Rusia y Ucrania; un conflicto sin acuerdos

Tras segunda reunión entre Rusia y Ucrania, no se ha logrado un común acuerdo.

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Foto: Emilio Morenatti/AP. Recuperada de "El Proceso".

Texto de opinión: Rodrigo Piña/@Rodrigops19

Tras la segunda reunión de Rusia y Ucrania, el conflicto aún tiene un futuro incierto, ya que ambas naciones mantienen sus condiciones lo que ocasiona que el conflicto no pueda concluir.

Mientras que el presidente ucranio pide hablar directo con el mandatario Ruso para llegar a un acuerdo, éste se compromete a “abrir corredores humanitarios para civiles” y que puedan abandonar Ucrania, con la posibilidad de un cese al fuego en las evacuaciones.

Putin también anunció que habrá compensaciones económicas para los caídos en batalla.

Han pasado ya ocho días desde los primeros ataques de Rusia contra Ucrania. La intención de este último en anexarse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la cual fue fundada en 1949 y se conformó principalmente por Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia, Canadá, entre otros.

Dicha organización, tiene como objetivo defenderse mutuamente en caso de agresión armada contra cualquiera de ellos, basándose en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, que reconoce el derecho de legítima defensa, individual o colectiva en caso de ataque armado.

Para Rusia era inadmisible tolerar esta anexión, debido a que la expansión noratlántica representaba un riesgo inminente a su seguridad nacional, ya que las potencias de la OTAN tendrían el derecho de establecer bases militares cerca su territorio, de tal modo que, un ataque militar tendría éxito inmediato contra Rusia porque cualquier misil podría alcanzar en cuestión de minutos su territorio, incluida su capital, Moscú. Esto sin apenas tener oportunidad de reaccionar. Una base militar en la frontera rusa significaría un riesgo para Vladímir Putin, o cualquier otro mandatario ruso.

El conflicto entre Rusia y Ucrania no es nuevo, y diversas situaciones han comprometido la paz interna en ambos países, especialmente en Ucrania, donde en 2013, su presidente Victor Yanukóvich, tras las presiones de Rusia, echó para atrás la firma en la que el país se asociaba a la Unión Europea (UE).

El conflicto siguió en aumento cuando Rusia anexó la península de Ucrania, es decir Crimea, a su territorio, con el fundamento de que los habitantes de la región eran prorrusos y se identificaban de muchas formas con ellos. Para la comunidad internacional esta acción no fue bien vista, al grado que actualmente desconocen la anexión.

La incorporación de Crimea a Rusia se llevó a cabo mediante votación y en ese mismo año (2014), acontecimientos similares se reprodujeron en la región de Ucrania conocida como Donbás, que abarca los territorios de Donetsk y Lugansk, los cuales se autoproclamaron como “repúblicas populares” y solicitaron su anexión a Rusia, causando nuevamente ruido a Estados Unidos y al resto de la OTAN.

Para el 2019, Rusia con Vladímir Putin y Ucrania ya con Volodímir Zelensky, intentan un proceso de paz en Ucrania, pero este no dura mucho por el constante riesgo de expansión de la OTAN.

Para el 2021, Rusia comienza a desplegar fuerzas militares en sus fronteras, especialmente al este de Ucrania. Pocos meses después, la OTAN y otros estados firman un documento en el que Occidente exige a Rusia devolver la península de Crimea a Ucrania.

Aunque en estos momentos, la defensiva ucraniana sigue resistiendo los embates ofensivos de su país vecino, en estos últimos días han caído al dominio ruso un par de ciudades importantes y estratégicas para llegar a la capital, Kiev.

Las negociaciones siguen, pero al momento no hay un acuerdo firme para el término de las hostilidades. Kiev concibe un acuerdo donde se compromete a declararse neutral y nunca solicitar el ingreso a la OTAN, pero Moscú tendría que retirarse de su territorio, y para Rusia Crimea es innegociable, además tendría que anular el reconocimiento de Donetsk y Lugansk, lo cual también parece ser complicado.

Armas, dinero e hipocresía en el conflicto

Los “buenos” claman el no a la guerra, pero imponen sanciones. Piden solidaridad, pero también proporcionan dinero para el conflicto.

Además boicotean actos deportivos y culturales, supuestos caminos para la paz, bienestar social y respeto a los derechos humanos y culturales. La OTAN dice NO a la guerra, pero apoya con armas para que la suma de muertos siga en ascenso.

En ese contexto , Margarita Robles, ministra de defensa de España, le parece “importante” y adecuado, mandar lanzagranadas, cartuchos de fusiles y ametralladoras, pues esto permite una “defensa muy individualizada”, ya que de acuerdo con sus declaraciones, se trata de equipo fácil de operar, además es conveniente para personas que no tienen gran experiencia en el manejo de armas.

Los países piden un alto al fuego y un rotundo no a la guerra, pero por otro lado, Alemania rompió con su política tradicional de no exportar armas letales a zonas de conflictos y se comprometió a cooperar con cañones antitanques, misiles antiaéreos y misiles antitanques de fabricación nacional.

Asimismo Suecia, que desde 1939 no mandaba armamento a países en guerra, dejó en el olvido este principio, declarando que enviará 5,000 armas antitanques.

Francia apoyará mandando armas y combustible mientras que Bélgica enviará ametralladoras. Sin olvidar que el departamento de la defensa estadounidense aprobó 350 millones de dólares en armas y 250 millones para asistencia general en Ucrania.

Por su parte, el Banco Mundial ha suspendido todos sus programas en Rusia y Biolorrussia. Sin embargo, prometió 3,000 millones de dólares de ayuda al gobierno ucranio.

A su vez, el Fondo Monetario Internacional (FMI), planea facilitar 2,200 millones al mismo gobierno. Cabe señalar que, el FMI desde el 2020 no ha podido brindar dinero a Venezuela para enfrentar los estragos de la pandemia, ya que según su argumento “el Fondo no está en condiciones para considerar esa solicitud” .

Amenazas y declaraciones que sorprenden

Aunque Rusia y Estados Unidos saben que ninguna de las dos naciones podría proclamarse como ganadora en una guerra nuclear, Vladímir Putin hizo la declaración de poner en “régimen especial de servicio” su armamento nuclear, lo cual fue visto por Antony Blinken, secretario de Estado de Estados Unidos, como “el colmo de la irresponsabilidad”.

Poco después, Blinken dijo que Estados Unidos es una “potencia nuclear responsable”, pues suspendió pruebas atómicas planeadas para estos días, y el país norteamericano “no tiene la intención de realizar acciones que sean malinterpretadas”. Lo cual extraña, pues EU es el único país que ha utilizado armas nucleares en combate.

Por otro lado, la Unión Europea, la OTAN y Estados Unidos, han pedido que Rusia deje de atacar a Ucrania y aunque este país no pertenece a ninguna de las dos organizaciones, piden el cese al fuego, pues son vidas las que se están perdiendo, sin embargo mandan armamento letal para contrarrestar el avance ruso.

No son soldados ingleses, estadounidenses, alemanes o franceses los que están muriendo, sino militares rusos y ucranios.

De ninguna manera es justificable la violencia y la pérdida de vidas en un conflicto político, aunque cada nación presente sus propias causas. Por el momento se espera la tercera reunión entre Rusia y Ucrania, la cual está prevista para la próxima semana.

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