Crónica de un despido laboral en NOTIMEX. A dos años de huelga sindical

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Por Diana Domínguez Galván 

Trabajadora huelguista del SUTNOTIMEX

En mi vida ha habido dos momentos cumbre. El nacimiento de mi hijo, cuya felicidad se incrementa y prolonga a 20 años de haber sucedido y mi paso por Notimex. De este último tengo una historia como reportera durante 23 años y otra de lucha incansable que aún no termina.

Soy Diana Domínguez Galván, hoy tengo 53 años de edad, pero a mis 24 años llegué a la Agencia Mexicana de Noticias (Notimex), hoy Agencia de Noticias del Estado Mexicano. Bueno, en realidad llegué  antes, pero no lo cuento mucho porque mi desempeño era con pago por honorarios en el área de radio haciendo algo que no me gustaba tanto. Redactaba el famoso Notitel, lo que si me dejaba tiempo libre que aproveché para hacer mi tesis y mi examen profesional con los que obtuve la licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con mención honorífica.

En 1998 concursé y gané una plaza como reportera en el área de Operaciones Nacionales. Era la época de la dirección de Jorge Medina Viedas (1994-2000). Recuerdo con tanto cariño ese tiempo en donde el trabajo era arduo, pero también había reconocimiento al mismo, lo que obligaba a una gran entrega.

Yo, como todos mis compañeros, dejábamos el corazón y el alma en nuestro trabajo porque sabíamos de la responsabilidad de redactar para Notimex, el medio de información gubernamental con alta credibilidad, producto del profesionalismo de su personal.

Pero no me detendré en anécdotas y detalles porque tengo muchos y serían tema de un capítulo aparte.

Lo que quiero destacar es que no sólo trabajé en Notimex, sino que trabajé para Notimex durante todo este tiempo. La mitad de mi vida era para mi hijo y la otra mitad para mi trabajo que amaba.

Durante 23 años fue así, de una fuente a otra, hasta que se formó la sección de Negocios en donde fui asignada a la cobertura del sector automotriz.

¿Qué por qué duré tanto? Porque Notimex era un mundo de aprendizaje y en las fuentes de información era el medio más apreciado por su alto nivel de proyección hacia el mundo.

Pero también, porque en Notimex me sentía segura. Desde que Emiliano nació depende de mí y yo necesitaba una seguridad laboral y esa me la daba Notimex. No he conocido Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) más completo y justo como el que tenemos. Un contrato de primer mundo. Es tal vez por eso que ahora se empeñan en desaparecerlo.

Mi hijo, luego mi madre y yo nos alimentamos y disfrutamos de la vida gracias a mi trabajo en Notimex.

A la llegada de la administración de Sanjuana Martínez Montemayor, designada a la dirección general por el presidente Andrés Manuel López Obrador, creí que todo sería mejor. ¿Qué mejor que tener a una mujer periodista en la dirección? quien además se decía feminista y/o defensora de los derechos de las mujeres. ¡Nada más falso!

Nunca conocí personalmente a Sanjuana. Los empleados nunca nos pudimos acercar a ella. No entendía la razón, pero así era.

Pronto, la funcionaria empezó a dejar ver su verdadero cometido. A mi parecer: desmantelar el emporio informativo en el que se había convertido Notimex, cuya razón hasta hoy desconocemos.

Con el brazo ejecutor de su directora editorial Rosario Manzanos y de su subdirector de administración, de cuyo nombre ni quiero acordarme y sólo digo que lo conocíamos por Canché, sembraron el terror laboral.

En la redacción todos los días había imposiciones, gritos y regaños, aparentemente sin razón, pero ahora lo sabemos, la causa era que necesitaban y fabricaban razones para despedirnos.

Uno a uno, vimos despedir de una manera humillante a nuestros primeros compañeros que como si fueran delincuentes salían del lugar con policías escoltándolos, en cumplimiento de las órdenes directas de Sanjuana Martínez.

Al despertar no sabíamos si trabajaríamos ese día en la Agencia. Recuerdo que me eché a llorar en plena redacción cuando injustificadamente me cambiaron mis días de descanso. Ya no podría convivir con mi hijo. Pero, sólo fue el preámbulo de que la siguiente era yo.

A casi diez meses de haber llegado Sanjuana, en los que vivimos bajo un estrés infinito y sin defensa alguna porque el sindicato que nos representaba en ese momento, bajo el liderazgo de Conrado García, nos había dejado solos, llegó el momento.

Yo lo vi venir, sabía que me despedirían, así que saqué a mi hijo de la escuela particular en la que lo tenía, cancelé el club deportivo al que íbamos él y yo y le dije que ya no le podría comprar nada en mucho tiempo porque se venían tiempos difíciles. Mi única esperanza era que me liquidaran conforme a la Ley, pero no estaba segura de nada, al igual que muchos de mis compañeros.

La persecución se intensificó cuando descubrieron que yo simpatizaba con la defensa de los derechos laborales y me sumé a la lucha por el rescate de nuestro sindicato que ahora liderea Adriana Urrea Torres.

El seis de noviembre de 2019 me levanté con el miedo de siempre. Me fui a una cobertura laboral, pero antes de terminar me llamó Lucy, una compañera a la que Rosario Manzanos había nombrado mi coordinadora en la recién creada mesa de Cambio Climático.

Me dijo que ya no hiciera nada, que me estaba buscando Canché, el apellido del despido.

Le dije que ya lo sabía. Ella me dijo muchas cosas en esa llamada, pero me dijo claramente que la razón de mi despido se llamaba SUTNOTIMEX, que no había de otra.

Canché no supo darme ninguna justificación, sólo me dijo que eran órdenes de la dirección editorial, o sea de Rosario Manzanos.

Salí rumbo a encontrarme con Adriana [Urrea Torres secretaria General del SUTNOTIMEX], quien desde ese momento me cobijó.

Todo lo vivido en esos pocos meses, que culminó en el despido, me llevó a apoyar una de las luchas más justas en mi vida. La huelga de Notimex que estallamos el 21 de febrero del año 2020.

Ya son casi dos años y no hay nada. Sobreviví un tiempo con el retiro de mi Afore por desempleo, pero el dinero se acabó y no había trabajo, así que no tuve opción que buscar vender algo.

Aprendí a hacer tamales. Empecé a venderlos en el campamento de Baja California bajo el nombre de Tamales El Campamento plasmado en unas cartulinas que hermosas cariñosamente hechas por mi hijo. Todos los días llevaba mis tamales desde Iztapalapa hasta la colonia Roma hasta que el coche se descompuso.

Entonces, busqué otro lugar para vender cerca de casa para que eso ya no me sucediera.

Mis tamalitos ya se venden más y ya tengo clientela. Sigo escribiendo para un medio que apenas nace y es más el amor al arte, pero sé que debo estar vigente y eso hago, mientras que los tamales nos dan para comer y pagar todo lo que hay que pagar.

Mi hijo me ayuda en ello y eso me permite seguir apoyando en el movimiento, aunque ha habido ocasiones en que he tenido que separarme, en cuanto puedo vuelvo al apoyo en las guardias.

Justo en este momento, toda mi familia y yo estamos saliendo del Covid, como muchos de mis compañeros, pero estoy segura que nada nos detendrá. La injusticia de la que hemos sido objeto nos hace más fuertes e invencibles.

 

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