Por Citlali del Rocio Morán Ramos/@MornCitlali

14 de abril del 2022, CDMX.-El Encuentro Nacional de Mujeres en el Arte de las Calles, ENAMUICA, en su tercera etapa realizó intervenciones visuales en muros de la comunidad de San Pablo Güila, del 7 al 14 de marzo del presente. En Somos el Medio ya se ha escrito acerca de las otras dos etapas del proyecto.

En esta etapa la finalidad fue realizar pintas de mujeres para mujeres compartiendo experiencias en por lo menos dos sentidos: en el campo artístico y con la comunidad. Además, conmemorar el 8M. Para esas pintas se contó con la participación de Vanessa Mejía (Hidalgo), Meztli Ciao (Puebla), Yuak Emily (CDMX), Jobis Tonaya (Toluca), Karina H Velasco y Karen-KFCT (Oaxaca).

Haciendo calle con la comunidad

San Pablo Güila es una pequeña comunidad de Oaxaca de aproximadamente de 4435 personas, no existen especificaciones de cuántos son hombres y cuántas mujeres. Pertenece a la agencia municipal de Santiago Matatlán en el distrito de Tlacolula de Matamoros, en los Valles Centrales de Oaxaca.

Esta comunidad, como muchas otras de ese estado, se rige por la autodeterminación, es decir, por sus usos y costumbres, donde la asamblea comunitaria es fundamental para determinar ciertas prácticas culturales, sociales y políticas. En este contexto, el papel que juegan las mujeres todavía está muy arraigado en los valores de la cultura machista, pues son las que deben estar en las casas echando tortilla, lavando ropa o, simplemente, dentro de la casa. Sus usos y costumbres todavía están muy arraigados a esas formas de autogobierno.

Una de las actividades planteadas en el proyecto era el diálogo con mujeres jóvenes y niñas de la comunidad. La invitación se hizo a través de la radio comunitaria pero no llegó nadie a la cita. Lo que pasó después lo cuenta Vanessa Mejía, quien es artista visual:

“Ya íbamos a cancelar la dinámica, pero nuestro amiguito [se refiere a Jaciel un pequeño de la comunidad presente en la reunión] estaba muy interesado. Estuvo esperando, que dije bueno, al fin y al cabo, algo se tiene que armar. Así nos ayuda a nosotras para retroalimentar; y por qué hacer a un lado ese interés de él, por algo estuvo aquí, que se sintió tímido sí, pero estuvo hasta casi el final”.

 

Además de Jaciel, estuvieron presentes en la reunión Alex José, joven artista visual de la comunidad y el Colectivo Cívico Cultural y Deportivo Yeé Biísh, que traducido del zapoteco significa “Piedra del Sol”. Es importante recalcar cómo en las comunidades se hablan idiomas y por tanto la lengua es una de las formas que determina esas tradiciones. De esa charla se pudieron obtener diversas experiencias del papel de las mujeres haciendo calle y de cómo cada una lo ha experimentado e incluso de cómo nos perciben otros y otras. Empezamos dándole voz a los que estaban del colectivo como es el caso de Iván:

“Yo creo que el contexto social en el que se desenvuelve el pueblo es como que a las mujeres a veces no las dejan hacer nada. Los malditos usos y costumbres, pero de mala manera. Y pues, ¡está chido! es como darles un pinche madrazo en la jeta y decirles: ¡despierten!, por todos los problemas qué implica. El desmadre de Emily que a pesar de eso está ahí chingándole, pero es parte de, se nota que le está llegando a la comunidad porque, yo creo qué por lo mismo no vino nadie. Porque piensan ¡ash, esas muchachas locas qué le van a enseñar a mi hija! Y es como también parte de, la primera vez no le llega nadie, pero poco a poco. El despertar es una semilla, que siembras y sí les suena, de aquí tal vez, en dos tres años se vaya todo eso de los malos usos y las malas costumbres que tienen, gracias por venir y aguantar todo ese pedo, pues ya saben como somos”.

Esta mirada nos permitió conocer cómo los procesos de la cultura machista están muy naturalizados incluso sin importar el género pues Karina H Velasco comenta:

“Otra cosa que también me dejó fue lo que me contaba Heidi [esposa de Pascual un chico del colectivo] de que aquí se ve mucho que la mujer tiene que estar en la cocina, tiene que estar limpiando, lavando y todo. Entonces sí, se sacan de onda cuando ven a una chica pintando y más porque cuando yo vivía aquí, me veían pintar y me decían ¿ay, a poco tu suegra sí te deja pintar? ¿Si te deja trabajar? Y pues no sé, es como darles otra perspectiva, como de que no se necesita estar en ese papel o que forzosamente tengan que estarlo, sino que pueden ampliar sus horizontes, pueden tener otras capacidades, pueden lograr otras cosas y que sus manitas no sólo sirven para tortear o para cocinar, sino que sirven para crear.”

Esto se fue confirmando con el testimonio de Karen otra joven artista:

“Mi experiencia aquí ha sido compleja, ha habido de todo. Por ejemplo, hace rato llegó una maestra y me dijo: que era maestra de secundaría y me empezó a decir pues, qué bonito, que tiene una nieta que pinta esto, ella piensa que pintar la aleja de las drogas [Karen hace gestos en referencia a dudar]. ¡Pos qué le digo! Pero bueno, he visto, en mi caso personal que sí se han acercado niñas, que sí se han acercado señoras y hasta señores, sí han llegado. Hubo un señor que llegó y me dijo que él era soldado y que se cuestionaba ¿por que estaba [yo] aquí? ¿Que qué hacía una muchacha peluda y velluda pintando?»

Estos testimonios son reflejo de lo que se percibe en la comunidad de ambos lados, tanto de las chicas que van a pintar muros, así como de quienes las observan. El solo hecho de estar interviniendo ya sus paredes, les causa conflicto. Y pues, no es que se cambie de un día para otro, pero al menos, ya se hizo presencia, para que otras mujeres miren que tal vez existen otras posibilidades. Alex José comenta:

“A lo mejor, no estoy muy adentrado al tema. Ni mucho menos he tenido la oportunidad de adentrarme a las mujeres en un momento contemporáneo, pero como acaban de mencionar muchas, que en está pequeña comunidad, como ustedes lo ven. Hay ciertas carencias en lo cultural de cómo ven el papel de la mujer. Es importante, tal vez. Una imagen no va a cambiar nada, pero sí va a incentivar a otras chicas en lo que se está haciendo en las calles”.

El hacer calle es construir no sólo desde el campo de lo artístico, sino es armar y experimentar por medio de las vivencias con la gente que se te acerca, porque esto te proporciona un mayor aprendizaje. Cuando te ofrecen una caguama, un refresco, una fruta o un vaso de agua se está trabajando la calle como un medio de interacción social que, a veces, implica conocer de su cultura e incluso sus ritos o creencias. Emily Yuak argumenta:

“A mí me gusta mucho que me cuenten historias. Entonces, yo siempre voy con los abuelitos y me encanta estar escuchando sus historias; se dice que en tal montaña pasó esto o se dice que en tal familia paso esta historia, eso a mí me gusta mucho. Escuchar eso, tener como esa mitología y ¡creo que eso es algo muy chido! para poder plasmar en un muro ¿no?”

En otras palabras, en indispensable pensar como todas estas experiencias marcan el trabajo de calle porque, además, como menciona Cristian:

“Cuando se empieza en una comunidad es muy difícil, es muy complicado, no llega la gente. A veces llega una o dos personas o como veinte. Sin embargo, ese paso que se va dando, va mejorando día a día; tal vez como mencionaba con los chicos: algunos vienen por desmadre. Que ya no les gustó, pero el día de mañana miran los trabajos que están realizando sus compañeros, entonces piensan que debieron empezar y como que les gusta y ya les empieza a llamar la atención. Esto es una parte de animarlas a ustedes a que no, no sé que tanto han trabajado con personas así; sin embargo, aquí apenas está empezando. No sé, el día de mañana que vuelvan a venir, vaya a estar mejor y vaya a ver un poquito más de gente.”

Experiencias personales y colectivas

El 8 de marzo sin duda es una fecha emblemática, no sólo por la conmemoración Internacional de la Mujer, sino por toda la lucha social, política, cultural y artística. De esta diversidad de luchas, en la que se hace en el campo del arte hace falta mucho trabajo y hay mucho qué hacer, sobretodo si se trata de darle presencia a las mujeres que están haciendo arte de calle.

Retomando la experiencia de San Pablo Güila, es interesante como esos espacios de calle, son de alguna manera, un arma de doble filo porque llevan a cuestionar no sólo el proceso colectivo, sino lo individual. Pero utilizar las paredes como lienzos es un arma también de conmemoración o al menos así lo percibe Mextli Ciao cuando se les pregunta: ¿qué significa pintar en ese día?:
“No pues, ¡chido que estemos pintando!, porque es lo que más nos gusta hacer ¿no? Principalmente todas las que venimos, es lo que más nos gusta hacer. Y acá en Oaxaca es así como un deleite ¡la neta!”

Otra experiencia es la de Vanessa Mejía:

“Esta experiencia aportó un poquito más a este panorama del arte y bueno, no sólo como esta onda de trabajo. sino de que también podemos pintar y ahora en el ámbito no solo de pintores pues que tampoco solo estamos para servirles, que no solamente somos sus MUSAS, sino que también somos sus compañeras, sus iguales, sus reflejos y a veces le va a tocar a él, ella, elle y a veces le va a tocar a uno”

En suma, el trabajo que se hizo en la comunidad de Güila permitió que cada una apreciará sus pintas y las contradicciones de lo que es trabajar y hacer calle e incluso, de cómo nos relacionamos entre nosotras y con las y los otros. Hubo muchos errores, pero aprendimos y seguiremos intentándolo. Me despido con las palabras de Pascual, del Colectivo Yeé Biísh:

“Así es chicas, y pues tienen mucha razón. Pues, [….] tomamos en cuenta muchas cosas. No todo es a la primera. No todo es que ay, ya convoco y ya tenemos lleno. No, eso no es así. Esto es un proceso muy largo, pero tenemos que empezar a vivir el proceso porque si no se vive el proceso no se llega al objetivo.”

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