A quien los dioses abandonan. Un homenaje a Martha Pacheco

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Foto tomada del perfil de facebook de Martha Pacheco (Carmen Bordes Pacheco)
El pasado lunes 1 de noviembre falleció a los 64 años la pintora Martha Pacheco. Pacheco nació en Guadalajara en 1957. Estudió en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara. Fundó con Javier Campos Cabello, Salvador Rodríguez y Miguel Ángel López Medina, el «Taller de Investigación Visual».  Su obras se expusieron en Guadalajara, Ciudad de México, Estados Unidos y Francia. Para la crítica Teresa del Conde fue una de las artistas «más celebradas y legitimadas» en México. Según afirmaron diversos medios, murió de cáncer.

Por Dr. Hermann Omar Amaya Velasco*

“A quien los dioses quieren destruir, antes lo enloquecen”, la frase es un dicho empleado entre las culturas clásicas griega y romana, acerca de nuestra finitud y cordura dependientes del capricho y la voluntad mezquina de los dioses. Con el monoteísmo cristiano, esta visión trágica de muerte y locura se modifica, no obstante, es posible repensar el infortunio del destino humano, no necesariamente como una decisión tomada por dioses iracundos y voluntariosos, sino, simplemente como una metáfora que alude a la vida de algunos seres abandonados, ignorados, arrojados al mundo y al destino sin protección alguna.

Con el deceso de la pintora tapatía Martha Pacheco reaparece la necesidad, personal, de repensar su trabajo, principalmente sus pinturas y grabados realistas, no figurativos, de cuerpos que nadie reclama, olvidados en la morgue o el manicomio, y de rostros descompuestos por la indigencia, el abandono o la locura. En cuanto a lo no figurativo me refiero a una representación pictórica de figuras humanas que no cuentan historias, que no pretenden ninguna narración, pero que ponen en evidencia la idea del cuerpo asediado por la locura y la muerte, dibujados en la ignominia de su destino, en su demencia o su descomposición.

Pacheco, Martha, Sin título, Carbón s/papel, 1996, consultada el 2 de noviembre 2021, de: https://www.museocjv.com/marthapacheco.htm

En la serie de óleos y dibujos al carbón titulada Exiliados del imperio de la razón de 1994, o en su exposición de 1999 para el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara, expuesta con el nombre Sin ningún pudor, se pone en evidencia una especie de poética del cuerpo que penetra en el terreno de la contemplación de algo que va más allá del placer, y obliga al espectador a mirar de frente los signos de la desgracia, del infortunio y la desdicha.

Observar la carne abierta de un cadáver, o los signos de locura a través de expresiones desbordadas en un rostro, suele ser una experiencia incómoda, lejana al placer o la belleza, más próxima al horror y al espanto. Desde esta experiencia, la artista creó una propuesta y un modo de representación del cuerpo en los márgenes de aquello que casi nadie quiere mirar.

Pacheco, Martha, Sin título, Oleo sobre tela, 2007, consultada el 2 de noviembre 2021, de: https://www.museocjv.com/marthapacheco.htm

Cuerpos reales: de acuerdo con la investigadora de El Colegio de Jalisco, María Fernanda Matos Moctezuma, en su obra Locura y muerte. El horror y lo sublime en la pintura de Martha Pacheco, existe una coincidencia entre las inquietudes estéticas de la pintora con las tendencias del arte renacentista a enfrentar al ser humano con el sufrimiento y el dolor.

A través del pasaje religioso de la agonía y la muerte de Cristo, en la historia del arte renacentista se erigieron una diversidad de técnicas realistas y un momento iconográfico fundamental para la representación del cuerpo como algo real, es decir, el de carne y hueso, este que yace, que muere, que sufre, que sangra, que agoniza.

Pacheco se apropia de las técnicas realistas de los estudios anatómicos de artistas como da Vinci, Durero, Mantegna, Hans Holbein, para recomponer una poética del horror. Se trata de una representación anatómica de cuerpos completos, pero alejada del sufrimiento humano o el dolor, en realidad, es una imagen ligada al morbo que implica observar un cuerpo rígido, sin vida, sin entrañas, muerto, y de una especie de relación imposible desde la cual, el cuerpo representado puede  vincularse con el erotismo de la desnudez.

Cuerpos no figurativos: los cuerpos reales de Martha Pacheco se alejan de un arte figurativo, esto significa que el cuerpo es visto como una imagen que no pretende contar una historia, que no forma parte de una narración. Los cuerpos muertos son representados sobre la plancha de la morgue, diseccionados, con sus dientes o sus órganos visibles, su aislamiento proviene de su propia desnudez, de su anonimato, de su abandono, son representados en espacios cerrados, ni el fondo ni el plano de sus obras ofrecen pistas respecto a su desempeño o su estatus social, “no portan ni una cadenita que marque su nivel socio económico”, responde Martha Pacheco en una entrevista hecha por María Matos.

Pacheco, Martha, Sin título, Oleo sobre tela, 2009, consultada el 2 de noviembre 2021, de: https://www.museocjv.com/marthapacheco.htm

Esta abolición de diferencias de clase sociales responde a una condición de injusticia social, el anonimato de los cuerpos queda evidenciado en la imposibilidad de narrar algo de ellos, y en la renuncia a reproducir un ideal corporal, lejano de la belleza o la fealdad, son sólo cuerpos abandonados tendidos en la plancha de una morgue.

Cuerpos laicos: es conocida la historia de Santa Águeda, una joven siciliana del siglo III, quien, al negarse al acoso del procónsul Quintianus, éste ordena torturarla y amputarle los senos. Santa Águeda es la historia de una existencia ordinaria, sacada de su cotidianidad y trasladada al universo de la literatura y la pintura religiosa. En la pintura de Andrea Vaccaro hecha en 1635 se detalla el torso desnudo de la mujer y deja entrever la herida de sus pechos cercenados, y en su mirada se aprecia un vínculo religioso, se trata de un simbolismo, de una iconografía ambivalente entre pureza y sensualidad.

Martha Pacheco abandona el contenido religioso de los cuerpos, dibuja la figura humana sin ningún misticismo ni referencia alguna al sentido religioso de la muerte o el dolor como modo de comunicación divina. Este modo de representar los cuerpos es interpretado como una estética laica, destinada a la reflexión de sus condiciones sociales.

En Locura y Muerte, María Matos sostiene que los cuadros de Pacheco son una especie de acto prohibido, una especie de sacrilegio, pues exhibir un cuerpo muerto viola los preceptos religiosos de un cadáver. En esta representación de cuerpos desacralizados que no cuentan ninguna historia, lo que sí se aprecia es la presencia de espacios cerrados, de paredes blancas y vacías propias de instituciones públicas, de recintos carcelarios, de hospitales psiquiátricos, de zonas no públicas, inaccesibles.

Lo anterior no es un aspecto evidente en sus trabajos, de hecho, una obra de arte, cualquiera que sea, no sólo está compuesta de lo visible, lo que puede verse, lo invisible también conforma la imagen dispuesta; en este sentido, en las obras de Pacheco se yuxtaponen espacios, puertas, ventanas que no son visibles, pero que forman parte fundamental de la obra, y conducen a la condición burocrática de los cuerpos: a los forenses, los ministerios, los policías, las actas administrativas, que tampoco se explican, que parecen no tener razón, pero resultan determinantes en el destino trágico de aquellas personas..

Cuerpos grotescos: derivada del latín grotta (gruta), la palabra se refiere a lo extravagante, lo irregular, lo grosero, aquello que es de mal gusto. Lo grotesco alude a una reconstrucción desfigurada de la naturaleza, a una unión imposible de los objetos, a una distorsión del estado natural de las cosas, a una mezcla entre lo animal con lo humano, entre la fantasía y la realidad.

Pacheco, Martha, Sin título, Carbón s/papel, 2009, consultada el 2 de noviembre 2021, de: https://www.museocjv.com/marthapacheco.htm

En la serie Exiliados del imperio de la razón Pacheco remplaza el tema de la muerte por el de la demencia. Sus imágenes se incorporan al universo de representaciones acerca de la demencia y sus manías. La idea de desmesura, ya desarrollada por los griegos a través de la palabra hybris, refiere a un estado emocional, a un pathos experimentado por el alma. En el caso de la pintura, ésta suele ser representada mediante la alusión a lo grotesco y del empleo de formas exageradas, desproporcionadas de los rostros y cuerpos.

La pintora se concentra en los rostros de sus personajes, son imágenes que logran capturar una expresión, pero al igual que en su serie de cuerpos muertos, los ahí representados carecen de una identidad, no cuentan ninguna historia. El fondo y plano evitan cualquier posibilidad narrativa, pero al mismo tiempo evocan la idea de encierro, de la condición sombría de instituciones públicas.

Pacheco no presenta escenas de instituciones públicas, pero las insinúa, es el rostro el que domina casi todo el marco pictórico, como una especie de close up fotográfico, el espectador no tiene más remedio que mirar frente los signos del abandono.

En memoria de Martha Pacheco, q. e. p. d.

*Es profesor universitario en el Sistema de Universidad Virtual y el Departamento de Filosofía de la Universidad de Guadalajara.

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