A la salida del Metro Tlatelolco, policías de la SSC encapsularon y golpearon a estudiantes que se dirigían a la marcha del 2 de octubre, y arrebataron sus equipos a periodistas que registraban la agresión. Una crónica de lo ocurrido y de la versión oficial que lo dejó fuera.
Por: Mario Marlo / @Mariomarlo
El 2 de octubre, un policía sin placa me arrebató el celular mientras grababa cómo él y sus compañeros golpeaban a jóvenes encapsulados afuera del Metro Tlatelolco. Horas después, el secretario de Gobierno de la Ciudad de México, César Cravioto, dijo en televisión que a los periodistas agredidos ya se nos había acompañado a denunciar. Nadie de la Secretaría de Seguridad Ciudadana me ha buscado.
Escribo esto para dejar constancia de lo que vi, de lo que me hicieron y de lo que el gobierno de la ciudad dice que hizo y no hizo.
4/5 A Mario Marlo, periodista de Somoselmedio, policías le quitaron su teléfono celular mientras documentaba lo ocurrido en las inmediaciones del Metro Tlatelolco.
Otras personas que se encontraban grabando también fueron despojadas de sus celulares.
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— SomoselMedio (@Somoselmedio) October 2, 2026
Lo que encontramos al bajar del tren
Poco después de las dos de la tarde, el equipo de Somoselmedio llegó a la estación Tlatelolco para iniciar, como cada año, la cobertura de la marcha por los 58 años de la masacre de 1968. Lo primero que vimos al bajar del tren fueron policías revisando las mochilas de quienes llegaban, sin orden ni motivo. Lo grabé.
Afuera, en el camino hacia la Plaza de las Tres Culturas, esperaba una fila de más de 200 elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) y decenas de motocicletas estacionadas en dos hileras. Miraban a los jóvenes salir del Metro. A algunos, elegidos al azar, los jalaban y los golpeaban; sus compañeros salían a defenderlos y comenzaba el forcejeo.
Muchos de esos policías no portaban placa y llevaban cascos que no eran los de la corporación. Las motocicletas, en cambio, sí eran oficiales. Ese detalle marca la diferencia entre una agresión con responsable y una agresión sin rostro.
Atrapados en la salida sur
Minutos después, un contingente de al menos 200 personas, jóvenes casi todos y entre ellos un bebé, fue obligado a salir por la puerta contraria a la plaza: la salida sur de la estación, hacia la calle Zoltán Kodály. Es un espacio cerrado por una barda y por puestos comerciales. Ahí quedaron atrapados.
Los policías los encapsularon y, sin ninguna razón visible, comenzaron a jalarlos, a tirarlos al piso para golpearlos y a quitarles sus pertenencias. Mientras grababa, vi cómo despojaban al menos a ocho personas. Les rociaron un extintor encima y, en medio del pánico, los jóvenes buscaban salir por un pasillo angosto, la única salida.
A un joven que entrevisté le quitaron todo: cámara fotográfica, celular y mochila. Al menos otros ocho fueron golpeados y arrastrados; los rescataron sus propios compañeros, no la autoridad.
Mientras yo fotografiaba y grababa, un policía sin placa, con un casco que le cubría todo el rostro, me arrebató el celular e intentó guardarlo. Cuando vio que yo le tomaba fotografías, lo lanzó a unos siete metros. Los mismos estudiantes encapsulados me ayudaron a recuperarlo: el teléfono quedó dañado, pero el material se salvó.
Llevaba un segundo teléfono. Desde hace años nuestro protocolo de seguridad nos obliga a cubrir con dos, precisamente para momentos así, y con él pude respaldar y difundir lo que había grabado. Que un medio independiente tenga que prever que la policía le robará el equipo retrata las condiciones en que se ejerce el periodismo en esta ciudad.
No fui el único. Vi al menos a tres mujeres a las que les quitaron el celular por grabar el operativo. A Iván Ortiz, reportero de El Sol de México, lo golpearon en la cara y le quitaron celular, computadora y mochila; él mismo describió a sus agresores como policías y personas vestidas de civil con casco.
Cuando el encapsulamiento terminó y los estudiantes lograron salir a empujones, golpeados, los policías se plantaron en la salida del Metro y ya no dejaron salir a nadie. Media hora después el operativo se movió y la salida quedó libre. Poco antes de las cuatro de la tarde, quienes bajaban en Tlatelolco salían sin ningún problema.
Ahora pregunto lo que nadie en el gobierno ha respondido: si a las cuatro se podía salir libremente, ¿para qué encapsular, golpear y despojar a esos jóvenes una hora antes? Lo único que ese operativo consiguió fue impedir que cientos de personas llegaran a tiempo a la Plaza de las Tres Culturas.
Lo que dijo Cravioto
Ese mismo día, en un enlace en vivo con Milenio Noticias, le preguntaron al secretario de Gobierno qué haría la SSC con los policías denunciados por dos periodistas: Iván Ortiz y yo. César Cravioto respondió:
«Entiendo que justamente ya se les acompañó a que hicieran la denuncia y se tiene que revisar que si alguien actuó de manera incorrecta, pues que se castigue».
Y agregó:
«La gente de comunicación social de la Secretaría de Seguridad Ciudadana ha estado en contacto con estos periodistas para analizar lo que pasó y para que pudieran hacer la denuncia correspondiente».
En mi caso, eso es falso. Nadie de la SSC se ha comunicado conmigo: ni Comunicación Social, ni Asuntos Internos, ni Derechos Humanos. Nadie me acompañó a denunciar.
Lo único que recibimos fue una respuesta pública de la cuenta @SSC_CDMX en X a la publicación de Somoselmedio: «La Dirección General de Asuntos Internos de la SSC tomó conocimiento y se encuentra investigando el presunto uso indebido de la fuerza en este caso». Después de ese tuit, nada. No sé si existe una carpeta, quién la integra ni en qué va.
El mismo 2 de octubre presenté una queja ante la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM), registrada con el número de gestión 1332530, por la violación de mis derechos a la protesta, a la libertad de expresión y al libre ejercicio periodístico.
Lo que dijo Cravioto no es un error de información sin consecuencias. Medios como El Financiero y Sopitas reprodujeron la versión oficial de que la SSC “ya investiga”, y la audiencia se quedó con la imagen de un gobierno que acompaña, investiga y repara. Conmigo no ha ocurrido nada de eso: nadie me acompañó, nadie me ha informado de una investigación y nadie ha reparado nada.
El secretario también habló en condicional de algo que está grabado: “si alguien actuó de manera incorrecta”, “el material que pudieron haber sustraído”. Un policía arrancándole el teléfono a un periodista no es una hipótesis. Es un despojo cometido por un servidor público, y hay video.
Hay algo más grave en esa respuesta: los jóvenes desaparecieron del relato. En la entrevista nadie mencionó a los estudiantes encapsulados, golpeados en el piso y despojados de cámaras, celulares y mochilas. Todo se redujo a dos celulares de periodistas, como si lo ocurrido fuera un incidente con la prensa y no un operativo contra cientos de personas que querían llegar a una conmemoración. El programa se tituló “Marcha por Tlatelolco termina con petardos en el Zócalo”; lo que pasó antes, en el Metro, ocupó un intercambio breve antes de que el conductor pasara al tema del transporte.
Por qué no denuncié ante ellos
Cravioto habla de la denuncia como si el paso pendiente fuera mío. No presenté denuncia después de la cobertura porque no confío en la autoridad que golpea, roba e impide hacer mi trabajo. Fue esa misma policía la que nos empujó y nos roció gas y extintor para que no documentáramos las agresiones contra los jóvenes.
Y es esa misma institución la que hoy dice investigarse a sí misma. La Dirección General de Asuntos Internos que “tomó conocimiento” forma parte de la propia SSC. Pedirle a una víctima que confíe su caso a la corporación que la agredió no es acompañamiento: es trasladarle la carga.
La obligación de investigar, además, no depende de que la víctima se presente en una ventanilla. Cuando hay indicios de que servidores públicos violaron derechos humanos, el Estado está obligado a investigar de oficio. Las pruebas existen: videos, fotografías, testimonios y las notas de más de una decena de medios que documentaron las agresiones.
Por eso mi vía es la queja ante la CDHCM, que seguirá su curso. Y por eso escribo este texto: para que la versión del secretario no sea la única que quede registrada.
Policías sin rostro, 58 años después
El 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas, el Ejército y el Batallón Olimpia dispararon contra un mitin estudiantil. Los integrantes del Batallón vestían de civil y se reconocían entre sí por un guante o un pañuelo blanco en la mano izquierda. La versión oficial culpó a los estudiantes de haber disparado primero; décadas después se documentó que los tiradores apostados en los edificios respondían al propio Estado.
Tres años más tarde, el 10 de junio de 1971, Los Halcones, un grupo de choque entrenado por el gobierno y vestido de civil, atacó otra marcha estudiantil. El gobierno lo presentó como un enfrentamiento entre estudiantes.
No comparo la magnitud de aquellos crímenes de Estado con lo ocurrido este 2 de octubre. Comparo el método: actuar sin identificación para que después la violencia pueda atribuirse a nadie. En su tarjeta informativa, la SSC se refirió a “la agresión denunciada que ocurrió con un reportero de un medio de comunicación por civiles encapuchados”. Yo vi otra cosa: agentes sin placa, con cascos ajenos a la corporación, parados junto a motocicletas oficiales.
Esa coartada solo funciona cuando no queda registro. En mi caso hay video, y quizá por eso la respuesta de la SSC habló de “presunto uso indebido de la fuerza” y no de encapuchados.
Tampoco es la primera vez que este gobierno elige su versión antes de investigar. En noviembre de 2025, tras la marcha convocada por la llamada Generación Z, Cravioto afirmó: «Quien convoca la marcha, convoca a agredir, convoca a generar caos», y descartó que la policía hubiera iniciado las agresiones.
Las cifras muestran que la Ciudad de México no es una excepción, sino el centro del problema. En su informe anual sobre 2025, Artículo 19 documentó 451 agresiones contra la prensa en México; en 227 hubo responsabilidad directa de algún nivel de gobierno. La capital encabezó la lista de entidades, con 84 casos.
Esta vez ocurrió en Tlatelolco, el día en que se recuerda a estudiantes asesinados por el Estado, contra jóvenes que intentaban llegar a esa misma plaza. La memoria de 1968 no se honra con discursos si ese mismo día la policía decide quién puede llegar a la Plaza de las Tres Culturas y quién no.
Lo que exijo
Exijo, antes que nada, que se devuelvan sus pertenencias a los jóvenes despojados en la salida sur del Metro Tlatelolco y que se repare el daño a cada persona agredida.
Exijo a la SSC, encabezada por Pablo Vázquez Camacho, que informe cuántos elementos desplegó en la estación, quién ordenó el operativo y con qué fundamento, por qué se roció un extintor contra personas encapsuladas y por qué había agentes sin placa y con cascos no oficiales. Que identifique a quienes golpearon y despojaron a los jóvenes, y a quienes arrebataron teléfonos para que no quedara registro.
Pido a la CDHCM que solicite, como medida precautoria, el resguardo de las grabaciones de las cámaras del C5 y del Metro, y de las fatigas de servicio de ese día: los registros de qué agentes participaron en el operativo. Cada día sin ese resguardo es evidencia que puede perderse.
Y exijo al secretario César Cravioto que rectifique lo que dijo sobre el acompañamiento a los periodistas y, sobre todo, que explique por qué la policía de la ciudad encapsuló a cientos de jóvenes que iban a una conmemoración.
Somoselmedio volverá a Tlatelolco el próximo 2 de octubre, como cada año, a documentar. Grabar a la policía no es un delito. Golpear y despojar a quienes solo querían llegar a la plaza, sí.







