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‘¿Quién mató a Berta Cáceres?’ Nuevo libro indaga sobre el magnicidio en Honduras

Por Parker Asmann/ InSight Crime

Cuando la periodista Nina Lakhani conoció a Berta Cáceres en 2013 en la víspera de las elecciones parlamentarias en Honduras, la defensora de los derechos de los indígenas a la tierra sabía que no podía renunciar a su lucha pese a las constantes amenazas en su contra. “Cuando quieran matarme, lo harán”, dijo.

El 2 de marzo de 2016, varios hombres armados irrumpieron en la vivienda de Cáceres, la mataron a tiros e hirieron al activista mexicano Gustavo Castro, con lo que completaron la fase final de un complot urdido por una red de altos ejecutivos y funcionarios del gobierno hondureños para asesinarla y silenciar su oposición a la construcción de la represa de Agua Zarca por parte de Desarrollos Energéticos S. A. (DESA).

En su primer libro, publicado por Verso Books el 2 de junio, “Who Killed Berta Cáceres?: Dams, Death Squads, and an Indigenous Defender’s Battle for the Planet” (¿Quién mató a Berta Cáceres?: proyectos hidroeléctricos, escuadrones de exterminio y la batalla de una defensora indígena por el planeta), Lakhani ofrece un análisis exhaustivo de la historia de resistencia indígena en Honduras, la formación de Cáceres y su papel en la lucha que terminó con su brutal asesinato, y las innumerables preguntas y vacíos investigativos que persisten más de cuatro años después del hecho.

InSight Crime habló con Lakhani de su libro sobre la vida y muerte de Cáceres, el nexo entre las élites y el crimen organizado en Honduras y la actual lucha por la justicia en su caso por asesinato.*

InSight Crime (IC): La gente por lo general define a Berta Cáceres como una simple ambientalista, pero ¿quién era ella además de eso?

Nina Lakhani (NL): Ella se identificaba a sí misma como una “luchadora social” y defensora de los derechos humanos e indígenas. Su organización, el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), fundado en 1993, fue un movimiento y una organización de lucha por los derechos indígenas. El medio ambiente era importante, pero como lo señaló uno de sus amigos, Berta no era una abraza-árboles. Protegía los recursos naturales como parte de la autodeterminación de los pueblos indígenas. Esa era su lucha, porque la gente tuviera voz y voto en la determinación de lo que sucede en sus territorios y en sus vidas.

También era una analista política muy inteligente. Era uno de esos raros especímenes capaces de entender y analizar las luchas locales en un contexto global. Sin importar con quién hablara, podía explicar, defender y debatir esas distintas luchas. Fue toda una pionera, sin duda en los movimientos indígenas en Latinoamérica, como defensora de la igualdad LGBTQ. Para Berta, cualquier injusticia era su injusticia.

IC: ¿Qué era eso singular en Berta que hizo sentir tan amenazados a los ejecutivos de DESA y a las élites políticas y militares de Honduras?

NL: Ella creció en los años de la “Guerra Sucia”. Eso fue gran parte de su formación. En su niñez estuvo cerca de pensadores y luchadores progresistas de toda Centroamérica . Estuvo en todo eso y participó con las guerrillas en la guerra civil de El Salvador. Cuando el COPINH se creó, Berta se convirtió en la imagen internacional de la organización, en cuya representación viajó a Canadá, Estados Unidos, a países de Asia y África, donde absorbió y aprendió de las luchas locales e indígenas por sus derechos a la autodeterminación, a sus tierras y a su dignidad. Al mismo tiempo, aprendía sobre tratados de libre comercio, el consenso de Washington, el impacto del neoliberalismo y el capitalismo, y el papel que estos jugaban no solo en su parte del mundo, sino en todas estas luchas. Ella entendía estos grandes temas y las pequeñas luchas locales y tenía una capacidad increíble para explicarlas.

Berta fue una de las pocas personas en Honduras, incluso en Centroamérica, capaz de unir diferentes movimientos, urbanos y rurales, de profesores y campesinos, de grupos indígenas y mestizos, y eso es peligroso. Era inteligente y tenaz. No era que no tuviera miedo. Temía, pero era valiente. Continuó haciendo lo que hacía a pesar de tener miedo de las amenazas y de la campaña de terror que emprendieron en su contra. No importó lo que esa red de élites hiciera para que ella se marchara o se callara; nada funcionó. Fue por eso que se urdió y ejecutó el plan para asesinarla.

IC: ¿Qué revela la vida y muerte de Berta sobre el nexo entre el crimen organizado, las élites políticas y empresariales, y la militarización de Honduras?

NL: Veo a estos actores como parte de una red de élites y estructuras de poder que dirigen y han dirigido a Honduras durante mucho tiempo. Quienes dirigen el espectáculo son las élites económicas. Eso no ha cambiado. Han usado a los militares y otros organismos de seguridad para sofocar levantamientos sociales a lo largo de toda la región. Cuando la gente se organiza para tratar de luchar o para demandar algún acceso a la tierra, mejores condiciones laborales o mayores salarios, se ha orquestado la represión a instancias de las élites económicas de la época. Realmente eso no ha cambiado.

Agua Zarca fue uno de los muchos megaproyectos de destrucción del medio ambiente que fueron aprobados a raíz del golpe de estado de 2009 respaldado por Estados Unidos, todos ellos sin la debida consulta previa. La total militarización de Honduras desde el golpe de estado permitió que Honduras se convirtiera en un estado totalmente criminal. Mientras tanto, ha habido figuras políticas de alto rango y sus familiares presuntamente —algunos de ellos han sido condenados— a la cabeza de importantes operaciones internacionales de narcotráfico en un momento en que el país está completamente militarizado.

IC: ¿Cómo describiría la escala de la corrupción en Honduras y cómo incidió en el proyecto de la represa de Agua Zarca al cual se opuso Berta?

NL: Esto no se trata de unas manzanas podridas, sino de cómo se diseñó el sistema. El sistema político funciona increíblemente bien. Está diseñado para servir a los intereses de unos pocos. Si bien estos actores han cambiado y evolucionado con el tiempo, han aparecido nuevos elementos criminales y agentes de poder. Eso no ha cambiado. El estado político, como está diseñado, siempre ha estado ahí.

Es por eso que antes del golpe de estado, Berta figuraba como candidata a la vicepresidencia en una lista independiente que proponía un plebiscito para enmendar la constitución, de tal modo que por primera vez en la historia del país hubiera un contrato social justo y verdadero entre el pueblo y el estado. En este momento, la constitución representa los intereses de unos cuantos y así es como está diseñado. En el caso de Agua Zarca, y podría decir esto sobre cualquier megaproyecto que haya sido aprobado en la última década, no hay ninguno que se hubiera sancionado tras la debida consulta legal, que fuera analizado adecuadamente por los legisladores antes de recibir la licencia, o que recibiera licencias mineras, de construcción o de uso del agua luego de un estudio de impacto ambiental y un análisis adecuado de otros factores que se deben entrar en consideración.

IC: ¿Qué develó la escritura de este libro sobre las consecuencias del apoyo estadounidense a un sistema político muchas veces asociado a la corrupción, el narcotráfico y la militarización?

NL: En los días posteriores a la condena del hermano del presidente Juan Orlando Hernández por tráfico de armas y narcóticos, en un caso en el cual el presidente Hernández y su predecesor, Porfirio “Pepe” Lobo, fueran mencionados por los fiscales como copartícipes, el entonces embajador de Estados Unidos en Honduras hizo una aparición en público con el presidente Hernández. Y entonces uno piensa para sus adentros, ¿qué tienen que hacer para que Estados Unidos les retire el apoyo?

En 2017, el presidente Hernández se presentó a las elecciones después de cambiar la constitución para permitirlo, en lo que fue un claro caso de abuso del poder y manipulación del sistema judicial. En ese entonces perdió, pero ganó. El único gobierno que salió a decir que la elección fue libre y justa fue el de Estados Unidos. El hecho es que no ha habido consecuencias para el estado hondureño por el golpe de estado y el derrocamiento de un presidente elegido democráticamente, lo cual desató esta ola de violencia, esta absoluta pesadilla que aún continúa. ¿Por qué tenemos corrupción y violencia? Es siempre por impunidad y esa impunidad ha sido absoluta.

Los regímenes posteriores al golpe de estado han sido respaldados por Estados Unidos y por otros gobiernos. Al mismo tiempo, se ha usado el aparato militar hondureño como un brazo represor a un costo muy alto, y el narcotráfico ha seguido a buen paso. Respaldado y entrenado por los Estados Unidos, el ejército se utiliza para sofocar, reprimir y aterrorizar a las comunidades de todo el país. No hay forma de que Estados Unidos pueda negarlo legítimamente. Es increíble hasta dónde ha llegado el apoyo de Estados Unidos y hasta qué punto ha permitido que esta pesadilla continúe en Honduras.

IC: ¿Qué contribuyó a que Honduras se haya convertido en uno de los lugares más peligrosos para los defensores indígenas y del medio ambiente, especialmente para mujeres como Berta?

NL: Después del golpe de estado, hubo un gran incremento de la violencia generalizada en todos los ámbitos. Dentro de todo esto, hubo incrementos significativos de violencia selectiva. Se convirtió en el lugar más peligroso para ejercer el derecho, en uno de los lugares más peligrosos para ser mujer o niña, o para ser un defensor de tierras o del medio ambiente, que es donde se inscribe Berta. Uno de los objetivos claros del golpe era dirigir el capitalismo hacia las industrias extractivas y la subasta masiva de recursos naturales.

En muchos lugares, la gente se organizó y comenzó a oponerse a estos proyectos de diferentes maneras. En el Bajo Aguán, hubo una movilización masiva del movimiento campesino contra los dueños de plantaciones de palma de aceite. Retomaron la tierra que les había sido arrebatada fraudulentamente a lo largo de los años. En una escala menor, en comunidades como Río Blando, de donde Berta era oriunda, se empezó con bloqueos de vías muy simples. A medida que las comunidades se movilizaban y organizaban, se veían despliegues masivos siempre a instancias de estas empresas.

Se vio a todo el aparato estatal persiguiendo cualquier lucha social que mostrara alguna señal de fuerza. Pero en los casos en que estas luchas continuaron y los movimientos se fortalecieron, se enfrentaron crecientes campañas de terror y represión. Cuando analicé otras luchas, fue importante poner esto en el contexto de la guerra contrainsurgente. Son muy similares en términos de las tácticas utilizadas, siempre con el mismo objetivo: el fin justifica los medios, y el objetivo es eliminar a la oposición a toda costa.

Las falsas acusaciones y la criminalización se han impuesto en Honduras como la principal herramienta represiva contra los líderes comunitarios. Sigue habiendo la violencia y las amenazas, pero ya no se asesina a los líderes comunitarios y los defensores de tierras como antes de la muerte de Berta. Se usa el terror legal contra el pueblo, y para hacerlo, se necesitan fiscales, jueces y todos estos actores estatales.

IC: ¿La atención y el clamor internacionales que suscitó el asesinato de Berta contribuyeron a cambiar las realidades que activistas como ellas enfrentan en el campo?

NL: La realidad ha cambiado, pero el derramamiento de sangre no ha parado, hay que tener total claridad sobre eso. Siguen matando a la gente de manera selectiva, pero no se ha asesinado al mismo número de personas. Hay múltiples razones para ello. Se ha visto un empleo creciente de la criminalización y el terror legal en todo Honduras. Siguen matando gente, pero en realidad la principal arma que se usa actualmente es la criminalización.

No puedo dejar de recalcar lo dañino que es eso. Demanda tanto tiempo y energía. Implica tanto miedo, y realmente puede disolver y silenciar un movimiento. De pronto pueden llevarte a prisión y tienes que invertir toda tu energía y recursos en mantenerte fuera de prisión. Es un arma muy efectiva. Las amenazas y el hostigamiento se mantienen, incluso en Río Blanco. Fue solo por la presión internacional que hubo un juicio por el asesinato de Berta, y una condena contra siete personas. Hubo indignación general por el flagrante asesinato de la defensora y activista más reconocida del continente americano en esa época. Pero no he visto absolutamente ninguna evidencia de que el juicio y la condena tuvieran alguna incidencia positiva en la evolución del sistema de justicia en Honduras.

IC: ¿Por qué ese aparente desinterés de parte de las autoridades por imputar a los autores intelectuales del asesinato de Berta?

NL: Eso responde al hecho de que son las élites económicas quienes controlan el poder judicial, quienes tienen miembros directos en el Ministerio de Seguridad Pública y probablemente en la presidencia. Vimos por la evidencia telefónica descubierta en el juicio por homicidio, cuando capturaron a los primeros cuatro implicados en mayo de 2016, que el presidente de DESA, David Castillo, el único que enfrenta cargos como autor intelectual del crimen, llamó a uno de los directivos de la junta, miembro de la familia Atala Zablah, uno de los clanes familiares más poderosos de Honduras. La respuesta del miembro de la junta es, ¿a quién hay que llamar, aún tiene contactos en la Fiscalía General, sabe dónde está el ministro de seguridad? De inmediato comenzaron a buscar una forma de salir del problema.

En el juicio, cuando se llegó a ese punto de la conversación entre Castillo y el ejecutivo Atala Zablah, donde le preguntaba a quién debía llamar para resolver eso, el testigo perito dice: “¿quiere que reproduzca la segunda parte de esta llamada o no?” El juez pregunta si es pertinente o personal. Hay consenso de todas las partes en que ese fragmento de la llamada es personal e irrelevante para el caso, de manera que no se reproduce como evidencia; eso lo sabemos por las transcripciones del juzgado. La única razón por la que no se reproduce es porque no se quiere que salga ahí. No hay posibilidad de decir que no es pertinente para el caso. Estamos hablando de la posible manipulación de una investigación criminal, en la que se nombra a altos funcionarios políticos a quienes se puede tratar de contactar para resolver el problema de la captura de uno de los ejecutivos de su empresa por el homicidio de Berta Cáceres.

Estas son relaciones simbióticas. En el juicio, sobre Daniel Atala, el hijo de uno de los tres hermanos Atala Zablah que fue gerente de finanzas en la junta de DESA, se presentó tanta evidencia que lo implicaba que parecía inevitable una captura. Había evidencia sobre su participación en el pago a los informantes a quienes se usó para vigilar y seguir a Berta, incluido el momento en que regresa a La Esperanza, donde se perpetra el asesinato, que usa ese horrible lenguaje racista contra el pueblo indígena Lenca; de que paga a los abogados para que defiendan al presunto homicida que aterrorizó a Berta en Río Blanco. Estaba implicado de tantas maneras en esa campaña de terror, y ni siquiera ha sido interrogado por los fiscales. No creo que haya interés, porque ellos dirigen el país.

IC: ¿Es posible lograr que se haga plena justicia en el caso de asesinato de Berta?

NL: Pienso que la lucha por la justicia es una lucha larga. Los sistemas político y económico en Honduras están diseñados para proteger a los agentes de poder. Un cambio en el gobierno de Estados Unidos a fines de este año podría suponer una diferencia en una dirección positiva. Una caída del actual régimen en Honduras, algo que tarde o temprano sucederá, hará una diferencia. Va a tomar mucho tiempo reconstruir las instituciones que han sido debilitadas intencionalmente dentro de estos pactos de corrupción sellados entre todo tipo de élites y los legisladores.

Hubo una clara decisión de los fiscales de la nación, y estoy segura de que la orden provino de arriba de ellos, de limitar este proceso tanto como fuera posible, de centrarse en el asesinato como un hecho aislado. No se tuvo en cuenta la campaña de terrorismo criminal que se libró contra Berta y contra la comunidad. El crimen nunca se formuló como un crimen político, como violencia de género ni como crimen de odio contra el pueblo indígena, pese al lenguaje racista y virulento usado por personas como Daniel Atala en sus conversaciones telefónicas para referirse a la comunidad Lenca. Se tomó la decisión de garantizar que cualquier personaje de la política, y el ejército y la policía como instituciones, quedaran totalmente por fuera de esto.

Lo único que puede concluirse es que hubo una decisión política de parte de los agentes de poder que dirigen Honduras para que eso fuera así. Si se sigue la evidencia, incluso la limitada evidencia que yo he visto, hay mucho más que se dejó velado de manera intencional, debe llegarse a la conclusión de que se tomaron decisiones que mantuvieron el proceso y la investigación lo más limitados posibles para satisfacer los pedidos de justicia elevados desde dentro y fuera del país. La expectativa era que esto se desvaneciera después de este juicio por asesinato, pero estaban muy equivocados en ese aspecto.

IC: ¿Qué espera que le quede a la gente del libro?

NL: Intenté usar la historia de la vida y la muerte de Berta para narrar la historia más amplia de Honduras, para ayudar a la gente a entender por qué cientos de miles de personas dejan ese país centroamericano para dirigirse a un país hostil como Estados Unidos, donde no se los quiere. Está esa combinación tóxica de desigualdad, falta de oportunidades, pobreza, corrupción, impunidad, violencia y represión fomentada por el estado que han hecho de Honduras un lugar intolerable para tantos hondureños.

Parte de la motivación de Berta era que veía el potencial de Honduras, un país con tanta riqueza natural que podría ser un lugar que la gente no tuviera que abandonar. Un país donde todos podrían prosperar. Ella veía tanto potencial en Honduras y en los hondureños. Su legado como defensora indígena, como mujer líder, valerosa e inteligente, se siente y se sentirá por generaciones mucho más allá de las fronteras de Honduras.

El libro de Lakhani, “Who Killed Berta Cáceres?: Dams, Death Squads, and an Indigenous Defender’s Battle for the Planet” (¿Quién mató a Berta Cáceres?: proyectos hidroeléctricos, escuadrones de exterminio y la batalla de una defensora indígena por el planeta) se consigue con Verso Books.

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