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Del mundo para México

Del mundo para México

Nuestra patria es el mundo entero. Nuestra ley es la libertad. Sólo tenemos un pensamiento, la revolución en nuestros corazones”. Darío Fo

Por Humberto Robles / @H_Robles

Desde siempre y por diversos motivos, México se ha nutrido de personalidades provenientes de otras latitudes, que han venido al país para enriquecerlo en prácticamente todos los ámbitos, entre ellos, por supuesto, en la cultura y las artes. Aquí mencionamos a algunos que nutrieron y transformaron la escena teatral.

En 1919, la bailarina rusa Anna Pávlova deslumbró al público al interpretar, vestida de China poblana, el Jarabe Tapatío. Más tarde, en el Teatro Ulises, encabezado por la mecenas y escritora Antonieta Rivas Mercado, se representaron por primera vez en México los dramaturgos norteamericanos y europeos de finales de los años 20 del siglo XX, con obras como “Simili”, de Claude Roger-Marx, “Soldados” (Welded), de Eugene O’Neill, “El peregrino” de Charles Vildrac, “Orfeo” de Jean Cocteau, “La puerta resplandeciente de Eduard John Moreton “Barón de Dunsany” y “El tiempo es sueño” de Henry René Lenormand. Por tal motivo y gracias a esas dramaturgias, el Teatro Ulises se considera el nacimiento del teatro moderno mexicano.

Tras la guerra civil española, el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas les ofreció asilo a los republicanos. Fue así como llegaron el director de cine Luis Buñuel, el poeta León Felipe y las actrices Sonia Furió, Mercedes Pascual y Ofelia Guilmain, por mencionar algunos. En España, Ofelia Guilmain formó parte de los grupos “Guerrillas del Teatro” y “Retablo Rojo”, y ya en México interpretó a los grandes personajes femeninos de las tragedias griegas, así como de las obras de Shakespeare, García Lorca, Albert Camus, Jean Cocteau, Jean Genet, Lope de Vega, y de dramaturgos mexicanos como Salvador Novo, Luis G. Basurto y Hugo Argüelles, entre otros. Asimismo, fue una aclamada actriz de radio, cine y televisión.

Seki Sano era un actor y director japonés, fundador del Teatro MNZ en Tokyo, basado en el método del director soviético Vsévolod Meyerhold. En 1930, fue acusado de colaborar con el Partido Comunista, por lo que se vio obligado a salir de Japón e iniciar su periplo por Nueva York, Londres, París, Berlín y Moscú. En la capital de la Unión Soviética, Sano colaboró con Konstantín Stanislavsky y fue asistente de Meyerhold, sin embargo, fue expulsado por el gobierno de Stalin al considerársele un “agente peligroso”. Entonces, en 1939, y gracias de nuevo a la intervención de Lázaro Cárdenas, se le recibió como exiliado en México, donde dirigió la Escuela Nacional de Artes Dramáticas. Aquí perfeccionó su método de actuación, el cual mezcla teorías tanto de Stanislavsky como de Meyerhold. Su célebre puesta en escena de “Un tranvía llamado deseo”, de 1953, con María Douglas y Wolf Ruvinskis, contó con la presencia de su autor, el norteamericano Tennessee Williams, quien celebró el montaje considerándolo superior, por mucho, al de Broadway. Años después, Seki Sano compró un pequeño exconvento al sur de la ciudad y fundó el Teatro Coyoacán, que aún existe, y sería llamado “padre del teatro de México”.

Brígida Alexander era una actriz, escritora, directora y traductora judía nacida en Alemania. Tras el ascenso de Hitler al poder, se exilió en Suiza y luego en Francia. Cuando este país fue ocupado por los alemanes, Brígida formó parte de un grupo de teatro, dando funciones en las zonas no ocupadas por los nazis. En 1942, ella, junto con otros refugiados judíos y alemanes, fueron recibidos como exiliados en México. Ya en el país, Brígida se relacionó con el dramaturgo Rodolfo Usigli y actuó en obras como “El médico a palos” y “La ópera de los tres centavos”. Como directora y productora, Brígida fue pionera de le televisión mexicana. Tuvo dos hijos varones y una hija, la reconocida actriz Susana Alexander, quien también ha trabajado en cine, televisión y principalmente en teatro.

Ludwik Margules nació en Varsovia en 1933 y, tras un exilio en la URSS, viajó a México en 1953 donde estudió en la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), en la Escuela Nacional de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y fue alumno de Seki Sano. Su carrera profesional inició como asistente de directores como Fernando Wagner y los exiliados españoles Rafael López Mirnau y Álvaro Custodio. Margules dirigió más de 40 puestas en escena y son memorables sus montajes de “A puerta cerrada” de Jean Paul Sartre, “Ricardo III” de William Shakespeare, “De la vida de las marionetas” de Ingmar Bergman, “Jacques y su amo” de Milan Kundera, “Ante varias esfinges” de Jorge Ibargüengoitia, “El camino rojo a Sabaiba” de Óscar Liera , “El tio Vania” de Antón Chéjov y “Los justos” de Albert Camus, por mencionar algunos. Fue un gran innovador del teatro mexicano y dio clases en la Escuela de Arte Teatral del INBA, así como en el Núcleo de Estudios Teatrales, entro otros. También fue director del Departamento de Actividades Teatrales de la UNAM y dirigió la academia de arte dramático del Foro de Teatro Contemporáneo. En 2003 fue merecedor del Premio Nacional de Ciencias y Artes.

En la década de los 70 y ante el avance de las fuerzas progresistas, Latinoamérica sufrió una ola de golpes de estado apoyados por Estados Unidos. Fue así como México recibió a cientos de exiliados chilenos, argentinos, uruguayos y nicaragüenses, entre otros. En 1976, el país acoge al Teatro El Galpón de Uruguay, y posteriormente, dos de sus integrantes, Raquel Seoane y Blas Braidot,​ junto a los mexicanos Luisa Huertas, Mario Ficacci y Pablo Jaime, fundan el Foro Contigo América en 1981, el cual permanece actualmente en funciones.

También, a raíz del golpe de estado en Argentina, México recibe a la compositora y cantante Liliana Felipe, quien destacaría por la fundación del teatro-cabaret El Hábito, junto con su esposa Jesusa Rodríguez, donde ambas montaron diversos espectáculos de crítica política y social que marcaron un antes y un después en la historia del cabaret mexicano.

Otras figuras que, por una u otra causa, eligieron a México para vivir y trabajaron en la escena han sido la actriz española Anita Blanch, la actriz rusa Tamara Garina, el actor peruano Ricardo Blume, el actor colombiano José Gálvez, la actriz cubana Carmen Montejo, la actriz venezolana Teresa Selma, la diseñadora de escenografía y vestuario inglesa Fiona Alexander, y de Argentina los actores Juan Carlos Colombo, Roberto D’Amico y Rosa María Bianchi, la dramaturga Perla Szuchmacher, y el dramaturgo José María Fernández Unsáin, quien fuera uno de los fundadores y director de la SOGEM (Sociedad de Escritores de México), entre muchos más.

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