Violencia contra mujeres periodistas, una radiografía de América Latina

1

Por: María Fernanda Hernández/ @MariaFer_Hd

El periodismo puede ser una profesión peligrosa, pero ser mujer y periodista, a menudo significa correr un doble riesgo.

Rachel Moreno

El miércoles 24 de noviembre a las 9:00 horas, se llevó a cabo de manera virtual a través de Facebook y Youtube de Cimac.org, la presentación del Informe Regional “Situación de violencia contra mujeres periodistas en América Latina”, un informe a cargo de Lucía Lagunes Huerta, Directora de Comunicación e Información de la Mujer y representante de GAMAG en América Latina.

Lucía Lagunes hizo hincapié en el 25 de noviembreDía Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer” y en los 16 días de activismo por los derechos humanos desde las mujeres. También hizo mención:

De acuerdo con la clasificación mundial 2020 de Reporteros Sin Fronteras, los países que conforman América latina son focos rojos para el ejercicio de la libertad de expresión, ya que periodistas y personas que trabajan en medios de comunicación deben enfrentarse a un ambiente hostil y peligroso, debido a las violencias que se materializan en actos que van desde el hostigamiento, la intimidación, las amenazas, el descrédito de la labor, los bloqueos informativos, las limitaciones a la movilidad para hacer coberturas, la retención migratoria y la persecución judicial, hasta actos de represión con uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias, actos de tortura y asesinatos perpetrados en su mayoría por funcionarios públicos y elementos de seguridad pública”.

Este informe tuvo la presencia de Miriam Bobadilla (Argentina) co-coordinadora de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género (RIPVG), Rachel Moreno (Brasil) representante de la RIPVG en su país, Fabiola Calvo (Colombia) coordinadora de la Red Colombiana de Periodistas e integrante de la coordinación colegiada de la Red internacional, Silvia Trujillo (Guatemala) uruguaya y co-editora del medio de comunicación feminista «La cuerda», Guillermo Medrano (Nicaragua) defensor de la libertad de expresión, prensa y acceso a la información pública en Nicaragua y de Adriana R. Vanegas (México) coordinadora del área de Redes de Periodistas del Programa de “Libertad de Expresión y Género” en Comunicación e Información de la mujer, CIMAC, así como responsable de la comisión de seguridad de la Red Nacional de Periodistas y de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género.

Durante la transmisión hablaron acerca de los distintos contextos en los que las periodistas de su país llevan a cabo su profesión, resaltando que son víctimas de distintos tipos de violencia con enfoque de género. Si bien, existen diferencias en cuanto al contexto actual de cada país, las  y los ponentes coincidieron en muchos de los abusos que representan el Estado y los medios de comunicación para las periodistas.

Por su lado, Miriam Bobadilla explicó que las violencias a periodistas van desde las pocas oportunidades de tomar cargos superiores y la mínima cantidad de representantes mujeres, hasta la violencia policial que se ejerce sobre ellas como en el caso de México. A la vez, habló de cómo la pandemia mundial por COVID-19 evidenció la precariedad a la que se enfrentan las mujeres periodistas y la disminución de temáticas referentes a mujeres y disidencias sexuales.

Rachel Moreno, hizo énfasis en una investigación que realiza la UNESCO cada 2 años, de la cual dice que “las mujeres sólo figuran entre el 8% de las notas periodísticas y son representadas sistemáticamente como víctimas o como testigos. Cuándo se trata de especialistas se prefiere citar fuentes masculinas, a pesar de que las mujeres en Brasil, en general, cuentan con 4 años más de estudios en cualquier profesión”.

De nuevo se habló del tema de la pandemia y Rachel puntuó que las consecuencias de esta situación tuvieron mayor impacto en las mujeres, aumentando el desempleo, el costo de vida, la violencia, y reduciendo los recursos para financiar políticas de apoyo a mujeres víctimas de violencia. Agregó que el 56% de las brasileñas son negras y que en su mayoría no están reflejadas en términos periodísticos.

Sobre el trabajo periodístico de las mujeres, habló de la carga de trabajo que se les imputa durante la modalidad de trabajo homeoffice, por lo cual, muchas periodistas han quedado al borde del agotamiento y han abandonado sus planes de vida, sean madres periodistas o no.

Por otra parte, Fabiola Calvo refirió que en Colombia es muy difícil hablar de violencia sexual, y que las mujeres afrodescendientes, así como las personas con identidad de género y orientación sexual diversa, sufren una carga adicional. También dijo que la violencia está normalizada y que las mujeres aprenden a evadirla y a minimizarla, tendiendo a sufrirla en silencio y en soledad. Y otros puntos de los que habló, fueron que los que más ejercen violencia sobre las mujeres periodistas son los jefes o compañeros de trabajo, así como los manifestantes y la policía; que no se denuncia por temor, por desconfianza a la institucionalidad y por desconocimiento; por último, que los impactos de esta violencia se reflejan en la autocensura, el abandono temporal o permanente de la profesión y en afectaciones a la salud física y/o emocional.

Silvia Trujillo explicó que en Guatemala no hay estadísticas específicas que den cuenta de un registro de violencia hacia periodistas mujeres e indígenas, tampoco registros que reúnan suficientes datos. En parte, tiene que ver con que no se hacen las denuncias por vías institucionales pero sí en otros mecanismos de la sociedad civil. Agregó que “mientras que la fiscalía está registrando en 2021 cuatro casos, la UDEFEGUA que es la Unidad de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos de Guatemala, tiene ya un registro entre enero y julio de 48 agresiones”.

Algunos otros problemas son que las agresiones se extienden a las familias de las periodistas, también se les criminaliza para manchar su reputación como profesionales y, en general, los periodistas no cuentan con una política o un plan específico de protección de periodistas.

Hay una carga misógina que es bastante diferente a la forma en la que se amenaza, se amedrenta, se coacciona a los hombres periodistas”.

Desde Nicaragua, Guillermo Medrano nos contó que desde 2018, en su país, además de predominar la cultura del secretismo estatal donde el Estado no habla, se han quebrantado todos los derechos constitucionales y ahora hay una judicialización de la labor periodística que afecta de manera importante a las mujeres, junto con campañas de difamación que no afectan de la misma manera a los hombres; “en el caso de los hombres es diferente porque las agresiones o las difamaciones vienen más a amenazas de muerte, pero en el caso de las mujeres tienen en contra otros elementos como es la integridad personal, la familia, e incluyen también a los hijos”.

De igual manera, coincidió con Rachel Moreno en que la pandemia afectó enormemente a las periodistas por las extenuantes jornadas de trabajo y que directores y dueños de medios de comunicación dijeron que para conservar la plaza eran mejor los hombres porque ellos tenían mayor disponibilidad y mayor voluntad para hacer turnos largos, que el tiempo y el contexto lo ameritaba.

Por último, Adriana R. Vanegas hizo mención del último Informe de Libertad de Expresión en Riesgo que realizó Artículo 19, Reporteros Sin Fronteras y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés) en donde México está reconocido como el país más mortífero en América latina en los últimos 20 años.

Cada 34 horas una periodista es agredida por su labor de comunicar e informar”.

Coincidió con los ponentes, sobre el estado de violencia de género por el que atravesamos, las campañas de descrédito hacia periodistas, así como los ataques en redes sociales a mujeres periodistas, y en las condiciones y crisis pandémicas en las que las periodistas se vieron afectadas.

18.7 de las periodistas que estuvieron realizando actividades en este contexto duplicaron sus labores dentro y fuera de las redacciones y se abrieron más la brecha salarial que en muchos casos era hasta 2.5 veces menor al que un hombre cuenta con un salario”.

Sobre el gobierno actual, Adriana explicó que las conferencias mañaneras se han colocado como una nueva modalidad de violencia mediática hacia las periodistas porque “el discurso oficial denosta y estigmatiza a la prensa, no solamente utilizando estereotipos y agresiones, sino también señalando que no cuentan con los datos o información que se está poniendo de relieve en este lugar donde de alguna manera sería el espacio para brindar información oficial y que no contradiga a veces lo dispuesto por el ejecutivo”.

Finalmente, entre las peticiones y propuestas que se pusieron sobre la mesa a partir de la revisión de estas violencias hacia mujeres periodistas, fueron pedir al Estado, a los gobiernos y a los medios de comunicación protección y justicia, la gestión de políticas públicas de protección integral con perspectiva de género, construcción de prevención de riesgos y autoprotección así como capacitación con perspectiva de género también en instituciones gubernamentales, el respeto a la integridad física, psíquica y moral y a los derechos, espacios seguros, libres de violencia y acoso sexual para las mujeres periodistas y una comunicación responsable e inclusiva.

«Callar la voz de una periodista es callar la diversidad, la pluralidad, la inclusión y la igualdad y esto es impedir la libertad de expresión y con esto socavamos nuestras raquíticas democracias».

Fabiola Calvo

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here