdió su esencia de formación de cuadros de profesionales para servir al pueblo… Muchísimos académicos e intelectuales de la UNAM se dedicaron a legitimar la privatización… Es lamentable que la UNAM se haya derechizado”.

Con esas declaraciones, aunado a la descalificación que semanas antes lanzó en contra de varios científicos del Conacyt, el presidente se echó en contra a todo el sector académico y en particular de la UNAM.

Habrá que recordar que durante muchos años (por no decir décadas) los únicos candidatos a la presidencia que fueron bien recibidos en las instalaciones de la UNAM, eran los que venían de la llamada izquierda. Recordemos que en 1988 el candidato del Frente Democrático Nacional (FDN), Cuauhtémoc Cárdenas, fue el único que pudo hacer un mitin en Ciudad Universitaria. Posterior a ello, los representantes del PRD eran los únicos bien recibidos por el estudiantado de la UNAM. Mismo López Obrador fue, como candidato y presidente de ese partido, a hacer campaña para la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal. No es exagerado mencionar que en su momento, el PRD (lidereado por López Obrador) tenía un bastión importante de seguidores en la UNAM.

Pero el presidente sufre de amnesia porque cada vez que se le recuerda su pasado partidista (tanto del PRI como del PRD) prefiere no hablar y lejos de ello, descalifica ese pasado.

Por otro lado, si hubo -y hay- un lugar donde se analice de forma objetiva el acontecer político, es en la UNAM. Desde luego, cada estudiante e investigador tendrá su propia versión de los hechos, pero de que hay una libre expresión eso es innegable. Infinidad de investigaciones se han realizado para analizar el impacto de las políticas neoliberales en México con resultados críticos y objetivos de investigadores destacados.

Mas allá de su postura política, Andrés Manuel López Obrador, demuestra una actitud poco ética al descalificar a su alma mater, pues de ella egresó en los años setenta, dicho sea de paso, no con un buen promedio y con varias materias aprobadas por extraordinario. Aunado a que buena parte de los integrantes de su gabinete estudiaron en la Máxima Casa de Estudios, y algunos todavía mantienen un vínculo profesional con la Universidad Nacional.

El presidente es un provocador y día con día consigue su objetivo. Lo que dice tiene un gran eco que dura varios días, hasta que abre un nuevo frente que no tapa sino acumula al anterior. Quizá no entienda o no quiera entender que como Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, su función no es provocar el enfrentamiento sino ser motivo de unidad, aunque al parecer no escucha a sus más allegados y se exhibe todos los días en sus mañaneras.

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