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¿Y quién cuida a las infancias?

Por Karen Castillo / @karencitatacha

El reporte por la Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia llamado “Es un secreto: La explotación sexual infantil en escuelas”, reveló la magnitud de la epidemia de abuso sexual infantil en México.

En dicho reporte se detalla el caso de 17 escuelas de la SEP y algunas privadas en donde niños de entre 4 y 7 años fueron víctimas de violencia sexual, física y psicológica.

Entre las acciones que las infancias denunciaron haber sufrido se incluye el abuso sexual, tocamientos, el obligar a ver a adultos tener relaciones sexuales, violación con objetos externos, manipulación emocional, ser amarrados y sedados, entre otras cosas.

Da acuerdo con el reporte, el modus operandi encontrado en cada uno de los casos estudiados sugiere que hay redes de explotación sexual infantil operando en escuelas de la SEP y en escuelas privadas a lo largo del país.

Aunque no se detalla si dichas redes de explotación sexual infantil estarían conectadas entre sí, en al menos 14 escuelas niños y niñas declararon haber visto cámaras fotográficas mientras sufrían de distintos abusos.

Esto sugiere que, uno de los motivos detrás del abuso de infancia en instituciones escolares, es la grabación y distribución de material sexual infantil.

El reporte también arroja cifras escalofriantes, en al menos 16 escuelas se registraron actividades ritualistas en la que los niños eran desnudados y amarrados y/u obligados a realizar actividades denigrantes mientras eran abusados.

Igual de preocupante es que en al menos 6 escuelas las infancias detallaron ser retiradas de las escuelas para después ser llevados a otros lugares en donde eran abusadas sexualmente por personas ajenas a las instituciones de educación.

Frente a este panorama tan aterrador, urge preguntarnos, ¿Cómo es posible que se pueda abusar de decenas de niños dentro de instituciones en completa impunidad? ¿Qué acciones ha tomado y va a tomar el actual gobierno para revelar la completa magnitud del problema?

¿Qué podemos esperar del futuro como país y como nación si las infancias no están seguras en los espacios supuestamente creados para protegerlos, educarlos, y formarlos como personas?

A las ya graves crisis de feminicidios y de desaparecidos, se suma ahora la pandemia de abuso y explotación sexual infantil en todo el país.

Con un sistema de justicia colapsado por el número de casos apilándose en cada Fiscalía, ¿Qué remedio se puede ofrecer a los niños que a diario son violentados?

Es sumamente preocupante, que los espacios encargados de formar a los y las ciudadanas de mañana, sean un espacio en donde florecen redes de explotación sexual.

El reporte antes mencionado también detalla las afectaciones sufridas por los niños víctimas de este abuso, en la que se incluye: pesadillas, comportamiento sexualizado, pánico ante objetos o situaciones cotidianas, episodios de ausencia prolongados, conflicto con sus padres, alucinaciones y violencia extrema.

Atender esta grave problemática implica no solamente identificar y desmantelar estas redes.

Atender las consecuencias sufren las infancias víctimas de este delito, así como brindar el apoyo necesario a los familiares, es también responsabilidad del Estado.

Como en otro tipo de delitos como es el feminicidio y la desaparición forzada, el delito de explotación sexual requiere una respuesta integral, voluntad política en los tres niveles de gobierno, así como asignación de presupuestos y personal capacitado para atender estos casos.

Hasta el momento, el Estado ha sido incapaz de brindar dicha respuesta a otras problemáticas. Es en su mayoría, es la sociedad civil la cual se encarga de tomar en sus manos las tareas y responsabilidades que le corresponden al Estado.

En el caso de la violencia en contra de las mujeres, son las colectivas feministas y organismos independientes quienes acompañan a las mujeres a levantar denuncias, quienes distribuyen los carteles de búsqueda, y quienes acompañan a las familias de victimas de feminicidio en su largo camino por exigir justicia.

En el caso del Movimiento por Nuestros Desaparecidos, son las madres y colectivos de búsqueda quienes, literalmente, buscan fosas, desentierran tesoros, y hacen tareas de identificación.

Frente a la ausencia del Estado, ¿Quién cuida a las infancias en México? ¿Cuántos niños y niñas más deben ser arrebatadas de su dignidad e infancia bajo la impunidad del Estado? ¿Cuánta más violencia cabe en un país?

Desde este lunes, las infancias regresaron a las aulas; al parecer, el COVID19 no es la mayor amenaza para las infancias dentro de las instituciones escolares en México.

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