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OPINIÓN Guerrero sin agua y en llamas

20 DE ABRIL DEL 2024. CHILPANCINGO GUERRERO. PERSONAL DE LA CONAFOR Y PROTECCION CIVIL DE GUERRERO TRABAJARON EN EL CERRRO DEL HUITECO PARA SOFOCAR INCENDIO FORESTAL. FOTO SALVADOR CISNEROS SILVA / EL UNIVERSAL

Por Tlachinollan

Los pueblos indígenas de México preservan un legado cultural inconmensurable y megadiverso. Es una civilización que nos da identidad y que se expresa no solo en los museos o pirámides, sino que es un legado que transmitimos de generación en generación, como una realidad cambiante y creativa. Somos el México profundo que nos describió Guillermo Bonfil, el México de nuestras raíces que corre por nuestras venas y que se nutre de la sabiduría de nuestros idiomas, de nuestras formas de ser y estar en el mundo.

Guerrero es un estado pluricultural, sobresale por el colorido de sus fiestas y rituales, por sus culturas prehispánicas, sus códices coloniales, sus rituales agrícolas, su música y sus danzas, su arte y su gastronomía. Es un manantial de saberes y de historias que nos dignifican como un estado aguerrido. Los tigres que danzan en las cimas de los cerros simbolizan el agua y representan el valor de quienes pelean y ofrendan su sangre para que caiga la lluvia. Las danzas prehispánicas forman parte de los rituales propiciatorios y los animales que bailan están relacionados con el agua, como los tigres y las tortugas.

En las 7 regiones del estado perviven estas tradiciones, sobre todo su sentido festivo y comunitario. Cada comunidad y municipio se viste de gala con las celebraciones de sus santos patronos, que se erigen como símbolos sagrados que les dan identidad a cada pueblo. Como guerrerenses heredamos ese legado cultural que le imprime carácter y tonalidad a nuestra forma de celebrar y de luchar.

En las culturas indígenas de Guerrero persiste un gran reservorio civilizatorio que forma parte de la belleza natural y cultural de nuestro estado. La naturaleza es un patrimonio sagrado que está íntimamente ligada con la cultura, que es la expresión tangible de la obra humana, que se codifica en cosmogonías, creencias, formas de organización, normas, ritualidades y multiplicidad de expresiones más. Entre los pueblos de la Montaña hay dos elementos de la naturaleza que son de vital importancia para la vida de las comunidades: el agua y el fuego.

Para el pueblo Me phaa el 24 de abril, en la víspera de la fiesta católica de san Marcos, es la fecha de inicio del ritual de petición de lluvias. Algunas comunidades suben a rezar en la cima de la montaña y otras acuden a los manantiales o ciénegas. Simbólicamente en lo alto de la montaña, donde bajan las nubes, habita el rayo Bégoo y en las ciénegas vive la serpiente bicéfala Ábu Chíji.

Los sabios o Xiñá, son los que se preparan espiritualmente para iniciar el largo ritual de petición de lluvias. El rezo y la ofrenda de los sabios ayudaran a fusionar la fuerza del rayo con la fuerza de la serpiente para que atraigan la lluvia y bañe toda la naturaleza. En la Montaña no solo se esconde el rayo entre las nubes, también en el subsuelo hay corrientes de agua que le dan vida a los manantiales y a los ríos.

Para cuidar esta reserva acuífera es muy importante realizar el ritual con el sabio mayor, que es el especialista que habla con las deidades y que sabe presentar la ofrenda y las cuentas de flores como es la costumbre. Se da cuenta cuando la ofrenda es bien recibida por las deidades y escudriña en las señales del cielo cómo estará la temporada de lluvias. Este diálogo sagrado es durante todo el día y toda la noche. Es una gran prueba para el sabio mayor porque representa a la comunidad y de su capacidad de comunicación con las deidades depende que haya lluvia, alimentos, fiesta y tranquilidad entre los habitantes.

Gracias a estos sabios de la Montaña y a las comunidades que participan en la preparación y organización del ritual de petición de lluvias es que aún se conservan las reservas de agua que hay en las montañas. Las normas rituales que practican tienen sustento en su cosmovisión sagrada, en el respeto a la naturaleza, en el cuidado de los bosques y en la protección de los manantiales y ciénegas. Los pueblos con sus autoridades agrarias han luchado contra los madereros voraces, que entran al bosque con triquiñuelas, destruyen todo lo que encuentran a su paso. Abusan de las carencias económicas que padecen las comunidades al ofrecerles dinero para que liberen la entrada al bosque; compran materiales para la construcción de sus iglesias; apoyan con cartones de cerveza para la fiesta del santo patrón y con la maquinaria del trocero medio arreglan sus caminos de terracería.

La multiplicación de los incendios forestales son la gran amenaza para la reserva boscosa que aún se conserva en la Montaña, pero que se encuentra asediada por madereros que ya conocen todas las artimañas para continuar depredando los bienes naturales que protegen los pueblos. La situación se ha complicado porque tuvimos un invierno extremadamente caliente que adelantó la temporada de incendios.

Hemos constatado que en nuestro país existe una quema ilícita y provocada de bosques, sobre todo en los lugares donde hay un gran potencial forestal. La quema la generan operadores de madereros, que proliferan en las regiones boscosas de nuestro estado. Esta quema resulta favorable para los madereros porque la ley forestal les favorece con la argucia del saneamiento de bosques. En los hechos la quema de un bosque resulta redituable para los madereros porque las autoridades ordenan la realización de un estudio sobre el saneamiento del bosque. La recomendación será que se corte el bosque quemado. Es una práctica añeja que se aplica en todo el país y nunca ha sido atendida por la Semarnat ni por Conafor. Lo más grave es que al interior de las mismas instituciones como la Conafor, opera una vieja mafia verde que tiene un nexo muy cercano con los técnicos que hacen los estudios de manejo, para sanear los bosques quemados y para hacer corte de bosques sanos..

También hay tala ilegal que se justifica con incendios provocados. Esta práctica nociva es reproducida por personajes siniestros que recurren a la quema para evitar los trámites burocráticos de los permisos. De esta forma gana dinero los que cortan la madera al ofrecerla a los madereros que están al acecho de estos negocios ilícitos. En estos negocios están involucrados caciques, autoridades del estado y funcionarios públicos que piden su porcentaje para avalar la venta clandestina de la madera.

Las quemas tradicionales de las pequeñas parcelas se han transformado desde hace tiempo, en otro problema porque son quemas que no están bien vigiladas por las autoridades y las comunidades. Se les va la lumbre y el fuego es incontrolable causando daños incuantificables a su propio hábitat. Son quemas que no deberían de suceder, porque supuestamente los pueblos platican en asamblea para que tengan cuidado con las quemas. Aconsejan hacer franjas corta fuego o hacer las quemas con vigilancia, en la noche y sin viento. La realidad es que estos acuerdos ya no se respetan y cada comunero o ejidatario prende fuego sin vigilar que se salga de control.

Actualmente los grupos del crimen organizado se han apoderado de los bosques, sobre todo en la parte alta de la sierra. El control que ejercen del territorio les permite talar a sus anchas y hacer negocio con el corte y la venta la madera. Estos grupos han incursionado en este giro de la economía al grado que ya cuentan con expendios en las principales ciudades del estado. Se trata de empresas que ahora disputan el negocio con quienes son su competencia.

Lo inaudito es que Conafor no tiene presupuesto para capacitar, equipar y atacar los incendios, mucho menos para hacer planes para el manejo de los incendios. Esta sería una alternativa viable si se aplicara con las comunidades, pero sin ideas claras de cómo enfrentar el desafío y sin suficiente presupuesto, es imposible revertir los incendios en el estado. Las llamas destruyen en un momento lo que en siglos la naturaleza nos regaló.

Son contados los grupos que trabajan con las comunidades indígenas en el manejo integral del fuego. Son trabajos que requieren una buena capacitación, equipamiento adecuado, formación de brigadas, plan de contención del fuego, programas preventivos de líneas de cortafuego e incendios controlados. Es importante que las comunidades cuenten con reglamentos comunales porque generan mayor conciencia y corresponsabilidad entre la población, que se asume como sujeto para prevenir y revertir esta hoguera que amenaza con acabar con el patrimonio de todos.

Lo catastrófico para Guerrero es que si el calentamiento de la tierra sigue avanzando, cada año habrá más incendios, menos agua, más tormentas incontrolables, más nevadas, granizadas inesperadas con granizos gigantes, como ya está pasando en otras regiones del país. El huracán Otis fue una muestra de lo que puede repetirse en nuestro estado. Estas catástrofes no son culpa del clima, ni de la naturaleza.

La devastación es por la acción depredadora de quienes nos sentimos dueños del bosque, del agua, de los manglares y de los territorios sagrados. El modelo económico extractivista amenaza con quitarnos todo nuestro entorno, es una espiral de la destrucción del género humano. Tenemos que aprender de la sabiduría de los pueblos de la Montaña, que nos enseñan a cuidar y respetar a la madre naturaleza. No destruyen, cuidan, construyen y crean. No depredan, preservan, protegen, resguardan las plantas nativas y dan la pelea contra las empresas extractivistas.  El diálogo con las deidades, la correspondencia y el agradecimiento con las fuerzas cósmicas son un gran ejemplo de cómo se busca el equilibrio y se cuidan las reservas naturales para las futuras generaciones.

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