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El Agua es nuestra (responsabilidad)

Por Héctor Castañón Reyes*

Termino de leer “El Río Congo. Descubrimiento, exploración y explotación del río más dramático de la tierra” de Peter Forbath. La búsqueda de sus fuentes y su curso está íntimamente ligada a la búsqueda de las fuentes del Nilo, un misterio que se intentó resolver durante más de dos milenios; desde Homero, pasando por Herodoto y Ptolomeo, hasta el Dr. Livingstone y H.M. Stanley. Esta búsqueda obsesiva se explica porque la historia de la humanidad y la de los ríos y lagos está íntimamente ligada. Uno puede rastrear la historia y la geografía humana a partir de la geografía del agua.

Fue hasta la revolución industrial cuando este vínculo se rompió. La invención en 1769 del water-frame, una hiladora mecánica que funcionaba con fuerza hidráulica, convirtió al agua en un insumo industrial, que a lo largo de los años comenzó a almacenarse, conducirse y trasvasarse en función de la lógica industrial.

Con la globalización, los flujos del agua se alteraron de forma aún más radical a través del agua virtual, en donde el agua, en forma de bienes de consumo, se trasladaba hacia donde el mercado dictara, rebasando los límites de las cuencas y las naciones.

Las implicaciones negativas de manejar el agua como un recurso industrial y no como un recurso natural, empezaron a causar preocupación generalizada en 1960 tras el informe del Club de Roma en donde se hablaba de la necesidad de poner límites al crecimiento industrial, que amenazaba la capacidad de carga de los ecosistemas de los que depende la vida en el planeta. Esta lógica de ecosistemas fue la que generó décadas después la noción del desarrollo sostenible, que se difundió como un nuevo paradigma de desarrollo a partir de la cumbre de Río en 1992.

Fue entonces que surgieron nuevos paradigmas para la gestión de los recursos naturales y, para el caso del agua, tomaron fuerza los organismos como el International Water Management Institute (IWMI) que incluían entre los principios para la gestión del agua la atención de los problemas sociales, la seguridad alimentaria y la salud de los ecosistemas; no sólo consideraban su dimensión económico-productiva.

Por eso se habla de que el paradigma de la gestión del agua basado en la lógica mecanicista de las ingenierías hidráulicas se considera obsoleto desde hace al menos 50 años. Superar ese paradigma y adoptar uno que integre lo social, económico y ecosistémico en su gestión, se vuelve hoy aún más urgente que nunca por un fenómeno que está ya trastocando aún más profundamente la geografía humana y natural: el cambio climático.

En concreto, ¿qué significa esto para el agua nuestra?:

1. Que alterar el curso y flujo de un río, en este caso el Río Verde afectará inevitablemente la dinámica de los asentamientos que a lo largo de la historia fueron asentándose y desarrollándose a lo largo de su cauce.

2. Que es inaceptable a estas alturas de la historia que no se evalúen los impactos sociales, económicos y ambientales de una decisión que implica contener, privatizar y trasvasar el agua del Río Verde.

3. Que se no debemos reproducir un paradigma obsoleto, extractivo y deficitario de gestión del agua por una visión de empresarios y sus asesores limitada a la lógica de negocios inmobiliarios y de la construcción.

4. Que debemos atender e incorporar en la toma de decisiones las distintas perspectivas sobre los riesgos, deficiencias e irregularidades del proyecto de El Zapotillo y acueducto a León.

El Gobernador Enrique Alfaro anunció la semana a un grupo de empresarios reunidos en casa Jalisco que la presa el Zapotillo “va por que va, aunque se quejen los mismos de siempre”. Es irresponsable que una decisión de esta trascendencia en el contexto histórico que nos encontramos pueda tomarse sin considerar lo que académicos de la UNAM, Universidad de Guadalajara y el ITESO, además de organizaciones internacionales, nacionales, locales y comunitarias, y funcionarios federales responsables del sector advierten sobre la falta de información e implicaciones negativas de este proyecto. Recordemos que es la Suprema Corte de Justicia la que ha detenido el proyecto por sus claras y cuantiosas irregularidades.

Refundar significa dejar atrás viejos paradigmas en la gestión del agua y del poder. Regresión significa aferrarse al autoritarismo y a un modelo de gestión que ha sido claramente rebasado. ¿En qué escenario nos encontramos? Creemos que es posible y necesario tomar decisiones informadas, conscientes y democráticas. Por ello convocamos a un diálogo abierto y de frente, no cerrado y exclusivo, para decidir de una vez por todas el modelo de gestión para nuestra agua en los años por venir. No perdamos esta oportunidad de dar un paso adelante y manejar de forma inteligente para el presente y el futuro, lo que ha sido y seguirá siendo la fuente de la vida en el planeta.

*Especialista en Medio Ambiente y Desarrollo.

Maestro en Planeación y Gestión del Desarrollo Regional.

Doctor en Antropología Social.

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