Texto y fotografiás: Mario Marlo/@Mariomarlo

A toda velocidad pasa junto a mi una bicicleta, debido a la velocidad, a penas logro ver a dos pequeños y sus padres, una familia hondureña que es parte de la caravana migrante que inició el pasado 23 de octubre en la ciudad de Tapachula, Chiapas y que gracias a una bicicleta logran recorrer los más de 25 kilómetros diarios que camina la caravana.

Gracias a esa bicicleta, esta familia de cuatro personas, ha logrado ahorrarse la caminata y siempre llegar entre los primeros a la comunidad destinada para descansar. A pesar de que en muchas ocasiones la bicicleta se convierte en un peso extra, la familia ha sabido aprovecharla para evitar caminar los cientos de kilómetros que otras y otros de sus compañeros han realizado.

Don Cecilio

Al igual que la bicicleta, otras personas de la caravana han encontrado una excelente solución a sus problemas con las sillas de ruedas que les fueron donadas en algún momento durante su trayecto. Tal es el caso de Cecilio, un hondureño de 75 años que tiene muy claro su objetivo, llegar a los Estados Unidos.

“ Pues allá esta muy escaso el trabajo, mucha delincuencia también por eso tome la decisión de tomar camino y buscar una solución aquí”.

Don Cecilio, originario de Lepaera, Lempira, ha logrado llegar a la comunidad de Donaji, Oaxaca, gracias a una silla que le donó otra migrante que ya no la usaba. Después de caminar cientos de kilómetros, Don Cecilio se lastimó tanto los pies que era imposible que pudiera caminar, fue cuando Omar, otro migrante de la caravana, lo comenzó ayudar desde la comunidad de Niltepec, Oaxaca.

“Ya la tengo que componer porque una llanta ya no funciona. A pesar de la edad que yo tengo, las autoridades me molestan. El otro día por allá me alcanzó uno de los de la perrera y me dijo -¿Usted ya va cansado verdad Don? Y le dije, gracias aquí a mi paso pero ahí voy, pero venía sólito, ya casi entrando la noche-.»

Cecilio es compositor y poeta, por muchos años a compuesto corridos y poesías con el objetivo de contar sus historias.

“En buena parte yo soy una persona muy inteligente por que yo soy compositor y poeta, hasta compuse una canción de la caravana. Como en Tapachula nos querían dejar pasar, así que compuse una canción La fiera en la frontera,» dice:

Abran la frontera que aquí va la fiera

y si no rompo el muro se les va a brincar

es un tigre listo pintito y astuto que nadie en la vida el puede ganar. 

Aquí en Tapachula han puesto tapada

y a los inmigrates no dejan pasar

es una ignorancia para los mexicanos

ningún inmigrante los va a molestar.

Mientras que caminamos sobre la carretera Interoceánica, Don Cicilio me recita mas de una poesía mientras que Omar lucha para que su silla no quede atrapada entre los baches del pavimento.

“Ya no llevo ni ropa ni zapatos pero llegar a la frontera voy a ver si puedo hablar con algún grupo musical y le vendo unas cancioncitas para así dedicarme a lo que me gusta”.

Otro de los objetos que se han vuelto muy valiosos para los integrantes de la caravana son las carriolas que hombres y mujeres usan para llevar a los pequeños, mochilas, juguetes, comida, ropa, bolsas o alguna otra cosa que pueda ser de gran utilidad para cuando llegan a descansar a algún parque o cancha de basquetboll.

Mientras avanza la caravana es cada vez más común ver a gente desfilar con carriola de todos los colores, tamaños y estilos, como la familia de Ruth, una joven haitiana que viaja con sus dos hermanas y un hermano.

Aún que su familia no tine niños pequeños, la carriola que llevan con ellos para todos lados, les sirve para transportar cobijas que usan para dormir en el piso, bolsas que les pueden servir para hacer un techo, cubrirse del agua o guardar su ropa cuando los agarra una lluvia.

Rudy

Sobre su moto Honda, Rudy, un hombre de 60 años originario de Santo Domingo Ingenio, Oaxaca, ha dado más de 45 vueltas de 10 kilómetros cada una, para transportar a mujeres y niños que caminaban de Niltepec a Matías Romero.

Pese a que la Guardia Nacional amenaza con multar y quitarles el vehículo a quien ayude a los migrantes, Rudy no le importa, frente a ellos va y regresa una y otra vez.

“Voy a dar los viajes necesarios hasta que se me acabe la gasolina, es inconcebible que mientras esta gente está sufriendo por el calor, el viento y los más de 15 kilómetros que ya ha caminado, la policía o la Guardia Nacional no haga nada por ayudarlos y mejor los obligue a bajar de los vehículos y que caminen aunque ya no puedan.” Cuenta Rudy mientras que con mucho cuidado baja a dos pequeños hondureños y su madre.

Después de más de una hora que Rudy va y regresa, mototaxis se unen a su trabajo y comienzan a dejar que migrantes los aborden para poder llevarlos lo más cerca posible de su destino.

Ya por la tarde, en el parque de Matías Romero, las más de 1500 personas de la caravana han levantado su campamento con las cobijas, hules, ropa y utensilios que transportaron en sus carriolas, bicicletas o sillas de ruedas. Mañana será otro día y no saben que les espera.

“Irineo nos informó que entró un frente frío, ya casi todos estamos enfermos, los niños muy cansados y esta noche seguro el frío no nos ayudará. ¿Porqué la Guardia Nacional no permite que viajemos con la gente que nos ayuda? Quieren cansarnos, piensan que somos animales, pero la sorpresa que se llevan es que nosotros nunca nos rendimos”, me cuenta María, una mujer originaria de honduras que viaja con toda su familia.

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