“El miedo cambió de bando”: Más 35 mil mujeres tomaron las calles e hicieron historia en Guadalajara

Foto: Mario Marlo/@Mariomarlo

En un hecho histórico, expresaron las colectivas feministas, más de 35 mil mujeres, jóvenes y niñas salieron a tomar las calles de Guadalajara este 8 de marzo. Juntas, acompañadas por un movimiento de resistencia sororo y hermanado, marcharon para reclamar una vida digna, sin violencias donde todas las mujeres “sean libres y no valientes”.

Pese al llamado que las colectivas hicieron al Gobierno de Jalisco sobre la no presencia de personal policiaco en torno a la movilización, mujeres agentes de seguridad municipal estuvieron presentes rodeando los laterales de la marcha durante su recorrido; no obstante, algunas de las asistentes reconocieron su labor, no sin antes, corear consignas como:  “La policía no me cuida, me cuidan mis amigas”.

Sin tener aún un reporte oficial sobre los incidentes de seguridad registrados por la asamblea organizativa de la Red YoVoy8deMarzo, ZonaDocs pudo documentar al menos dos eventos durante la movilización que generaron tensión dentro de los contingentes de mujeres, jóvenes y niñas.

Por Dalia Souza / @DalhiaSouza

Fotografías: Ana Sofía Ávila, Dalia Souza, Jacaranda Ayala, Christian Cantero, Darwin Franco y Gabriel Trujillo

Foto: Ana Sofía Ávila.

Antes de mediodía, mujeres, niñas acompañadas de sus madres y jóvenes junto a sus amigas, se reunieron en Plaza Universidad en el centro histórico de Guadalajara para comenzar a preparar lo que juntas construirían más tarde.

Aquello que durante la Jornada por el #8M arrancó con talleres de esténciles, autodefensa feminista, conversatorios sobre derechos humanos, sexuales y reproductivos, la defensa de la tierra, las cuerpas de las mujeres y la vidaLa lucha feminista, la memoria y la justicia de todas las que han sido víctimas de feminicidio y desaparición, tomaría la fuerza de un movimiento multitudinario, histórico y potente donde todas las asistentes decidieron habitar “una sola voz común”.

Foto: Christian Cantero.

Al ritmo de la Batukada Feminista, sintiéndose no sólo valientes sino capaces de retumbar el asfalto que sus pies pisaban, comenzaron a recorrer la avenida Juárez marchando una al lado de la otra; abrazando a la que había llegado “sola” -y que más tarde descubriría que nunca lo estuvo- y protegiendo a las familiares de las mujeres que no consiguieron llegar a casa después de un feminicidio o una desaparición, y que esta vez se les unieron.

Entre cantos y consignas descubrieron que nunca más “el silencio les protege” y que, aunque presentes las agentes de protección civil y policías municipales, son ellas quienes entre sí se cuidan.

Mientras los contingentes avanzaban por el centro de la avenida, cientos que esperaban en los costados para incorporarse a la marea feminista que de apoco, aumentaba en número: primero 10 mil, después 15 mil, más tarde 25 mil y finalmente 35 mil mujeres organizadas que recorrieron más de dos kilómetros reiterando que la lucha por una vida digna es sólo posible si “todas estamos juntas”.

Foto: Ana Sofía Ávila.

“No más acoso en la universidad” gritaron las asistentes frente al edificio de la rectoría general de la Universidad de Guadalajara, donde expectantes observaron trabajadoras y profesoras de la institución de educación pública, quienes fueron convocadas a reunirse algunas horas antes.

La noche cayó sobre sus rostros, sobre sus cuerpas y, con ella, unos cuantos que pensaron que podrían intimidarlas, atemorizarlas. Corrió el rumor de que se trataba de gas pimienta, pues algunas sentían en sus gargantas la sensación ardiente y de picazón, entre el pánico se dijo también que “había sido ácido” y después se habló de un vidrio quebrado. La zozobra acompañada de la penumbra y los rumores que auguraban presuntos ataques, fueron repelidos por ellas mismas, quienes de apoco tomaron el control y volvieron a sus filas coreando que no estaban solas, que no tenían miedo y que nada las detendría.

Fotos: Christian Cantero.

Foto: Dalia Souza.

Aquella inmensa movilización que en algunos momentos abarcó más de diez calles, poco a poco se acercaría a su destino: la Glorieta de las y los desaparecidos de Jalisco.

Arriba y al frente del monumento que alguna vez fue conocido como “La Glorieta de los niños héroes”, las familias de las mujeres desaparecidas y asesinadas impunemente en el estado tomaron el micrófono para compartir enrabiadas la impotencia que acompaña sus días en medio de un país feminicida:

“Yo soy Diana, perdí a mi hermana hace siete años y he luchado siempre por ella y por sus hijos que me dejó; yo ayudé al ministerio público a agarrar a los que la mataron, se los entregué en charola de plata y los dejaron libres y ahora sigo luchando por sus hijos y no me han vencido. Y quiero que sepa el gobierno que seguiré de pie por mi hermana hasta que hagan justicia”.

“Yo no quiero esperarme 20 años para que mi hermana tenga justicia, quiero la justicia ¡ya! Por mi madre, por mi padre, por mis hijos, por todas las mujeres que han sido asesinadas por tipos del gobierno. ¡Basta!”.

“A mi hermana, su esposo Alejandro “N” la mató, la ahorcó, la dejó sin vida por tres días y luego no la encontrábamos, hasta que la encontramos muerta, sin vida. Él se ha amparado en el juzgado del quinto distrito de amparo en materia de lo penal, han hecho lo que han querido; él ha dado dinero y es protegido por el gobierno. ¡Apóyenme, justicia para Liz!”.

“Estamos aquí presentes porque pedimos justicia por mi hija Carolina que fue asesinada el 11 de diciembre de 2016 y hasta ahorita no tenemos respuesta de las autoridades, pedimos justicia a gritos. ¡Justicia para todas, justicia para Carolina!”.

“Este es el séptimo año que venimos a pedir justicia para Imelda Virgen, después de siete años no existe una sentencia definitiva, la que fue dictada hace dos años fue anulada, se encuentra otra vez en el Supremo Tribunal de Justicia en la sala 1 de los magistrados. Pedimos que sea una sentencia clara, que sea una sentencia firme, que sea una sentencia ejemplar y que después, también, sea una reparación del daño para la comunidad, para la sociedad y para las mujeres. ¡Justicia para Imelda Virgen!”.

“Estoy tan emocionada, me siento tan arropada; en cinco años que tiene mi hija Erika Berenice Cueto Vázquez desaparecida nunca me había sentido así, tan arropada, tan acompañada, yo también lo que quiero es que la encuentren, la quiero encontrar. Son cinco años de angustia, son cinco años de no vivir y sobrevivir. Yo quiero que encuentren a mi hija ¡Justicia para Erika!”.

“Mi hermana Cristina Munguía, madre de dos hijos, los cuales me quedé yo, esos niños ahora son mi vida, pero tengo dos años que no sé nada de mi hermana. Las autoridades me dicen que se las llevaron por puta, lo único que yo sé es que mi hermana era una mujer trabajadora y que siempre vio por un país mejor, lastimosamente no alcanzó a cambiarlo antes. ¡Justicia para Cristina!”.

“Mi mamá desapareció en febrero de 2019 y apenas hace unos meses nos entregaron el cuerpo y la encontraron descuartizada en la carretera y no nos han hecho justicia. Tengo miedo de que vayan a matar a mi abuelita y que mi hermana y yo nos vayamos a quedar solas”.

Foto: Christian Cantero.

¡No están solas! y ¡justicia! fueron las respuestas sororas que secundaron el reclamo de estas hermanas, hijas y madres. Exigencias que hicieron a las autoridades en el estado, quienes, como denunciaron desde la experiencia, continúan encubriendo feminicidas, retrasando el acceso a la justicia, la reparación del daño y con ello, favoreciendo escenarios de impunidad que permiten que más crímenes en contra de mujeres se sigan cometiendo.

Con la mano empuñada apuntando hacia arriba y de fondo miles de mujeres coreando: “Queremos ser libres, no valientes”, las colectivas compartieron con las presentes sus pronunciamientos. En estos, reconocieron la voz común que desde este día, y para siempre, las acompañará para “acariciar nuestros miedos y unificar nuestras consignas, contra el horror que arranca de nuestros cuerpos a nuestros seres más queridos por medio de la violencia”.

Abrazando y haciendo suyos en su reclamo “la piel de las diez mujeres que diariamente son asesinadas”; “los pasos de las madres y los padres que buscan a sus familiares desaparecidos y desaparecidas”; “las voces de las niñas y niños huérfanos de personas desaparecidas y víctimas de feminicidio”; “el grito con el que resisten los pueblos originarios a la extracción de la vida por medio de las tierras”; “la mano de la estudiante que denuncia el acoso en el centro educativo”; “la  memoria que se vive en los cuerpos de las mujeres que son obligadas a ser madres o a abortar solas en clandestinidad o en situaciones de inseguridad”; “la mirada con la que exigimos a un cuerpo con vulva ser mujer o a un cuerpo con pene ser hombre”; “la sombra con la que escondemos a las trabajadoras sexuales”; “la lengua con la que prescribimos la heterosexualidad y señalamos a otras maneras de amar”; “el olfato con el que rastreamos los pies del camino de la migrante y el migrante”; “la exposición constante de las trabajadoras de la industria electrónica a sustancias contaminantes”; y todos los sentires y luchas por una vida digna donde las mujeres podamos por fin ser libres y no valientes.

Fotos: Darwin Franco.

Finalmente, hicieron un llamado a:

 “entender la fuerza con la que podemos organizarnos colectivamente contra la expropiación de nuestros territorios rurales y urbanos, la explotación de nuestros cuerpos y la aniquilación de la vida con la que opera nuestro sistema colonial, capitalista y patriarcal”.

Puesto que, advirtieron:

 “ya no es suficiente exigir a las autoridades el reconocimiento y la aplicación de nuestros derechos, ahora es el momento de hacer un llamado de nosotras, para nosotras, para repensar nuestras acciones, para imaginar una política insurgente de la ternura, para inventar otras relaciones a partir de la empatía, de los dolores que afectan a otros, para posibilitar que los cuidados sean compartidos”.

Invitaron a acercarse a las otras luchas que les rodean y a formarse políticamente, reconociendo que el feminismo es una guía que les permite organizarse, decidir y actuar juntas como “una sola potencia”:

“Una lucha ensimismada” señalaron “nos hace susceptibles de convertirnos en ideología, de continuar con el sistema de dominación que denunciamos y de reproducir la misoginia, el clasismo y el racismo que experimentamos… porque sabemos que organizadas diversificamos nuestros gestos, porque sabemos que juntas y organizadas paramos las violencias por una vida digna. ¡justicia para todas!, concluyeron.

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