Migrantas en Canadá: las trabajadoras temporales mexicanas en un documental de Aarón Díaz

Por Martha Patricia Olvera Salazar / Feminismos transfronterizos

La migración ha sido más que una opción para muchas personas en México, pues las condiciones laborales y la mayoría de salarios que pagan aquí, no alcanza para una vida digna, es por eso que muchas personas tienen un sueño americano, el querer vivir una mejor vida, una vida digna para la persona y sus familiares, alejarse de la violencia, entre otras muchas razones que hay para tener ese sueño americano.

En este sentido, si los trabajos en las ciudades son mal pagados, aún más lo son los trabajos en el campo, es un sector al que se le explota mucho, por ello una salida a eso es migrar, algunas personas intentan llegar a Estados Unidos, pero otras han se han decidido mejor por ir a Canadá, y son un blanco perfecto para el programa de trabajadores agrícolas temporales que ofrece Canadá en conjunto con la secretaria de trabajo y previsión social de México (STPS) En el cual las personas interesadas, según la STPS, deben ser jornaleros, campesinos o que su trabajo actual esté relacionado a la Agricultura, tener entre 22 y 45 años, contar con escolaridad mínima de primaria o máxima de secundaria, vivir en zona rural y por último ser mujer o hombre casado, preferentemente con hijos, o si son personas solteras demostrar que tiene dependientes económicamente.

Los requisitos anteriores son muy específicos, además de pedirles experiencia, buscan quien tenga familia que sostener económicamente, esto es una garantía de que no van a fallar, porque tienen responsabilidad. Estas violencias son contadas por la película Migranta con M de mamá, de Aaraón Díaz, donde mujeres que son parte del programa, nos comparten sus experiencias, y narran cómo estos requisitos son una forma de tenerlas controladas, a ellas y a sus compañeros varones, y eso es lo que buscan, a personas que puedan controlar, por ello no contratan del propio país, porque tienen más derechos laborales, no trabajan tantas horas como lo hacen las personas mexicanas que van a trabajar allá, que llegan hasta las 14 horas de trabajo, los días festivos las y los migrantes son los únicos que trabajan.

En cuestión de salud, lo que menos quieren es enfermase estando allá, y cuando se enferman a veces lo callan por miedo a que los regresen y no los recontraten, y más si es una enfermedad a largo plazo como el cáncer, los empleadores no se hacen responsables, a veces las y los trabajadores no tienen forma de comprobar que se lastimaron en el trabajo o se enfermaron por cuestiones laborales. Allá como el trabajo es según provisional el seguro lo es también, pero en realidad ese trabajo no es provisional porque pasan 8 meses seguidos trabajando y regresan a México solo 4 y se vuelven a ir, así es cada año, algunos ya llevan 17 años haciendo eso, y ni siquiera tienen derecho a pedir la ciudadanía por haber trabajado tantos años allá.

Los gobiernos, tanto canadiense como mexicano tienen la obligación de garantizar sus derechos humanos estén donde estén, pero ninguno de los dos lados se interesa por hacerlo, ni siquiera obligan a los dueños a darles una vivienda digna,  que les den educación, que les enseñen a hablar inglés y francés, para que se puedan comunicar bien con los empleadores, con el sistema de salud, pero es algo que no les conviene, si no se saben comunicar en el mismo idioma, en el mismo lenguaje no pueden reclamar sus derechos, sus voces son ignoradas e invisibilizadas, y a comparación de los caribeños que ya tienen una comunidad allá, las personas mexicanas no, están solas, porque la mayoría está en E.U.

Los efectos de este programa van más allá de lo económico, hay que tener en cuenta todo lo que se necesita para irse, la mayoría de los hombres que se van, deja a cargo del hogar y de sus hijos a sus esposas o a sus mamás, ellas son las que se quedan con la preocupación, el estrés, y emociones que causa la separación de la familia, es una intermediaria, tanto de los familiares que tiene que cuidar como del que está allá, tiene que ver por todo. Es paradójico, porque los empleadores que son quienes los contratan les dicen que ese sacrificio es por la familia, pero a la vez no dejan que sus familias los vayan a ver, les dicen que van para trabajar que se olviden de su familia.

Nada de esa situación es vista por los dueños y empleadores, pareciera que tratan con máquinas mecánicas y no con personas humanas, que tienen familia, emociones, necesidades y deseos, como menciona una entrevistada en la investigación de Aaron “no solo migra nuestro cuerpo físico, migran recuerdos, emociones, sensaciones, deseo y placer”.

Desde el control que ejercen sobre las y los migrantes, las mujeres que van a trabajar allá son más vulnerabilizadas al igual que su maternidad, pues en la película mencionada, narran que son ellas las que proveen su hogar, no tiene pareja para compartir gastos, o su pareja murió en el mismo trabajo y entonces ellas se fueron a trabajar o los padres de sus hijos les abandonaron, por lo que son mamás autónomas y son mujeres (tías, hermanas, mamás) quienes cuidan a sus hijos e hijas en México. No pueden disfrutar su maternidad, son alejadas de sus hijas e hijos, los cuales dejan de ver como tal a su madre, hay una ruptura, puesto que no crecen a su lado y esa distancia se va haciendo más notables con los años, de cierta forma no son libres de ejercer una maternidad digna.

Al igual que los hombres, las mujeres temen enfermarse allá, pero se suma el temor a embarazarse y a veces ocultan su embarazo para seguir trabajando, porque si se enteran no las apoyan, solo las regresan a México, todo esto también se debe a falta de información y a la no garantización de sus derechos, por lo mismo de la diferencia de idioma, no reconocen sus derechos y el consulado mexicano no les ayuda mucho, algunas optan por abortar de manera ilegal porque el seguro no lo cubre, esto hace que pongan su vida en riesgo.

Para que no se embaracen, les prohíben relacionarse sentimental y sexualmente, incluso se les priva del contacto corporal con sus parejas ya establecidas, es decir no pueden vivir juntos allá, eso es una violación a sus derechos sexuales tanto de hombres como de mujeres, y no hay mecanismos para la protección de esos derechos. A las mujeres las tratan de convencer que es por seguridad y protección, lo cual es un discurso de discrimanción y violencia contra la mujer, pues por medio de ese discurso están controlando sus cuerpos, el goce de su sexualidad y su vida, además de poner cámaras de seguridad para ver que cumplan las reglas, o crean individualismo y competencia, para que se vigilen entre ellos y ellas, lo cual rompe con su libertad por completo, con su intimidad, identidad y se alejan de la posibilidad de crear comunidades entre ellos mismos.

Para promocionar la abstinencia sexual y justificar las violaciones a sus derechos, algunas órdenes religiosas les invitan a asistir a sus iglesias y siguen promoviendo el mismo discurso, se estigmatiza la actividad sexual, se pone como contraria a la productividad, a veces se cree eso, otras veces no tienen de otra que acatar la órdenes para no ser deportado, así que el usos de sus cuerpos se les queda prohibido, solo lo pueden usar para el trabajo, para lo que quieren los empleadores, que es que se porten bien, lo que significa renunciar a su lado humano, a sus emociones. Esto causa problemas emocionales, y en su calidad de vida, al estar prohibido no reciben información acerca de la salud sexual, y cómo buscan formas de escaparse y satisfacer sus deseos sociales y sexuales, corren el riesgo de contagiarse de enfermedades de transmisión sexual.

Estas situaciones son denigrantes, es esclavismo moderno, no tienen derechos ni libertades, hasta para divertirse tienen prohibiciones de sus jefes o por estar pensando que si les pasa algo fuera del trabajo el seguro no lo paga, se debería reconocer la importancia de las y los migrantes para la economía de Canadá, pero sobre todo es un delito no reconocer sus necesidades humanas como personas que sienten, piensan y desean, deben de transitar libremente, buscar una mejor vida no debería llevar a la muerte ni a la renuncia de la libertad. 

Bibliografía

Díaz Mendiburo, A. (Director) (2007). Migrantes: los que venimos de adentro. [Película]. México. 42 minutos.

Díaz Mendiburo, A. (Director) (2011). Matices. Migración “Temporal” en Canadá. [Película]. México. 56 minutos.

Díaz Mendiburo, A. (Director) (2020). Migranta con m de mamá. [Película]. México. 25 minutos.

Díaz Mendiburo, A. (2022) El Canadá desconocido. los derechos sexuales de las y los migrantes mexicanos en el contexto del programa de trabajadores agrícolas temporales. En G. Martinez y C. Tigau (Eds), Canadá y sus paradojas en el siglo XXI. Artes, ciencia, política, medios y migración (pp. 213-232). UNAM.

Secretaria de relaciones exteriores, S. (s/f). empleo en Canadá y trabajadores agrícolas. https://consulmex.sre.gob.mx/montreal/index.php/es/enterate/74-empleo-en-canada

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