Rockdrigo González, el profeta del nopal

0
Rockdrigo González

Trovador urbano y voz del movimiento rupestre, Rockdrigo González convirtió la ciudad en canción y dejó, antes de su muerte en el sismo de 1985, un legado que sigue latiendo en las calles de México.

Por @somoselmedio

Armados solo con guitarras de palo, voces ásperas y un ingenio afilado, los rupestres se lanzaron a conquistar las calles, los bares y la memoria. No necesitaban más que acordes sencillos y palabras precisas para convertirse en poetas urbanos. Entre ellos, uno brillaba con luz propia: Rodrigo Eduardo González Guzmán, “Rockdrigo”.

Nació un 25 de diciembre de 1950, en Tampico, Tamaulipas, y creció entre la música huasteca, el rock y el blues que llegaban por la radio, y las historias pícaras de Chava Flores. En la adolescencia, alternaba la escuela con la guitarra y el deseo de contar lo que veía. Pasó por los colegios Federico Froebel y Félix de Jesús Rougier, y cursó psicología en la Universidad Veracruzana, carrera que abandonó para seguir un camino sin mapas.

En 1975 se mudó a la Ciudad de México. Allí, la vida se volvió canción: tocaba en plazas, cantinas y cafés, mientras probaba suerte en el teatro y la literatura. El escenario era cualquier esquina, y el público, transeúntes que se quedaban a escuchar historias que parecían propias.

Rockdrigo González

A principios de los años 80, inspirado en Bob Dylan, incorporó la armónica a su guitarra y se convirtió en un cronista de la urbe: sus letras hablaban de amores pasajeros, calles hostiles, humor filoso y crítica social. Participó en reuniones y toques que darían forma al movimiento rupestre, un colectivo de músicos que, ante la falta de instrumentos eléctricos y apoyo de la industria, eligieron la voz, la guitarra y la palabra como estandartes.

En 1982, junto a Jaime López y Alain Derbez, formó parte de las Jornadas de la Creación Rupestre en el Centro Cultural Ollin Yoliztli. Dos años después, escribió el manifiesto del Colectivo Rupestre, donde describía a esos músicos como “sencillos pero profundamente inspirados”. Su talento lo llevó a compartir escenario con figuras como Javier Bátiz y a ganarse el reconocimiento de escritores como José Agustín.

En 1985, editó de forma independiente el casete Hurbanistorias, que incluía “Metro Balderas”, una canción que pronto sería parte del cancionero urbano. Ese mismo año, actuó en la película ¿Y cómo ves?, de Paul Leduc.

Pero el 19 de septiembre, el terremoto que sacudió la Ciudad de México derrumbó el edificio donde vivía con su pareja, Françoise Bardinet. Ambos murieron bajo los escombros.

Rockdrigo González

A pesar de su partida prematura, Rockdrigo quedó como un referente del rock mexicano. Su voz sigue resonando en nuevas generaciones que encuentran en sus canciones un espejo de la ciudad y de sí mismos. En la estación del metro Balderas, una placa y una escultura lo recuerdan; en libros y discos, su figura crece como mito; y en cada músico que canta con una guitarra en la calle, algo de Rockdrigo vuelve a caminar entre nosotros.

 

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here
Are you human? Please solve:Captcha